Evril salió de su camarote al escuchar al vigía del barco gritando que había avistado tierra. Aún seguía algo molesto por tener que realizar ese viaje para ayudar a su padre pero la experiencia que supondría visitar el nuevo mundo le fascinaba.
Se dirigió a paso ligero a la cubierta del barco y como muchos tripulantes del navío se acercó a la proa del barco y contemplo el nuevo mundo.
La vasta tierra que conformaba el enorme continente del norte se encontraba justo en frente de sus ojos, a solo un día de viaje. Evril no pudo evitar sonreír, estaba ilusionado. Su padre le había hablado maravillas de aquel mundo y por fin podría comprobar si todas ellas eran ciertas. Suspiró observando el horizonte y como a medida que avanzaban el territorio se veía con más nitidez. Sin pensarlo dos veces se tiró por la borda y antes de llegar al agua se transformó en un majestuoso cuervo albino.
-¿A dónde crees que vas?-
Evril escuchó la voz de la Sabio que le acompañaba y fingiendo no haberla escuchado, continuó su viaje hasta la costa. El tardaría mucho menos que el barco. Una vez que llegaran a tierra firme sabrían donde encontrarle y donde debían trasladar sus cosas, Mein, la joven Sabio lo sabía.
El precioso océano del sur era de un color oscuro, mucho más oscuro que el pequeño océano de Kartia, de la antigua Kartia ahora denominada Zaenkart, aquel océano siempre le había parecido grandioso hasta ese momento. Entendía ahora porque muchos Sabios empezaban una moción para calificar a Atash un simple mar, un pequeño mar algo profundo entre los enormes océanos de la ahora expandida Kartia.
Tardó la mitad del tiempo que el barco se tomaría para llegar hasta tierra firme, sus ansias de poder pisar el nuevo mundo le habían llevado a abandonar a su acompañante y cometer la locura de cruzar una extensión de agua desconocida hacia una tierra nueva en la que le aguardaban miles de peligros. Por fin pisó tierra, la árida y cálida tierra del continente del sur, pero las cosas eran muy distintas a lo que él esperaba. No había nada, ni una casa, ni una tienda de lona, nadie para recibirle. ¿Dónde estaba el puerto? Miró hacia atrás y a lo lejos vio a Espíritu Aventurero, el barco en el que debería estar.
Evril se sintió algo desconcertado. ¿Era todo tan distinto a Zaenkart? ¿Incluso los puertos y ciudades? Dio unos cuantos pisotones a tierra como si estuviera tocando a las puertas de una ciudad subterránea, sabía que en muchos reinos enanos las pisadas de la superficie se escuchaban a la perfección y contaba con que aquello pudiera alertarles si es que la vida en aquel continente transcurría bajo tierra. No ocurrió nada.
-No deberías estar solo aquí.-
Evril escuchó la voz femenina tras él y con reflejos felinos dio un respingo para girarse y ponerse de cara del locutor. Las pupilas rasgadas del joven se dilataron hasta que sus ojos parecían completamente negros como la noche. -¿Quién eres?-dijo al ver a la joven. Era una kartior, bastante joven al parecer o al menos eso es lo que Evril deducía por el tamaño de sus cuernos. Si no se le habían cortado nunca, éstos tenían una forma puntiaguda y creían tres centímetros cada diez años hasta llegar a la edad adulta. Los cuernos de la joven debían medir unos quince centímetros lo que indicaba que tenía unos cincuenta años de su raza o lo que equivaldría a unos quince años humanos. La jovencita le miró algo asustada sin mediar palabra. El albino teriántropo relajó sus pupilas que volvieron a contraerse, para segundos después dejar de ser rasgadas y volver a su forma redonda habitual. La observó, permanecía quieta, casi inmóvil mirándole fijamente como si temiera que fuese hacerle daño. Tenía media melena de color paja que se enredaba por sus pequeños cuernos. Su piel era de color canela, característica de su raza, tenía los ojos grandes y amarillos que le miraban expectantes. -¿Cómo te llamas?- preguntó el joven intentando obtener alguna respuesta.
-Sullista.-susurró la joven para acto seguido agachar la cabeza.
Su padre le había hablado de los kartiors, una raza extraña, noble y muy tímida. Las torturas que los colonos les habían hecho sufrir habían pasado factura, eran una raza desconfiada a cualquier humano, a cualquier, elfo, a cualquiera que no fuese de su misma raza o llevara las palabras CÍRCULO DE LOS ESCLAVOS tatuadas en la frente.
-¿Eres de los Allesk?-preguntó el joven. Las historias y enseñanzas de su padre sobre el nuevo mundo le hacían conocedor de muchas cosas y mucho más porque su padre había pertenecido al Círculo, había ayudado a Laen a echar a los malditos colonos del territorio sur y se había ganado la simpatía de la mayoría de las razas que habitaban dicho continente. Los Allesk, eran una tribu con la que convivió su padre durante su estancia para ayudar a abolir la esclavitud, dicha tribu había sido de las pocas que no había sido exterminada al completo con la llegada de los colonos.
Sullista se acercó lentamente a Evril, en ningún momento levantó la cabeza, como si temiera que aquel gesto le ofendiera.
-Soy un teriántropo.-le aclaró el muchacho. Los hijos de Sika eran bienvenidos en casi todos los territorios del nuevo mundo y eran respetados por las nuevas razas. Ellos habían sufrido un exterminio parecido al que los colonos les habían sometido a las nuevas razas, a penas unos años de que el Círculo de los Esclavos comenzara a luchar en serio por la libertad del nuevo mundo. Evril recordaba aquel genocidio contra su raza, en él había perdido a uno de sus hermanos pequeños y toda la confianza que tenía en su madre, ahora prácticamente ni le hablaba, para él ella no era nadie.
La chica reaccionó ante las palabras de Evril, levantó la mirada y sonrió. Al albino teriántropo le pareció más guapa con la sonrisa dibujada en su rostro. -No pertenezco a los Allesk. Soy de los Durin.- le respondió la chica.
Evril sonrió y le tendió la mano.-Me llamo Evril Dúimar. He venido a ayudar a mi padre con los Asments.-
Los ojos de la muchacha se abrieron como platos. -¿Vienes a matarlos?-preguntó nerviosa.
Evril negó rápidamente con la cabeza.-No, todo lo contrario.-dijo el joven apartando la mano que le había tendido a la joven.-He venido para salvarlos, son hijos de nuestras diosas, nosotros debemos salvarlos.-
Sullista le miró desconfiada.
-¿No me crees?-
La joven hizo ademán de responder a su pregunta pero rápidamente alzó una mano indicándole que permaneciera quieto y en silencio. Había percibido algo. Evril la miró extrañado durante los cinco segundos que la joven permaneció quieta al igual que él.
-¡Ya está aquí!-gritó.-¡Debemos irnos!-
Evril se quedó atónito. ¿De quién estaba hablando? Antes de que pudiera preguntarle, la respuesta apareció ante sus propios ojos. Justo a unos centímetros de ellos unas enormes fauces salieron de entre la arena. Evril consiguió esquivarlas dando un respingo hacia atrás. Sullista hizo lo mismo echándose hacia un lado.
-¡Es un tiburón del desierto!-gritó la joven.
-¿Un tiburón...?¿De qué?- preguntó extrañadísimo el joven.
La enorme criatura de unos seis metros salió de la arena. Parecía una mezcla de lagarto con una rata topo sin pelo, algo que Evril jamás había visto en su vida.
-Son uno de los depredadores más feroces de esta zona.-le aclaró Sullista.
El animal parecía algo torpe sobre la superficie terrestre pero tenía unas potentes patas delanteras que le proporcionaban la fuerza suficiente para dar grandes saltos para alcanzar a sus presas en el exterior. Evril esquivó unas tres veces la embestida de aquel feroz animal que comenzaba a salivar pensando en comerse al joven albino.
-Naif'n, naif'n!- le gritó el joven.
-¡Tú lengua animal no sirve para estas bestias!-gritó Sullista que se había alejado unos metros.-Tienen una mente muy poco evolucionada, no pueden entenderte.-
Evril hizo una finta hacia la izquierda para evitar un nuevo ataque del tiburón terrestre y pensó en lo que la kartior había dicho. Su padre le había hablado de los peligros que había en las nuevas tierras pero no recordaba que le hubiese comentado que había criaturas que atacaban a los mismísimos teriántropos, a excepción de los megadracos, un asunto pendiente que su rey quería solventar cuanto antes pero a causa de los problemas territoriales le había sido imposible.
Sullista cerró los ojos unas décimas de segundo y concentro su poder telúrico, segundos después su brazo derecho se petrificó. -¡Aparta!- gritó la joven. -Le distraeré para que puedas acabar con él.-
Evril escuchó a la muchacha y aun pendiente del extraño animal dio un saltó y se dirigió justo hacia donde ella estaba.-¡Magia telúrica!-gritó sorprendido.-¡Me muero por aprenderla!-
Sullista sonrió ante aquel comentario del joven y le hizo un gesto para que se colocara justo tras ella. El teriántropo albino le hizo caso rápidamente. En fracciones de segundo la criatura se abalanzó sobre la kartior. Sullista usó su brazo convertido en dura piedra como escudo, las fauces del monstruo se cerraron aprisionándoselo. Evril se quedó paralizado unos instantes, observando la furia con la que el extraño ser mordía el brazo de la joven.
-¡Date prisa Evril!-
El teriántropo escuchó las palabras de la chica, pero a pesar de que quería ayudarla sentía que no podía. Era incapaz de matar a una criatura de Sika, él no había sido educado así, "El dialogo con los hermanos siempre ha funcionado." Recordó el muchacho. Aquellas palabras de su rey retumbaban en su mente.
-¡Evril!- gritó la joven. El tiburón comenzaba a romper la capa de roca dura que cubría el brazo de la joven, la sangre brotaba de las heridas que los afilados colmillos del monstruo habían comenzado a hacerle. Si el albino no acababa con la criatura, ésta mataría a la kartior.-¡Por favor!-
El muchacho reaccionó ante la súplica de la muchacha. Se adelantó y sintió una punzada al ver la sangre azulada gotear del brazo creando un pequeño charco en la arena. Rápidamente recordó lo estudiado en la escuela de magia, las criaturas elementales tenían unas debilidades, pero tan pronto pensó en ellas las descartó, ni si quiera sabía si aquel engendro era elemental. -¡Evril!-gritó desesperadamente la joven segundos antes de que su brazo comenzara a perder su capa de piedra dura y el extremo dolor de las fauces del animal la hiciera caer de bruces.
De repente a Evril le vino a la mente una idea. Si la mente de aquel animal era muy arcaica, su lenguaje también lo sería. -N'f, n'f! D^h 'n n* f'n!-gritó.
El monstruo abrió la boca soltando a la joven, para después girar la cabeza hacia el albino. Sullista cayó desmayada, su brazo estaba prácticamente destrozado, se le veía parte del hueso y tenía la piel hecha jirones. Evril rápidamente se acercó a ella. -¡Sullista!¡Sullista!¡Lo siento!- dijo el joven intentando reanimarla.
El tiburón observaba al albino. Evril ni siquiera se había sorprendido de que sus palabras habían surtido efecto, o al menos habían hecho que soltara a la joven. Estaba preocupado e intentaba por todos los medios que la joven despertara. El teriántropo se rasgó parte de su camisa e intentó taponar un poco la herida.
-¿Cómo cojones hago estos?-se preguntó a sí mismo al ver el tremendo destrozo que le había causado la criatura. Al instante volvió a acordarse del tiburón, alzó la mirada y le vio ahí, quieto tal y como le había ordenado.
-G'n *k?-preguntó.
El animal profirió un chirrido casi ensordecedor que Evril pudo comprender. Tenía la suerte de que su padre había vivido los cambios de la lengua, conocía su forma moderna en la que las vocales se pronunciaban de forma distinta y también la forma arcaica, rúnica, más reducida, con menos sonidos vocales. El albino le pidió que le llevara a la aldea o poblado más cercana, Sillista necesitaba atención médica urgente y su magia no era lo suficientemente buena para aquel cometido, ni siquiera le había interesado aquella asignatura en la escuela, él era un luchador no un mago sanador. La extraña criatura le respondió con amabilidad y le indicó que subiera a la joven a su lomo y luego se montara, él les llevaría con mayor rapidez. Evril le hizo caso, subió con delicadeza a la kartior y luego se montó. Ni siquiera sabía donde podía agarrarse, aquel extraño ser no parecía ser una montura muy cómoda. Sin aviso el animal comenzó a surfear por el desierto a una velocidad extrema que sorprendió a Evril. Esperaba poder salvar a la joven, si le ocurría algo él jamás podría perdonárselo.
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martes, 4 de noviembre de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
Fragmento de La Sangre del Demonio III
La cena transcurrió tranquila, ahora que Lilith había calmado a Drake con los vaticinios de su hermana, podían estar seguros de que la maldición del padre de Sillax no se iba a cumplir.
Grista y Asker observaban a los intrusos con recelo, algo les decía que no habían venido únicamente para disfrutar de la comida de Urmea y anunciar que un nuevo siervo de la muerte se uniría a ellos en pocos meses.
-Estaba todo buenísimo.- dijo Drake dejando los cubiertos encima de la mesa para coger la servilleta y con elegancia limpiarse.
-Muchas gracias.-dijo Urmea.-Sé que para vosotros ésto es solo placer, no necesitáis comer y bueno me alaga muchísimo que os parezca bueno.-
-Señora se equivoca, yo no me alimento de almas ajenas.-dijo Sillax haciendo que todos se echaran a reír.
-Yo tampoco.-aclaró Láska.-Ni mi madre, ni Caindra, ni Cassandra.-
Urmea reía a carcajadas y con ella la joven Beik que observaba fascinada la belleza de Drake, claramente el poder del demonio aún seguía vivo y había sido capaz de cautivar a la joven.
-Bueno...-interrumpió Laisani. -Es hora de que hagamos lo que hemos venido a hacer.-
Todos se pusieron serios, incluida Urmea y Beik. Grista y Asker se pusieron en guardia, habían intentado escapar hacía cinco minutos pero la puerta principal estaba completamente atascada seguramente fruto de algún hechizo de los demonios.
-¿De qué estás hablando cariño?-preguntó Urmea al ver el rostro serio de los siervos de Nuru.
Laisani se levantó y se giró hacia su madre adoptiva y la que antaño fue su compañera.
-Creo que tenemos algo pendiente. ¿Verdad?-
Asker comenzó a temblar y se abrazó por la espalda a su jefa. Grista permanecía implacable, pensaba que los años de manipulación que había ejercido en Laisani podrían conseguir hacer que ésta no la dañara. Pero se equivocaba, Laisani había abierto los ojos ante aquella manipulación, el día en el que su vida se escapó en la soga que anudaba su cuello se había dado cuenta de que ella no significaba nada para Grista, ella era solo una posesión para la tabernera.
Todos los acompañantes de Laisani se pusieron en pie mirando a las dos traidoras. Urmea y Beik, ahora asustadas ante lo que podía ocurrir permanecían sentadas a la mesa observando con atención.
-Tú no eres así Lai.-le dijo Urmea intentando evitar que hiciera algo de lo que se podía arrepentir.
-Nax, wix, mex.-la voz de Sillax retumbó en las cabezas de las traidoras y de las pobres Urmea y Beik. La lengua de los banenkars las hizo tener escalofríos, aquella lengua podía matar a cualquiera. Segundos después de pronunciar la cuenta atrás Sillax chasqueó los dedos y la estancia se cubrió de oscuridad.
Los gritos de las mortales no fueron escuchados por nadie, el plano umbrío las había envuelto haciendo que se ahogaran y no llegaran nunca al plano terrenal. Los ojos de los siervos de Nuru se volvieron de color rojo intenso, aquellas luciérnagas de sangre era lo único que podían ver las pobres mortales que atemorizadas intentaban huir de aquel lugar.
-Cassandra suix niy sesaixx-ordenó Caín.
La joven observó a través de la densa oscuridad del plano de las sombras en busca de la cocinera y la joven novata. Las dos se habían apartado de la mesa donde habían cenado y se habían refugiado en una de las esquinas de la estancia. Estaban acurrucadas y atemorizadas. Cassandra se acercó a ellas lo que hizo que su miedo aumentara.
-Tranquilas... no os va a pasar nada.-les dijo en un tono dulce. La joven vio como el rostro de ambas se relajaba, pero sentía que la desconfianza y el miedo aún en sus corazones. -Esto terminará pronto y no volveréis a vernos más. Ahora confiad en mí y darme la mano.-continuó Cassandra.
Las dos mortales hicieron lo que la chica les pedía sin rechistar y de repente sintieron un hormigueo por el cuerpo, cuando éste cesó la oscuridad para ellas se había disipado, ahora veían a través de ella, pero no se encontraban en la taberna, todo era muy distinto. Ante ellas se encontraba un precioso prado verde lleno de amapolas rojas y doradas. Aquel lugar les trajo paz, aquel lugar no las hacía sentir miedo.
Asker y Grista golpeaban el aire esperando poder alcanzar a algún siervo de Nuru antes de ser alcanzadas ellas.
-No te tengo miedo Lai, ni a ti ni a tu maldito marido.-dijo Grista con tono altivo.
-A ningún miembro de esa a la que llamas tu familia.-apuntó Asker que se encontraba pegada a la pared dando golpes al aire con un cuchillo que había cogido de la barra.
Las dos observaban los ojos aterradores de los intrusos que se movían lentamente por la sala, todos menos los de Sillax, él era el único que no poseía ese poder, sus ojos negros como la noche y su cuerpo oscuro como el onix hacía que pasara desapercibido. Se acercó a Asker por uno de sus lados y la observó. Después creó a sus dobles de sombras, tres concretamete, uno de ellos se acercó a la chica de frente esperando que en alguno de sus movimientos de ataques le rozara con el cuchillo e hiciera que se percatara de su presencia. Así ocurrió Asker golpeó con el cuchillo la sombra de Sillax y presa del pánico se giró hacia su derecha dispuesta a correr. Sillax la atrapó cuando ésta se chocó con él y una de sus sombras le arrebató el cuchillo.
-¡Buh!-le dijo el umbreo haciendo que la chica gritara y comenzara a llorar desconsoladamente.
Caín y Drake se encargaron de coger a Grista. La magia del rey hizo que no fuese difícil atrapar a la mujer, conjuró un hechizo que la paralizó por completo, lo que hizo que el demonio pudiera capturarla sin problema.
Una vez que tenían a ambas traidoras Sillax ordenó a Láska que hiciera desaparecer la oscuridad. La joven daimon no llegaba a controlar sus poderes como umbreo y únicamente era capaz de absorber la oscuridad, lo que había hecho que todos los umbreos la temieran y la consideraran como una deidad. La joven absorbió la oscuridad de su amado e hizo que la estancia volviera a estar iluminada como antes. En la esquina Cassandra continuaba proyectando buenos recuerdos a las dos inocentes, ellas no tenían porque vivir todo aquello.
-Sillax, te necesitaré.-dijo Caín haciendo que el joven umbreo se acercara a él.
-Lo que mande majestad.-
-Cógeme de la mano.-ordenó el rey. El umbreo hizo lo que se le ordenó. Caín acto seguido agarró a Laisani. Láska supo en seguida lo que Caín intentaba y se enfureció al ver como la dejaba al margen. Ella al igual que su madre y Sillax no podía viajar más que a dos planos, el umbrío y el anímico, los dos que pertenecían a Lilith y Caín respectivamente. Caindra, Drake, Caín y la dama de la noche podían viajar a su antojo entre planos. De repente vio la membrana que los separaba y resopló enfadada.
-¿Por qué me dejáis fuera?-gritó.
Caín acababa de soltar la mano de Sillax y la de Laisani a los que había arrastrado con él fuera del plano terrenal.
-Es peligroso para el bebé.-respondió tajante el rey de la noche.
Láska volvió a resoplar más enfadada aún y se sentó en una silla a observar, era lo único que podía hacer.
-¿Con quién quieres empezar?-preguntó Drake a su amada segundos antes de acercarse a ella y besarle la cabeza con dulzura.-Tú eres la que manda.-continuó tras el beso.
-Asker.-dijo Laisani sin dudar un instante.
La joven al escuchar su nombre se puso histérica. Pataleaba con fuerza intentando librarse del umbreo pero ni él ni sus clones de sombran tenían intenciones de soltarla. -Tú dirás.-dijo el umbreo, que acto seguido se giró hacia a su amada que se encontraba con los brazos en cruz y sería sentada en una silla en el plano terrenal.
-Sujétala quiero hablar con ella.-dijo Laisani.
Sillax hizo que una de sus sombras cogiera a la joven de los brazos y poniéndoselos a la espalda la sujetara. Él se apartó y dejó que la madre de su amada se hiciera con el control de la situación.
-¡Déjala zorra!-gritó Grista.
-Uhhh pero que lengua más sucia.-dijo Caindra al escuchar el insulto de la mujer hacia Lai. -Creo que va a haber que lavar esa boca con jabón.- continuó. Se acercó a la mujer que la retenía Drake y la observó pensativa.-Creo que mejor ácido.-dicho esto abrió la boca de la tabernera y conjuró ácido para introducirlo en su boca. La mujer comenzó a gritar de dolor haciendo que el ácido corroyera toda su boca.
Laisani observó la escena y después volvió a girarse para prestar atención a Asker, ahora Grista ya no podía molestar.
-Desde el primer día que llegaste aquí, yo intenté ser tu amiga, te cuidé cuando estaban mal, te ayudé en tus momentos más difíciles...-Laisani comenzó a andar de un lado a otro sin dejar de clavar la mirada en Asker.-Incluso te cubrí muchas veces para que Grista no te regañara. ¿Y qué hiciste tú?-
Asker se movía enérgicamente esperando poder zafarse de la sombra que la retenía pero era imposible, los sux de Sillax eran tan poderosos como él y mucho más comparando con la poca fuerza de la mortal.
-¡Me mandaste a una muerte segura!-gritó Laisani.-Cuando Arthur llegó aquí en busca de una victima y Grista te eligió la convenciste para que me escogiera a mí, para que fuera yo el sacrificio humano.-la voz de Laisani sonaba más aguda que nunca, estaba furiosa, llevaba mucha rabia acumulada y la estaba soltando en aquel momento. Se acercó a Asker y le propinó una bofetada.-¡Me mataste! ¡Las dos lo hicisteis!.-dijo girándose hacia Grista que se encontraba en muy mal estado tras el ácido de Caindra.-Pero...-dijo volviéndose hacia Asker.-Es algo de lo que debo estar agradecida, gracias a vuestra falta de escrúpulos, a lo mal que os portasteis conmigo, Arthur se enamoró de mi.-
Laisani se refería a Drake como Arthur, su nombre humano. Algo que tanto Asker como Grista interpretaron como un gesto de la chica por humanizar a su demoníaco marido. Aquello no hacía más que molestarlas.
-¿Qué podíamos hacer Laisani? ¿Quién debía morir? ¿Yo?-replicó Asker.
-¡NO!-gritó enfurecida Lai.-Nadie, Grista no tenía poder sobre nuestras vidas, eso debía decidirlo el demonio.-continuó la chica.-Él es el que debía haber elegido quien moría, él debía haber sido el que arrebatara la vida de una inocente, está en su naturaleza hacerlo, él tiene la decisión en sus manos.-
Asker escuchó aquellas palabras y comprendió lo que Laisani decía. Hubiese sido tan simple como dejar que el demonio escogiera su victima y así no haber mandando a ninguna chica a una muerte segura. Asker se echó a llorar.
-Tienes razón Laisani.-dijo convencida la muchacha.
-¡Claro que la tengo!-dijo Lai entre risas.-¿Pero sabes qué es lo más gracioso de todo esto?-
Asker negó con la cabeza.
-Qué me enamoré y me quedé embarazada de un demonio después de que vosotras me entregarais a él.-Laisani respiró hondo y continuó hablando.-Y podríais haber remendado vuestra mala actuación para conmigo pero no, vosotras teníais que rematarme, que acabar conmigo para siempre...- Se acercó a Asker y la agarró por el cuello apretándolo con fuerza.-¡Me condenasteis otra vez a morir! Una segunda vez. ¿Por qué os molestaba tanto?-
Asker mientras se ahogaba a causa de la presión que Laisani causaba en su garganta recordó el instante en el que ella había subido a declarar al cadalso. Cerró los ojos y las lágrimas surcaron su rostros cayendo al suelo. Imploraba perdón, imploraba un indulto. Laisani la soltó haciendo que pudiera volver a respirar.
-Es toda tuya Sillax.-
El umbreo sonrió pícaramente y cogió a Asker de su brazo izquierdo, el sux que había estado aguantando a la joven durante toda la conversación con Laisani la agarró del brazo derecho y dos sux más que Sillax había hecho parecer la agarraron cada uno de una pierna. Acto seguido las cuatro almas de Sillax comenzaron a tirar de la joven con toda su fuerza mientras ésta gritaba desgarrándose la garganta debido al dolor que estaba sufriendo. Sillax y sus sux tiraron con más fuerza mientras todos observaban aquella tortura, de repente el cuerpo de la joven cedió y sus extremidades se desgarraron haciendo que su torso cayera al suelo , mutilado y derramando sangre a borbotones. Asker continuaba viva gritando como una loca al verse mutilada y sobretodo por el dolor insoportable que le causaba aquel desmembramiento. Sillax y sus sombras tiraron las extremidades encima del cuerpo mutilado de esta lo que hizo que sus gritos se intensificaran.
-Caindra haz el favor de callarla.-dijo Laisani segundo antes de dirigirse hacia Grista.-Es tu turno.-
Laisani se acercó a Drake mientras Caindra callaba a Asker quemándole la boca con ácido como había hecho con Grista. La madre adoptiva de Laisani profería gemidos y gruñidos que la chica reconoció como insultos.
-No te callas ni con la lengua achicharrada por el ácido.-dijo Laisani en tono burlón.-¿Has visto lo que le ha ocurrido a tu amada Asker?.-
Grista miró de reojo a la pobre joven que se estaba desangrando mientras el umbreo y Caindra jugueteaban de forma macabra con sus extremidades.
-Tranquila, a ti no te voy a hacer esto...-dijo sonriendo.-¿Sabes que es la distorsión de viaje?-
Grista comenzó a respirar con fuerza, sabía lo que aquello significaba y sabía lo que le ocurría al alma de los que sufrían aquel destino. La mujer comenzó a moverse para escapar de los brazos de Drake.
-Veo que sí lo sabes.-dijo Laisani.-¿Te acuerdas de cuando el conde quiso hacer conmigo sus experimentos?.-Grista continuaba moviéndose con energía pero Laisani la agarró con fuerza de la barbilla y volvió a formularle la pregunta.-¿Te acuerdas si o no?.-Grista asintió.-Tú pusiste precio a mi sufrimiento e incluso a mi propia vida.- Laisani se giró hacia Sillax que había dejado de jugar con los pedazos de Asker y la miraba atentamente desde que había pronunciado las palabras "distorsión de viaje".-Él también quiere hacer un experimento contigo y yo he puesto precio a tu vida como tú hiciste con la mía.-Laisani hizo un gesto a Sillax y éste asintió. Drake se apartó soltando a Grista, la mujer sintió como el demonio la soltaba y por unos instantes saboreó la libertad, pero cuando intentó moverse observó que bajo sus pies se había creado un portal de sombras y unas manos la agarraban por los pies, en seguida supo que era uno de los sux de Sillax. El sux la atrajo hacia abajo haciendo que sus pies desaparecieran en aquella oscuridad, de repente Sillax hizo un movimiento con su mano y el portal se cerró apuntándole los pies a Grista.
-¡Esto es la distorsión!-dijo Laisani eufórica. Drake sonrió al ver la maldad que acumulaba su mujer y no pudo evitar sentirse excitado. Se acercó a ella y la besó enérgicamente entrelazando sus lenguas. Caín sonrió al ver a su hermano en aquella situación, sabía lo que escondía aquella pasión y se alegraba por ello.
Sillax continuó haciendo la misma operación hasta que llegó a la cintura de la mujer que profería gruñidos de dolor. El umbreo miró a su amada, la parte demoníaca que habitaba en ella se sentía tremendamente excitada, el dolor, la tortura,la sangre y la violencia eran atenuantes de la excitación de un demonio. Sillax no lo dudó un instante y se concentró para hacer aparecer un sux al lado de su amada, ésta al verlo se abalanzó sobre él para besarle igual que su padre había hecho con su madre.
Laisani consiguió calmar las ansias de pasión de Drake para continuar con su venganza personal. -¿Puedes continuar?.-le preguntó a Grista que estaba totalmente pálida.-¿No es tan fácil cuando es tu vida la que está en juego verdad?- continuó la chica para después hacerle un gesto a Caín. El rey se acercó a la dolorida Grista y le puso sus manos en la cabeza para hacerle ver todos los recuerdos malos que Laisani tenía, todo lo que ella le había hecho sufrir. Grista comenzó a sentir miedo, un miedo terrible, era la primera vez que Laisani la veía, sus padres la habían vendido. Comenzaron a sucederse un montón de recuerdos dolorosos de la chica, el día que con seis años trajo unos gatitos abandonados y Grista la obligó a matarlos tras haberle pegado una paliza tremenda por el simple hecho de no querer mascotas en casa, el día en el que tuvo que acostarse por primera vez con un cliente, las miles de palizas porque no hacía las tareas que se le mandaban... Grista comenzó a llorar. Se había comportado fatal con aquella pobre niña, pero la vida era dura y ella siempre había intentado hacerla fuerte para que pudiera afrontarla.
-No me arrepiento de nada.-dijo Grista.-Te he querido lo mejor que he podido.-
Laisani abrió los ojos sorprendida. ¿Cómo era capaz de decir que la quería? Resopló enfadada y vio como todos sorprendidos la miraban expectantes, incluida Láska que había dejado de darse el lote con el sux de su chico.
-Acaba con ella Sillax.-dijo Laisani reprimiendo las lágrimas.
El sux del umbreo volvió a agarrar a la mujer de la cintura y tiró de ella hasta que Sillax cerró el portal, Grista cayó sin vida ante ese último corte pero aún así el umbreo continuó repitiendo aquella operación hasta acabar con ella. Después el portal desapareció apareciendo del techo de la taberna de donde comenzaron a caer los pedazos de la tabernera. Laisani suspiró y se abrazó a Drake, acto seguido todos desaparecieron, en la taberna solo quedaron las cuatro mortales.
Asker se levantó del suelo y comprobó que estaba de una pieza. Estaba pálida y atemorizada. Grista hizo lo mismo y al ver que estaba bien comprobó que su empleada también lo estuviera.
-¡Estáis bien!-gritó Urmea.
Las dos torturadas miraron a la cocinera atónitas, aún no podía creer lo que habían vivido, ni siquiera podían creerse que estaban vivas. Urmea y la novata se acercaron a sus compañeras y las tranquilizaron.
-Tranquilas, estáis bien. Laisani no es como vosotras, ella es buena persona.-dijo Urmea haciendo que las dos torturadas rompieran a llorar.
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Caín observó el colgante del grifo que había arrebatado a Fris, el Arcanista. Era extraño y algo le indicaba que guardaba un gran poder. La gema de color roja que abrazaba la montura de plata en forma de grifo brillaba de una forma extraña. El rey observaba aquella joya con recelo. ¿Qué escondes?
-Papá.-Cassandra entró en el despacho de la torre llevando en sus brazos al pequeño Ájax.
-Dime preciosa.-dijo Caín girándose hacia su hija llevando el colgante en la mano.
-¿Aún estás con ese collar?-preguntó la muchacha.
-Siento que guarda algún secreto que aún no he desvelado.-
-Papá, es un simple collar de un mago ostentoso.-
Caín miró la palma de su mano donde se encontraba aquella joya.
-Mío, mío.-dijo el pequeño Ájax adelantando sus bracitos para coger el colgante.
-Eso no es tuyo cariño.-dijo Cassandra apartando al pequeño.
Caín cerró la mano haciendo que el colgante ya no quedara a la vista del pequeño que se echó a llorar encaprichado.
-No es para ti.- dijo Caín tajante.
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Áyax entró en la habitación de la torre del ala oeste del castillo. Observó la instancia mientras movía con energía la bolsa que llevaba en su mano derecha.
-Tío, ya he llegado.-dijo el joven dejando la bolsa en una de las mesas pegando un fuerte golpe. Caín apareció por la puerta de la derecha que llevaba al telescopio.
-¿La has traído?-dijo el rey mientras se limpiaba las manos con un trapo de seda.
-Sí, no me costó encontrarle.-dijo el joven.
Caín se acercó a la mesa y abrió la bolsa que el chico había dejado, de ella sacó la cabeza del traidor.
-Perfecto, nunca pensé que fueses tan buen cazarecompensas.- dijo Caín haciendo que el joven sonriera contento de que su rey le brindara aquellas palabras. -Pero tienes que espabilar porque Céfir te está pisando los talones.-
Ájax pensó en su tío y como si éste supiera que lo habían nombrado apareció por la puerta.
-Aquí traigo mi parte.-dijo el joven dejando sobre la mesa tres bolsas.
-Perfecto.-dijo Caín al observar que el contenido de cada una de las bolsas era el adecuado. Céfir miró a su sobrino y le guiñó un ojo en un gesto cómplice. Ájax amaba a su tío, era su mejor amigo y una de las personas más importantes en su vida, pero ambos eran muy competitivos y les encantaba hacer disputas para saber quien era el mejor de los dos. Su rivalidad era sana aunque en algunas ocasiones había hecho que llegaran a las manos.
-Aquí tienes tu recompensa Céfir.-le dijo Caín sacando una bolsita de terciopelo azul y tendiéndosela al joven daimon.-Y aquí tienes la tuya Ájax.-dijo tendiéndole al umbreo otra bolsa pero ésta de color rojo.
Céfir cogió su recompensa, lo abrió y sacó el papelito que había dentro de él que le indicaba su próxima victima, segundos después de leer el nombre de quien debía matar se despidió y salió de la estancia.
-Tío Caín.-dijo Ájax en tono débil. Caín se giró hacia él e hizo un gesto para que continuara hablando.-Me gustaría pedirte otra recompensa.-
El rey de la noche miró extrañado al muchacho.-¿Otra? ¿No te bastan los diez dragones de oro?-
Ájax negó con la cabeza.-No, no es eso. Sólo que llevo desde pequeño deseando algo que tienes aquí.-
Caín arqueó una ceja mientras se preguntaba a si mismo a que debía referirse. -Los libros arcanos te los entregaré cuando perfecciones el uso de tu magia.-inquirió Cain pensando que se refería a aquellos tomos antiguos y prohibidos en cualquier escuela de magia.
-No, no son los tomos arcanos.-dijo el joven.-¿Recuerdas el colgante del grifo?-
Caín se echó a reír al recordar aquel colgante. -Lo he estudiado durante años y no he conseguido descifrar lo que esconde, si es que oculta algo.-se dirigió a una de las mesas repletas de pergaminos y de un cajón saco una bolsa de color negro.-Puedes quedártelo, sinceramente no creo que tenga ningún valor más que el que pueda darte algún joyero.-
-No quiero venderlo.-dijo el chico.
-Has estado obsesionado con ese colgante desde pequeño, si llego a saber que era tan importante para ti te lo hubiese dado antes.- Caín le tendió el collar al joven.
-Gracias tío Caín.-
-Ahora márchate en busca de tu victima si no quieres que Céfir te lleve ventaja. Dichas estas palabras el chico se despidió y se marchó de la torre. Había soñado durante años con aquella joya, con el colgante del grifo, sabía que era importante y sabía como debía activarlo, un poco de sangre en la oscuridad de la noche y su poder se desataría. Abrió la bolsita de la recompensa y miró el nombre de su victima, la activación del collar debía esperar, ahora tenía que encontrar a aquel desgraciado antes de que Céfir hiciera lo propio con el suyo.
Grista y Asker observaban a los intrusos con recelo, algo les decía que no habían venido únicamente para disfrutar de la comida de Urmea y anunciar que un nuevo siervo de la muerte se uniría a ellos en pocos meses.
-Estaba todo buenísimo.- dijo Drake dejando los cubiertos encima de la mesa para coger la servilleta y con elegancia limpiarse.
-Muchas gracias.-dijo Urmea.-Sé que para vosotros ésto es solo placer, no necesitáis comer y bueno me alaga muchísimo que os parezca bueno.-
-Señora se equivoca, yo no me alimento de almas ajenas.-dijo Sillax haciendo que todos se echaran a reír.
-Yo tampoco.-aclaró Láska.-Ni mi madre, ni Caindra, ni Cassandra.-
Urmea reía a carcajadas y con ella la joven Beik que observaba fascinada la belleza de Drake, claramente el poder del demonio aún seguía vivo y había sido capaz de cautivar a la joven.
-Bueno...-interrumpió Laisani. -Es hora de que hagamos lo que hemos venido a hacer.-
Todos se pusieron serios, incluida Urmea y Beik. Grista y Asker se pusieron en guardia, habían intentado escapar hacía cinco minutos pero la puerta principal estaba completamente atascada seguramente fruto de algún hechizo de los demonios.
-¿De qué estás hablando cariño?-preguntó Urmea al ver el rostro serio de los siervos de Nuru.
Laisani se levantó y se giró hacia su madre adoptiva y la que antaño fue su compañera.
-Creo que tenemos algo pendiente. ¿Verdad?-
Asker comenzó a temblar y se abrazó por la espalda a su jefa. Grista permanecía implacable, pensaba que los años de manipulación que había ejercido en Laisani podrían conseguir hacer que ésta no la dañara. Pero se equivocaba, Laisani había abierto los ojos ante aquella manipulación, el día en el que su vida se escapó en la soga que anudaba su cuello se había dado cuenta de que ella no significaba nada para Grista, ella era solo una posesión para la tabernera.
Todos los acompañantes de Laisani se pusieron en pie mirando a las dos traidoras. Urmea y Beik, ahora asustadas ante lo que podía ocurrir permanecían sentadas a la mesa observando con atención.
-Tú no eres así Lai.-le dijo Urmea intentando evitar que hiciera algo de lo que se podía arrepentir.
-Nax, wix, mex.-la voz de Sillax retumbó en las cabezas de las traidoras y de las pobres Urmea y Beik. La lengua de los banenkars las hizo tener escalofríos, aquella lengua podía matar a cualquiera. Segundos después de pronunciar la cuenta atrás Sillax chasqueó los dedos y la estancia se cubrió de oscuridad.
Los gritos de las mortales no fueron escuchados por nadie, el plano umbrío las había envuelto haciendo que se ahogaran y no llegaran nunca al plano terrenal. Los ojos de los siervos de Nuru se volvieron de color rojo intenso, aquellas luciérnagas de sangre era lo único que podían ver las pobres mortales que atemorizadas intentaban huir de aquel lugar.
-Cassandra suix niy sesaixx-ordenó Caín.
La joven observó a través de la densa oscuridad del plano de las sombras en busca de la cocinera y la joven novata. Las dos se habían apartado de la mesa donde habían cenado y se habían refugiado en una de las esquinas de la estancia. Estaban acurrucadas y atemorizadas. Cassandra se acercó a ellas lo que hizo que su miedo aumentara.
-Tranquilas... no os va a pasar nada.-les dijo en un tono dulce. La joven vio como el rostro de ambas se relajaba, pero sentía que la desconfianza y el miedo aún en sus corazones. -Esto terminará pronto y no volveréis a vernos más. Ahora confiad en mí y darme la mano.-continuó Cassandra.
Las dos mortales hicieron lo que la chica les pedía sin rechistar y de repente sintieron un hormigueo por el cuerpo, cuando éste cesó la oscuridad para ellas se había disipado, ahora veían a través de ella, pero no se encontraban en la taberna, todo era muy distinto. Ante ellas se encontraba un precioso prado verde lleno de amapolas rojas y doradas. Aquel lugar les trajo paz, aquel lugar no las hacía sentir miedo.
Asker y Grista golpeaban el aire esperando poder alcanzar a algún siervo de Nuru antes de ser alcanzadas ellas.
-No te tengo miedo Lai, ni a ti ni a tu maldito marido.-dijo Grista con tono altivo.
-A ningún miembro de esa a la que llamas tu familia.-apuntó Asker que se encontraba pegada a la pared dando golpes al aire con un cuchillo que había cogido de la barra.
Las dos observaban los ojos aterradores de los intrusos que se movían lentamente por la sala, todos menos los de Sillax, él era el único que no poseía ese poder, sus ojos negros como la noche y su cuerpo oscuro como el onix hacía que pasara desapercibido. Se acercó a Asker por uno de sus lados y la observó. Después creó a sus dobles de sombras, tres concretamete, uno de ellos se acercó a la chica de frente esperando que en alguno de sus movimientos de ataques le rozara con el cuchillo e hiciera que se percatara de su presencia. Así ocurrió Asker golpeó con el cuchillo la sombra de Sillax y presa del pánico se giró hacia su derecha dispuesta a correr. Sillax la atrapó cuando ésta se chocó con él y una de sus sombras le arrebató el cuchillo.
-¡Buh!-le dijo el umbreo haciendo que la chica gritara y comenzara a llorar desconsoladamente.
Caín y Drake se encargaron de coger a Grista. La magia del rey hizo que no fuese difícil atrapar a la mujer, conjuró un hechizo que la paralizó por completo, lo que hizo que el demonio pudiera capturarla sin problema.
Una vez que tenían a ambas traidoras Sillax ordenó a Láska que hiciera desaparecer la oscuridad. La joven daimon no llegaba a controlar sus poderes como umbreo y únicamente era capaz de absorber la oscuridad, lo que había hecho que todos los umbreos la temieran y la consideraran como una deidad. La joven absorbió la oscuridad de su amado e hizo que la estancia volviera a estar iluminada como antes. En la esquina Cassandra continuaba proyectando buenos recuerdos a las dos inocentes, ellas no tenían porque vivir todo aquello.
-Sillax, te necesitaré.-dijo Caín haciendo que el joven umbreo se acercara a él.
-Lo que mande majestad.-
-Cógeme de la mano.-ordenó el rey. El umbreo hizo lo que se le ordenó. Caín acto seguido agarró a Laisani. Láska supo en seguida lo que Caín intentaba y se enfureció al ver como la dejaba al margen. Ella al igual que su madre y Sillax no podía viajar más que a dos planos, el umbrío y el anímico, los dos que pertenecían a Lilith y Caín respectivamente. Caindra, Drake, Caín y la dama de la noche podían viajar a su antojo entre planos. De repente vio la membrana que los separaba y resopló enfadada.
-¿Por qué me dejáis fuera?-gritó.
Caín acababa de soltar la mano de Sillax y la de Laisani a los que había arrastrado con él fuera del plano terrenal.
-Es peligroso para el bebé.-respondió tajante el rey de la noche.
Láska volvió a resoplar más enfadada aún y se sentó en una silla a observar, era lo único que podía hacer.
-¿Con quién quieres empezar?-preguntó Drake a su amada segundos antes de acercarse a ella y besarle la cabeza con dulzura.-Tú eres la que manda.-continuó tras el beso.
-Asker.-dijo Laisani sin dudar un instante.
La joven al escuchar su nombre se puso histérica. Pataleaba con fuerza intentando librarse del umbreo pero ni él ni sus clones de sombran tenían intenciones de soltarla. -Tú dirás.-dijo el umbreo, que acto seguido se giró hacia a su amada que se encontraba con los brazos en cruz y sería sentada en una silla en el plano terrenal.
-Sujétala quiero hablar con ella.-dijo Laisani.
Sillax hizo que una de sus sombras cogiera a la joven de los brazos y poniéndoselos a la espalda la sujetara. Él se apartó y dejó que la madre de su amada se hiciera con el control de la situación.
-¡Déjala zorra!-gritó Grista.
-Uhhh pero que lengua más sucia.-dijo Caindra al escuchar el insulto de la mujer hacia Lai. -Creo que va a haber que lavar esa boca con jabón.- continuó. Se acercó a la mujer que la retenía Drake y la observó pensativa.-Creo que mejor ácido.-dicho esto abrió la boca de la tabernera y conjuró ácido para introducirlo en su boca. La mujer comenzó a gritar de dolor haciendo que el ácido corroyera toda su boca.
Laisani observó la escena y después volvió a girarse para prestar atención a Asker, ahora Grista ya no podía molestar.
-Desde el primer día que llegaste aquí, yo intenté ser tu amiga, te cuidé cuando estaban mal, te ayudé en tus momentos más difíciles...-Laisani comenzó a andar de un lado a otro sin dejar de clavar la mirada en Asker.-Incluso te cubrí muchas veces para que Grista no te regañara. ¿Y qué hiciste tú?-
Asker se movía enérgicamente esperando poder zafarse de la sombra que la retenía pero era imposible, los sux de Sillax eran tan poderosos como él y mucho más comparando con la poca fuerza de la mortal.
-¡Me mandaste a una muerte segura!-gritó Laisani.-Cuando Arthur llegó aquí en busca de una victima y Grista te eligió la convenciste para que me escogiera a mí, para que fuera yo el sacrificio humano.-la voz de Laisani sonaba más aguda que nunca, estaba furiosa, llevaba mucha rabia acumulada y la estaba soltando en aquel momento. Se acercó a Asker y le propinó una bofetada.-¡Me mataste! ¡Las dos lo hicisteis!.-dijo girándose hacia Grista que se encontraba en muy mal estado tras el ácido de Caindra.-Pero...-dijo volviéndose hacia Asker.-Es algo de lo que debo estar agradecida, gracias a vuestra falta de escrúpulos, a lo mal que os portasteis conmigo, Arthur se enamoró de mi.-
Laisani se refería a Drake como Arthur, su nombre humano. Algo que tanto Asker como Grista interpretaron como un gesto de la chica por humanizar a su demoníaco marido. Aquello no hacía más que molestarlas.
-¿Qué podíamos hacer Laisani? ¿Quién debía morir? ¿Yo?-replicó Asker.
-¡NO!-gritó enfurecida Lai.-Nadie, Grista no tenía poder sobre nuestras vidas, eso debía decidirlo el demonio.-continuó la chica.-Él es el que debía haber elegido quien moría, él debía haber sido el que arrebatara la vida de una inocente, está en su naturaleza hacerlo, él tiene la decisión en sus manos.-
Asker escuchó aquellas palabras y comprendió lo que Laisani decía. Hubiese sido tan simple como dejar que el demonio escogiera su victima y así no haber mandando a ninguna chica a una muerte segura. Asker se echó a llorar.
-Tienes razón Laisani.-dijo convencida la muchacha.
-¡Claro que la tengo!-dijo Lai entre risas.-¿Pero sabes qué es lo más gracioso de todo esto?-
Asker negó con la cabeza.
-Qué me enamoré y me quedé embarazada de un demonio después de que vosotras me entregarais a él.-Laisani respiró hondo y continuó hablando.-Y podríais haber remendado vuestra mala actuación para conmigo pero no, vosotras teníais que rematarme, que acabar conmigo para siempre...- Se acercó a Asker y la agarró por el cuello apretándolo con fuerza.-¡Me condenasteis otra vez a morir! Una segunda vez. ¿Por qué os molestaba tanto?-
Asker mientras se ahogaba a causa de la presión que Laisani causaba en su garganta recordó el instante en el que ella había subido a declarar al cadalso. Cerró los ojos y las lágrimas surcaron su rostros cayendo al suelo. Imploraba perdón, imploraba un indulto. Laisani la soltó haciendo que pudiera volver a respirar.
-Es toda tuya Sillax.-
El umbreo sonrió pícaramente y cogió a Asker de su brazo izquierdo, el sux que había estado aguantando a la joven durante toda la conversación con Laisani la agarró del brazo derecho y dos sux más que Sillax había hecho parecer la agarraron cada uno de una pierna. Acto seguido las cuatro almas de Sillax comenzaron a tirar de la joven con toda su fuerza mientras ésta gritaba desgarrándose la garganta debido al dolor que estaba sufriendo. Sillax y sus sux tiraron con más fuerza mientras todos observaban aquella tortura, de repente el cuerpo de la joven cedió y sus extremidades se desgarraron haciendo que su torso cayera al suelo , mutilado y derramando sangre a borbotones. Asker continuaba viva gritando como una loca al verse mutilada y sobretodo por el dolor insoportable que le causaba aquel desmembramiento. Sillax y sus sombras tiraron las extremidades encima del cuerpo mutilado de esta lo que hizo que sus gritos se intensificaran.
-Caindra haz el favor de callarla.-dijo Laisani segundo antes de dirigirse hacia Grista.-Es tu turno.-
Laisani se acercó a Drake mientras Caindra callaba a Asker quemándole la boca con ácido como había hecho con Grista. La madre adoptiva de Laisani profería gemidos y gruñidos que la chica reconoció como insultos.
-No te callas ni con la lengua achicharrada por el ácido.-dijo Laisani en tono burlón.-¿Has visto lo que le ha ocurrido a tu amada Asker?.-
Grista miró de reojo a la pobre joven que se estaba desangrando mientras el umbreo y Caindra jugueteaban de forma macabra con sus extremidades.
-Tranquila, a ti no te voy a hacer esto...-dijo sonriendo.-¿Sabes que es la distorsión de viaje?-
Grista comenzó a respirar con fuerza, sabía lo que aquello significaba y sabía lo que le ocurría al alma de los que sufrían aquel destino. La mujer comenzó a moverse para escapar de los brazos de Drake.
-Veo que sí lo sabes.-dijo Laisani.-¿Te acuerdas de cuando el conde quiso hacer conmigo sus experimentos?.-Grista continuaba moviéndose con energía pero Laisani la agarró con fuerza de la barbilla y volvió a formularle la pregunta.-¿Te acuerdas si o no?.-Grista asintió.-Tú pusiste precio a mi sufrimiento e incluso a mi propia vida.- Laisani se giró hacia Sillax que había dejado de jugar con los pedazos de Asker y la miraba atentamente desde que había pronunciado las palabras "distorsión de viaje".-Él también quiere hacer un experimento contigo y yo he puesto precio a tu vida como tú hiciste con la mía.-Laisani hizo un gesto a Sillax y éste asintió. Drake se apartó soltando a Grista, la mujer sintió como el demonio la soltaba y por unos instantes saboreó la libertad, pero cuando intentó moverse observó que bajo sus pies se había creado un portal de sombras y unas manos la agarraban por los pies, en seguida supo que era uno de los sux de Sillax. El sux la atrajo hacia abajo haciendo que sus pies desaparecieran en aquella oscuridad, de repente Sillax hizo un movimiento con su mano y el portal se cerró apuntándole los pies a Grista.
-¡Esto es la distorsión!-dijo Laisani eufórica. Drake sonrió al ver la maldad que acumulaba su mujer y no pudo evitar sentirse excitado. Se acercó a ella y la besó enérgicamente entrelazando sus lenguas. Caín sonrió al ver a su hermano en aquella situación, sabía lo que escondía aquella pasión y se alegraba por ello.
Sillax continuó haciendo la misma operación hasta que llegó a la cintura de la mujer que profería gruñidos de dolor. El umbreo miró a su amada, la parte demoníaca que habitaba en ella se sentía tremendamente excitada, el dolor, la tortura,la sangre y la violencia eran atenuantes de la excitación de un demonio. Sillax no lo dudó un instante y se concentró para hacer aparecer un sux al lado de su amada, ésta al verlo se abalanzó sobre él para besarle igual que su padre había hecho con su madre.
Laisani consiguió calmar las ansias de pasión de Drake para continuar con su venganza personal. -¿Puedes continuar?.-le preguntó a Grista que estaba totalmente pálida.-¿No es tan fácil cuando es tu vida la que está en juego verdad?- continuó la chica para después hacerle un gesto a Caín. El rey se acercó a la dolorida Grista y le puso sus manos en la cabeza para hacerle ver todos los recuerdos malos que Laisani tenía, todo lo que ella le había hecho sufrir. Grista comenzó a sentir miedo, un miedo terrible, era la primera vez que Laisani la veía, sus padres la habían vendido. Comenzaron a sucederse un montón de recuerdos dolorosos de la chica, el día que con seis años trajo unos gatitos abandonados y Grista la obligó a matarlos tras haberle pegado una paliza tremenda por el simple hecho de no querer mascotas en casa, el día en el que tuvo que acostarse por primera vez con un cliente, las miles de palizas porque no hacía las tareas que se le mandaban... Grista comenzó a llorar. Se había comportado fatal con aquella pobre niña, pero la vida era dura y ella siempre había intentado hacerla fuerte para que pudiera afrontarla.
-No me arrepiento de nada.-dijo Grista.-Te he querido lo mejor que he podido.-
Laisani abrió los ojos sorprendida. ¿Cómo era capaz de decir que la quería? Resopló enfadada y vio como todos sorprendidos la miraban expectantes, incluida Láska que había dejado de darse el lote con el sux de su chico.
-Acaba con ella Sillax.-dijo Laisani reprimiendo las lágrimas.
El sux del umbreo volvió a agarrar a la mujer de la cintura y tiró de ella hasta que Sillax cerró el portal, Grista cayó sin vida ante ese último corte pero aún así el umbreo continuó repitiendo aquella operación hasta acabar con ella. Después el portal desapareció apareciendo del techo de la taberna de donde comenzaron a caer los pedazos de la tabernera. Laisani suspiró y se abrazó a Drake, acto seguido todos desaparecieron, en la taberna solo quedaron las cuatro mortales.
Asker se levantó del suelo y comprobó que estaba de una pieza. Estaba pálida y atemorizada. Grista hizo lo mismo y al ver que estaba bien comprobó que su empleada también lo estuviera.
-¡Estáis bien!-gritó Urmea.
Las dos torturadas miraron a la cocinera atónitas, aún no podía creer lo que habían vivido, ni siquiera podían creerse que estaban vivas. Urmea y la novata se acercaron a sus compañeras y las tranquilizaron.
-Tranquilas, estáis bien. Laisani no es como vosotras, ella es buena persona.-dijo Urmea haciendo que las dos torturadas rompieran a llorar.
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Caín observó el colgante del grifo que había arrebatado a Fris, el Arcanista. Era extraño y algo le indicaba que guardaba un gran poder. La gema de color roja que abrazaba la montura de plata en forma de grifo brillaba de una forma extraña. El rey observaba aquella joya con recelo. ¿Qué escondes?
-Papá.-Cassandra entró en el despacho de la torre llevando en sus brazos al pequeño Ájax.
-Dime preciosa.-dijo Caín girándose hacia su hija llevando el colgante en la mano.
-¿Aún estás con ese collar?-preguntó la muchacha.
-Siento que guarda algún secreto que aún no he desvelado.-
-Papá, es un simple collar de un mago ostentoso.-
Caín miró la palma de su mano donde se encontraba aquella joya.
-Mío, mío.-dijo el pequeño Ájax adelantando sus bracitos para coger el colgante.
-Eso no es tuyo cariño.-dijo Cassandra apartando al pequeño.
Caín cerró la mano haciendo que el colgante ya no quedara a la vista del pequeño que se echó a llorar encaprichado.
-No es para ti.- dijo Caín tajante.
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Áyax entró en la habitación de la torre del ala oeste del castillo. Observó la instancia mientras movía con energía la bolsa que llevaba en su mano derecha.
-Tío, ya he llegado.-dijo el joven dejando la bolsa en una de las mesas pegando un fuerte golpe. Caín apareció por la puerta de la derecha que llevaba al telescopio.
-¿La has traído?-dijo el rey mientras se limpiaba las manos con un trapo de seda.
-Sí, no me costó encontrarle.-dijo el joven.
Caín se acercó a la mesa y abrió la bolsa que el chico había dejado, de ella sacó la cabeza del traidor.
-Perfecto, nunca pensé que fueses tan buen cazarecompensas.- dijo Caín haciendo que el joven sonriera contento de que su rey le brindara aquellas palabras. -Pero tienes que espabilar porque Céfir te está pisando los talones.-
Ájax pensó en su tío y como si éste supiera que lo habían nombrado apareció por la puerta.
-Aquí traigo mi parte.-dijo el joven dejando sobre la mesa tres bolsas.
-Perfecto.-dijo Caín al observar que el contenido de cada una de las bolsas era el adecuado. Céfir miró a su sobrino y le guiñó un ojo en un gesto cómplice. Ájax amaba a su tío, era su mejor amigo y una de las personas más importantes en su vida, pero ambos eran muy competitivos y les encantaba hacer disputas para saber quien era el mejor de los dos. Su rivalidad era sana aunque en algunas ocasiones había hecho que llegaran a las manos.
-Aquí tienes tu recompensa Céfir.-le dijo Caín sacando una bolsita de terciopelo azul y tendiéndosela al joven daimon.-Y aquí tienes la tuya Ájax.-dijo tendiéndole al umbreo otra bolsa pero ésta de color rojo.
Céfir cogió su recompensa, lo abrió y sacó el papelito que había dentro de él que le indicaba su próxima victima, segundos después de leer el nombre de quien debía matar se despidió y salió de la estancia.
-Tío Caín.-dijo Ájax en tono débil. Caín se giró hacia él e hizo un gesto para que continuara hablando.-Me gustaría pedirte otra recompensa.-
El rey de la noche miró extrañado al muchacho.-¿Otra? ¿No te bastan los diez dragones de oro?-
Ájax negó con la cabeza.-No, no es eso. Sólo que llevo desde pequeño deseando algo que tienes aquí.-
Caín arqueó una ceja mientras se preguntaba a si mismo a que debía referirse. -Los libros arcanos te los entregaré cuando perfecciones el uso de tu magia.-inquirió Cain pensando que se refería a aquellos tomos antiguos y prohibidos en cualquier escuela de magia.
-No, no son los tomos arcanos.-dijo el joven.-¿Recuerdas el colgante del grifo?-
Caín se echó a reír al recordar aquel colgante. -Lo he estudiado durante años y no he conseguido descifrar lo que esconde, si es que oculta algo.-se dirigió a una de las mesas repletas de pergaminos y de un cajón saco una bolsa de color negro.-Puedes quedártelo, sinceramente no creo que tenga ningún valor más que el que pueda darte algún joyero.-
-No quiero venderlo.-dijo el chico.
-Has estado obsesionado con ese colgante desde pequeño, si llego a saber que era tan importante para ti te lo hubiese dado antes.- Caín le tendió el collar al joven.
-Gracias tío Caín.-
-Ahora márchate en busca de tu victima si no quieres que Céfir te lleve ventaja. Dichas estas palabras el chico se despidió y se marchó de la torre. Había soñado durante años con aquella joya, con el colgante del grifo, sabía que era importante y sabía como debía activarlo, un poco de sangre en la oscuridad de la noche y su poder se desataría. Abrió la bolsita de la recompensa y miró el nombre de su victima, la activación del collar debía esperar, ahora tenía que encontrar a aquel desgraciado antes de que Céfir hiciera lo propio con el suyo.
miércoles, 21 de mayo de 2014
Fragmento La Sangre del Demonio Parte II
Grista entró en su despacho para contar el dinero que habían recaudado las chicas en aquella noche.
La joven Beik se encontraba recogiendo los últimos vasos y platos que quedaban en la barra para llevarlos a la cocina cuando la puerta de la taberna se abrió. La chica que quedó paralizada con la bandeja de plata en sus manos.
-No...-
-Buenas noches.-
La joven no sabía bien como debía actuar, llevaba a penas una semana allí y no sabía si aquellos clientes eran importantes, si debía echarlos, o cual fuese la reacción que debía tener para contentar a su jefa.
-¡Está cerrado ya!-dijo la joven viendo como seis preciosas mujeres acompañadas de tres hombres apuestos entraban.
-¿Está Grista?-preguntó la mujer castaña que había sido la primera en entrar.
-Está ocupada.-le respondio Beik.
-Dile que salga, Laisani la está esperando.-
La joven abrió la boca sorprendida, había escuchado hablar sobre Laisani la hija adoptiva de Grista que había sido condenada a la horca hacía unos años. Sin saber si estaba ante la verdadera Laisani la chica corrió en busca de su jefa pero cuando llegó al pasillo de las habitaciones se topó con Asker.
-¡Mira por dónde vas imbécil!-le gritó la chica furiosa al haberse chocado con ella. Antes de que la joven Beik pudiera decir nada, Asker se percató de lo nerviosa que estaba. -¿Qué te ocurre?-
-Ha entrado un grupo y... -la chica estaba nerviosa no sabía si por el hecho de tener un fantasma en la taberna o por que fueran a regañarle por haber dejado entrar a aquellos extraños que se encontraban acomodados en una mesa, como si esperaran ser atendidos.
-¿Ladrones?.-preguntó Asker asustada.
La joven negó con la cabeza.-¡Laisani!-gritó haciendo que Asker se quedara totalmente atónita.
-¿Qué?-
-Laisani está aquí...-
Antes de que la joven terminara su frase Asker comenzó a andar hacía el salón de la taberna. Su sorpresa fue mayúscula, allí estaba Laisani y su amado el Demonio Blanco junto a lo que parecían más demonios. Asker se escondió rápidamente esperando que ninguno de los de la mesa la hubiera visto. Su corazón parecía querer salir de su pecho, estaba aterrorizada. ¿Qué querían? ¿A qué habían venido allí? Rápidamente y sin dar explicaciones a la nueva corrió hacia el despacho de Grista.
Urmea se encontraba recogiendo la cocina cuando escuchó fuera de ella a gente hablando. La mujer puso los brazos en garra y frunció el ceño para salir furiosa de su lugar de trabajo hacia la barra.
-¡La cocina está cerrada!-gritó antes de percatarse de la presencia de Laisani.
-¿Te quedan natillas tía Urm?-
El ceño de la mujer se relajó y sus ojos comenzaron a brillar de forma intensa. -¡Pequeña!-gritó la mujer para ir corriendo hacia donde se encontraba Laisani. Las dos se abrazaron con fuerza mientras a la pobre anciana se le caían las lágrimas.
-Sabía que la traerías con nosotros otra vez.-dijo la mujer al despegarse de su querida niña y tocándole el pelo a Drake al que le dirigía aquella frase.
-Verdaderamente ella es quien nos ha salvado a ambos.-
Urmea miró a la joven muchacha de pelo rubio platino que se acaba de levantar de su silla. No hizo falta que nadie le explicara quien era, su sonrisa igual a la de Laisani y los ojos de hielo del padre, hicieron que la mujer reconociera en seguida de quien se trataba y comenzara a llorar con más fuerza.
-¡Eres preciosa!-dijo acariciando el rostro de Láska.
-Muchas gracias.-respondió sonriente Láska. -Mi madre me ha hablado mucho de tus buenísimas natillas.-
-¿Quieres unas preciosa? Han sobrado muchísimas.- preguntó la mujer sin dejar de acariciar a la chica en el rostro, como si no pudiera creer que su belleza fuese real.
-Me encantaría.-respondió la daimon.
-Os traeré cena a todos.-dijo la mujer.
-¡Espera tía Urm!-dijo Laisani antes de que la mujer se marchara para traerles algo de cenar. -Quería presentarte a mi familia.-
Urmea se secó las lágrimas y sonrió.-Conozco a algunos de los presentes.-dijo mirando a Caín y a Lilith.- Señora.-dijo haciendo una reverencia mientras miraba a la Dama de la noche.-Majestad.-continuó haciendo otra reverencia pero está vez refiriéndose a Caín.-Siento haber sido tan mal educada pero el corazón mandaba en mí.-
Caín alzó una mano y negó con la cabeza indicándole que no tenía importancia.
Laisani se apoyó en el hombro de Urmea.-Bueno, veo que conoces a mi cuñado Caín, el rey de los vampiros, de las criaturas de la noche e hijo de la muerte.- Cain sonrió con su preciosa sonrisa enseñando sus enormes colmillos.-Y a mi suegra, Lilith, la preciosa Dama de la Noche.-Lilith miró a Laisani y Urmea con su preciosa mirada felina y segundos después sonrió amablemente.-Ella es mi cuñada Itzel, la Reina de los Licántropos y la mujer de Caín.-presentó la joven. Itzel se levantó e hizo una reverencia.-Encantada de conocerla.-dijo la mujer del rey.- Ella es mi sobrina, la preciosa Cassandra, hija de Caín e Itzel.- La joven sonrió y alzando la mano saludó a Urmea que escuchaba atentamente a su pequeña protegida. -Ella es Caindra, mi cuñada conocida como la hija de la muerte.-Caindra saludó amablemente.- Ya conoces a mi marido, Drake y a mi hija Láska, él es su novio Sillax.-dijo señalando por último al úmbreo.
-¿Eres un úmbreo?-preguntó Urmea al joven.
-Así es señora.-respondió amablemente.
-Las leyendas contaban que eráis albinos, ya que la oscuridad está en vuestro interior, pero jamás pensé que era cierto.-
Sillax sonrió y asintió.-Pues son ciertas esas leyendas.-
-¿Y también es cierto que puedes usar tu sombra?-preguntó curiosa la mujer.
Sillax sonrió y de repente su sombra se separó de él para acercarse a Urmea, cogerle la mano y besársela. La mujer se asustó un poco pero al ver el bonito gesto del muchacho sonrió contenta.-¡Impresionante!-exclamó. Dicho esto la mujer se disculpó de los presentes para ir a en busca de la cena, no tenía pensado preparar nada, pero ya que tenían invitados especiales se pondría manos a la obra para hacer una tarta de arándanos, no todos los días un cocinero tenía a una semidiosa y un rey para comer en su mesa.
Asker tocó con vehemencia a la puerta de Grista pero antes de que ésta le diera permiso para entrar abrió la puerta.
-Señora, Laisania está aquí y ha venido con más demonios.-gritó la muchacha aterrorizada.
-¿Qué?-preguntó escéptica la mujer.
-Lo que oye, Laisani ha vuelto de entre los muertos. ¡Viene a matarnos!-
La mujer se levantó lentamente con la mirada perdida. Si aquello era cierto, si Laisani había vuelto de entre los muertos, está claro que había venido a buscarlas para vengarse. La mujer se quedó pensativa mientras escuchaba a la joven Asker sollozar.
-Yo la distraeré y tú mientras ves a por los guardias.-
-¿Los guardias señora? ¡Son demonios! ¡Siervos de Nuru! Ningún guardia podrá acabar con ellos.
-Ponte tranquila y haz lo que te pido.
Urmea había llamado a Beik para que la ayudara a servir los platos. La joven que había escuchado toda la conversación de la cocinera con Laisani estaba aterrorizada de acercarse a los siervos de Nuru.
-¿Eres nueva aquí?-le preguntó Laisani.
La chica asintió.
-No dejes que nadie te humille tu vales más de lo que Grista pueda hacerte creer.-
La chica sonrió ante las palabras de Laisani, fuese un demonio o no, la había hecho sentir bien, en los pocos días que llevaba allí Grista y Asker se habían encargado de bajarle la autoestima hasta límites insospechables, algo que comenzaba a hacer estragos en ella. Aquellas palabras eran un empujón de autoestima.
-Me recuerdas mucho a mí.-continuó Laisani observando a la muchacha, tenia media melena morena y los ojos verdes, su rostro reflejaba el dolor que Grista hacía sufrir a sus primerizas tal y como ella había sentido durante muchos años.
-¡Deja a mi chica!-gritó Grista.-Aquí no sois bienvenidos.
Laisani escuchó la voz de la que fue antaño su madre adoptiva y se giró lentamente para observarla. -Grista, yo también me alegro de verte.-dijo irónicamente la muchacha.
-¡Lárgate de aquí Laisani!-gritó la mujer.
-Solo quería presentarte a mi hija y a la familia de mi marido.-dijo Lai fingiendo estar molesta.
-He dicho que os marchéis.-gritó la mujer.
Justo después de pronunciar esas palabras Asker pasó por detrás de su jefa intentando huir hacia la puerta de salida.
-¡Asker! ¡Quería amiga!-
La joven se quedó paralizada unos instantes al escuchar las palabras de Lai y segundos después echó a correr hacia la puerta. Caín chasqueó los dedos y justo delante de la puerta apareció Caindra cortándole el paso a la joven atemorizada.
-No vas a ningún sitio.-dijo Caindra con una voz dulce pero que hizo que la muchacha se estremeciera.
-Solo queremos cenar en familia.-dijo Laisani.
-Grista no seas malaje, la chiquilla ha venido a visitarnos y a presentarnos a su familia, sé un poco amable.-dijo Urmea que traía el último plato de comida.-Estoy haciendo tarta de arándanos, espero que os guste.-
-¡Es mi favorita!-dijo Láska sorprendiendo a Urmea.
-Me alegro preciosa.-
-¡Urmea!-gritó Grista.-No van a quedarse a cenar.-
Urmea se giró hacia su jefa.-Cenarán y se marcharan.-dijo autoritariamente.
Grista y Asker refunfuñaron y se alejaron de la mesa donde estaban los intrusos. Ambas se refugiaron tras la barra a esperar a que terminaran y como Urmea había dicho se marcharan. La cocinera y la joven novata se habían sentado a cenar junto al grupo de siervos de Nuru, algo que había molestado a Grista y Asker.
-¿Cuándo nos vas a contar tu gran secreto Láska?-dijo Lilith.
Láska se encontraba comiendo un trozo de la tarta de arándanos que Urmea había hecho. Tragó la comida y sonrió nerviosa, percatándose de que todo el mundo excepto Sillax, su cómplice, la miraba con expectación.
-Tal vez no sea el momento.-dijo Láska.
-Es el momento.-dijo Drake ansioso por saber que era lo que su hija quería comentarles.
-¿Os vais a casar?-preguntó curiosa Urmea.
Láska y Sillax negaron a la vez moviendo la cabeza enérgicamente de un lado al otro.
-¡Oh Dioses!-dijo Cassandra, llevándose las manos a la boca debido a la sorpresa. La joven ya había adivinado lo que ocurría entre Sillax y Láska y justo cuando ella hizo aquella exclamación todos los presentes cayeron en la cuenta.
-¡Estás embarazada!-gritó Laisani sorprendida.
Láska y Sillax se miraron sonrientes dando por afirmativa la exclamación de Lai. El Umbreo cogió la mano de su amada y ésta la llevo a su vientre donde el pequeño bebé comenzaba a crecer.
-¡No me lo puedo creer!-gritó Laisani abrazando a su hija. Urmea se echó a llorar nuevamente y se acercó a la joven Láska para darle la enhorabuena y acariciarle la tripita en un gesto cariñoso.-¿Pero qué edad tienes preciosa?- preguntó Urmea.
-Dieciséis años, unos pocos menos que él.-respondió Láska riendo de que Sillax era más de cien años mayor que ella.
-¡Eres una cría aún!-
Todos estaban eufóricos debido a la alegría de aquella noticia, todos excepto Drake que miraba serio a Sillax permaneciendo en total silencio. -Lo siento señor.-dijo Sillax al percatarse de que Drake lo miraba con cara de pocos amigos.
-¡Alégrate hombre!-le dijo Caín intentando calmar al que consideraba su hermano.-Sillax es el mejor úmbreo que jamás conocerás. Tú nieto será muy poderoso.-
Sillax agachó la cabeza, sabía porque Drake estaba así con él y en parte podía comprender su enfado.
-Sabías lo de la maldición.-gritó furioso Drake levantándose y golpeando la mesa con fuerza.
-Drake, la maldición no existe, Sillax es el hijo de Ájax y siempre ha sido un buen siervo de mi padre.- dijo Caín intentando calmar al íncubo.
-¿Qué maldición?-preguntó sorprendida Láska.
-Su padre intentó acabar con Nuru, él era el dueño de la Dama Blanca, mató a cientos de demonios hasta que Nuru hizo que yo acabara con su vida.-Sillax seguía con la cabeza gacha sin querer mirar a su suegro que parecía más cabreado que nunca. El pelo de Drake se había oscurecido como la noche, las garras y colmillos ya habían aparecido y sus ojos se habían vuelto rojos como la sangre.-La maldición que Ájax dejó sobre su descendencia auguraba la muerte de Nuru y la destrucción del mundo entero.-
Todos escucharon las palabras de Drake. Láska se quedó atónita, después se giró hacia su amado.-¿Por qué no me habías contado eso?-
-Lo siento...-dijo Sillax.
El silencio se apoderó de la estancia. Grista y Asker miraban al grupo más asustadas que nunca, delante de ellas podía estar la criatura que traería la destrucción del mundo. Ni siquiera un demonio la quería. ¿Por qué iban a hacerlo ellas?
-Pensabais llamarle Ájax ¿Verdad?-dijo Lilith rompiendo el incomodo silencio.
Láska asintió de mala gana.
-Mi hermana ha dicho que esa criatura debe nacer, le augura un futuro oscuro pero su nacimiento es primordial para Kartia, para Thaindor al completo.-
Escuchadas las palabras de Lilith, Drake se calmó.-¿Cambiará Kartia?-preguntó el demonio.
-Él ayudará a salvarla.-respondió Lilith.
La sonrisa que se dibujó en Drake era de satisfacción, su nieto sería importante y eso era lo que le importaba.
La joven Beik se encontraba recogiendo los últimos vasos y platos que quedaban en la barra para llevarlos a la cocina cuando la puerta de la taberna se abrió. La chica que quedó paralizada con la bandeja de plata en sus manos.
-No...-
-Buenas noches.-
La joven no sabía bien como debía actuar, llevaba a penas una semana allí y no sabía si aquellos clientes eran importantes, si debía echarlos, o cual fuese la reacción que debía tener para contentar a su jefa.
-¡Está cerrado ya!-dijo la joven viendo como seis preciosas mujeres acompañadas de tres hombres apuestos entraban.
-¿Está Grista?-preguntó la mujer castaña que había sido la primera en entrar.
-Está ocupada.-le respondio Beik.
-Dile que salga, Laisani la está esperando.-
La joven abrió la boca sorprendida, había escuchado hablar sobre Laisani la hija adoptiva de Grista que había sido condenada a la horca hacía unos años. Sin saber si estaba ante la verdadera Laisani la chica corrió en busca de su jefa pero cuando llegó al pasillo de las habitaciones se topó con Asker.
-¡Mira por dónde vas imbécil!-le gritó la chica furiosa al haberse chocado con ella. Antes de que la joven Beik pudiera decir nada, Asker se percató de lo nerviosa que estaba. -¿Qué te ocurre?-
-Ha entrado un grupo y... -la chica estaba nerviosa no sabía si por el hecho de tener un fantasma en la taberna o por que fueran a regañarle por haber dejado entrar a aquellos extraños que se encontraban acomodados en una mesa, como si esperaran ser atendidos.
-¿Ladrones?.-preguntó Asker asustada.
La joven negó con la cabeza.-¡Laisani!-gritó haciendo que Asker se quedara totalmente atónita.
-¿Qué?-
-Laisani está aquí...-
Antes de que la joven terminara su frase Asker comenzó a andar hacía el salón de la taberna. Su sorpresa fue mayúscula, allí estaba Laisani y su amado el Demonio Blanco junto a lo que parecían más demonios. Asker se escondió rápidamente esperando que ninguno de los de la mesa la hubiera visto. Su corazón parecía querer salir de su pecho, estaba aterrorizada. ¿Qué querían? ¿A qué habían venido allí? Rápidamente y sin dar explicaciones a la nueva corrió hacia el despacho de Grista.
Urmea se encontraba recogiendo la cocina cuando escuchó fuera de ella a gente hablando. La mujer puso los brazos en garra y frunció el ceño para salir furiosa de su lugar de trabajo hacia la barra.
-¡La cocina está cerrada!-gritó antes de percatarse de la presencia de Laisani.
-¿Te quedan natillas tía Urm?-
El ceño de la mujer se relajó y sus ojos comenzaron a brillar de forma intensa. -¡Pequeña!-gritó la mujer para ir corriendo hacia donde se encontraba Laisani. Las dos se abrazaron con fuerza mientras a la pobre anciana se le caían las lágrimas.
-Sabía que la traerías con nosotros otra vez.-dijo la mujer al despegarse de su querida niña y tocándole el pelo a Drake al que le dirigía aquella frase.
-Verdaderamente ella es quien nos ha salvado a ambos.-
Urmea miró a la joven muchacha de pelo rubio platino que se acaba de levantar de su silla. No hizo falta que nadie le explicara quien era, su sonrisa igual a la de Laisani y los ojos de hielo del padre, hicieron que la mujer reconociera en seguida de quien se trataba y comenzara a llorar con más fuerza.
-¡Eres preciosa!-dijo acariciando el rostro de Láska.
-Muchas gracias.-respondió sonriente Láska. -Mi madre me ha hablado mucho de tus buenísimas natillas.-
-¿Quieres unas preciosa? Han sobrado muchísimas.- preguntó la mujer sin dejar de acariciar a la chica en el rostro, como si no pudiera creer que su belleza fuese real.
-Me encantaría.-respondió la daimon.
-Os traeré cena a todos.-dijo la mujer.
-¡Espera tía Urm!-dijo Laisani antes de que la mujer se marchara para traerles algo de cenar. -Quería presentarte a mi familia.-
Urmea se secó las lágrimas y sonrió.-Conozco a algunos de los presentes.-dijo mirando a Caín y a Lilith.- Señora.-dijo haciendo una reverencia mientras miraba a la Dama de la noche.-Majestad.-continuó haciendo otra reverencia pero está vez refiriéndose a Caín.-Siento haber sido tan mal educada pero el corazón mandaba en mí.-
Caín alzó una mano y negó con la cabeza indicándole que no tenía importancia.
Laisani se apoyó en el hombro de Urmea.-Bueno, veo que conoces a mi cuñado Caín, el rey de los vampiros, de las criaturas de la noche e hijo de la muerte.- Cain sonrió con su preciosa sonrisa enseñando sus enormes colmillos.-Y a mi suegra, Lilith, la preciosa Dama de la Noche.-Lilith miró a Laisani y Urmea con su preciosa mirada felina y segundos después sonrió amablemente.-Ella es mi cuñada Itzel, la Reina de los Licántropos y la mujer de Caín.-presentó la joven. Itzel se levantó e hizo una reverencia.-Encantada de conocerla.-dijo la mujer del rey.- Ella es mi sobrina, la preciosa Cassandra, hija de Caín e Itzel.- La joven sonrió y alzando la mano saludó a Urmea que escuchaba atentamente a su pequeña protegida. -Ella es Caindra, mi cuñada conocida como la hija de la muerte.-Caindra saludó amablemente.- Ya conoces a mi marido, Drake y a mi hija Láska, él es su novio Sillax.-dijo señalando por último al úmbreo.
-¿Eres un úmbreo?-preguntó Urmea al joven.
-Así es señora.-respondió amablemente.
-Las leyendas contaban que eráis albinos, ya que la oscuridad está en vuestro interior, pero jamás pensé que era cierto.-
Sillax sonrió y asintió.-Pues son ciertas esas leyendas.-
-¿Y también es cierto que puedes usar tu sombra?-preguntó curiosa la mujer.
Sillax sonrió y de repente su sombra se separó de él para acercarse a Urmea, cogerle la mano y besársela. La mujer se asustó un poco pero al ver el bonito gesto del muchacho sonrió contenta.-¡Impresionante!-exclamó. Dicho esto la mujer se disculpó de los presentes para ir a en busca de la cena, no tenía pensado preparar nada, pero ya que tenían invitados especiales se pondría manos a la obra para hacer una tarta de arándanos, no todos los días un cocinero tenía a una semidiosa y un rey para comer en su mesa.
Asker tocó con vehemencia a la puerta de Grista pero antes de que ésta le diera permiso para entrar abrió la puerta.
-Señora, Laisania está aquí y ha venido con más demonios.-gritó la muchacha aterrorizada.
-¿Qué?-preguntó escéptica la mujer.
-Lo que oye, Laisani ha vuelto de entre los muertos. ¡Viene a matarnos!-
La mujer se levantó lentamente con la mirada perdida. Si aquello era cierto, si Laisani había vuelto de entre los muertos, está claro que había venido a buscarlas para vengarse. La mujer se quedó pensativa mientras escuchaba a la joven Asker sollozar.
-Yo la distraeré y tú mientras ves a por los guardias.-
-¿Los guardias señora? ¡Son demonios! ¡Siervos de Nuru! Ningún guardia podrá acabar con ellos.
-Ponte tranquila y haz lo que te pido.
Urmea había llamado a Beik para que la ayudara a servir los platos. La joven que había escuchado toda la conversación de la cocinera con Laisani estaba aterrorizada de acercarse a los siervos de Nuru.
-¿Eres nueva aquí?-le preguntó Laisani.
La chica asintió.
-No dejes que nadie te humille tu vales más de lo que Grista pueda hacerte creer.-
La chica sonrió ante las palabras de Laisani, fuese un demonio o no, la había hecho sentir bien, en los pocos días que llevaba allí Grista y Asker se habían encargado de bajarle la autoestima hasta límites insospechables, algo que comenzaba a hacer estragos en ella. Aquellas palabras eran un empujón de autoestima.
-Me recuerdas mucho a mí.-continuó Laisani observando a la muchacha, tenia media melena morena y los ojos verdes, su rostro reflejaba el dolor que Grista hacía sufrir a sus primerizas tal y como ella había sentido durante muchos años.
-¡Deja a mi chica!-gritó Grista.-Aquí no sois bienvenidos.
Laisani escuchó la voz de la que fue antaño su madre adoptiva y se giró lentamente para observarla. -Grista, yo también me alegro de verte.-dijo irónicamente la muchacha.
-¡Lárgate de aquí Laisani!-gritó la mujer.
-Solo quería presentarte a mi hija y a la familia de mi marido.-dijo Lai fingiendo estar molesta.
-He dicho que os marchéis.-gritó la mujer.
Justo después de pronunciar esas palabras Asker pasó por detrás de su jefa intentando huir hacia la puerta de salida.
-¡Asker! ¡Quería amiga!-
La joven se quedó paralizada unos instantes al escuchar las palabras de Lai y segundos después echó a correr hacia la puerta. Caín chasqueó los dedos y justo delante de la puerta apareció Caindra cortándole el paso a la joven atemorizada.
-No vas a ningún sitio.-dijo Caindra con una voz dulce pero que hizo que la muchacha se estremeciera.
-Solo queremos cenar en familia.-dijo Laisani.
-Grista no seas malaje, la chiquilla ha venido a visitarnos y a presentarnos a su familia, sé un poco amable.-dijo Urmea que traía el último plato de comida.-Estoy haciendo tarta de arándanos, espero que os guste.-
-¡Es mi favorita!-dijo Láska sorprendiendo a Urmea.
-Me alegro preciosa.-
-¡Urmea!-gritó Grista.-No van a quedarse a cenar.-
Urmea se giró hacia su jefa.-Cenarán y se marcharan.-dijo autoritariamente.
Grista y Asker refunfuñaron y se alejaron de la mesa donde estaban los intrusos. Ambas se refugiaron tras la barra a esperar a que terminaran y como Urmea había dicho se marcharan. La cocinera y la joven novata se habían sentado a cenar junto al grupo de siervos de Nuru, algo que había molestado a Grista y Asker.
-¿Cuándo nos vas a contar tu gran secreto Láska?-dijo Lilith.
Láska se encontraba comiendo un trozo de la tarta de arándanos que Urmea había hecho. Tragó la comida y sonrió nerviosa, percatándose de que todo el mundo excepto Sillax, su cómplice, la miraba con expectación.
-Tal vez no sea el momento.-dijo Láska.
-Es el momento.-dijo Drake ansioso por saber que era lo que su hija quería comentarles.
-¿Os vais a casar?-preguntó curiosa Urmea.
Láska y Sillax negaron a la vez moviendo la cabeza enérgicamente de un lado al otro.
-¡Oh Dioses!-dijo Cassandra, llevándose las manos a la boca debido a la sorpresa. La joven ya había adivinado lo que ocurría entre Sillax y Láska y justo cuando ella hizo aquella exclamación todos los presentes cayeron en la cuenta.
-¡Estás embarazada!-gritó Laisani sorprendida.
Láska y Sillax se miraron sonrientes dando por afirmativa la exclamación de Lai. El Umbreo cogió la mano de su amada y ésta la llevo a su vientre donde el pequeño bebé comenzaba a crecer.
-¡No me lo puedo creer!-gritó Laisani abrazando a su hija. Urmea se echó a llorar nuevamente y se acercó a la joven Láska para darle la enhorabuena y acariciarle la tripita en un gesto cariñoso.-¿Pero qué edad tienes preciosa?- preguntó Urmea.
-Dieciséis años, unos pocos menos que él.-respondió Láska riendo de que Sillax era más de cien años mayor que ella.
-¡Eres una cría aún!-
Todos estaban eufóricos debido a la alegría de aquella noticia, todos excepto Drake que miraba serio a Sillax permaneciendo en total silencio. -Lo siento señor.-dijo Sillax al percatarse de que Drake lo miraba con cara de pocos amigos.
-¡Alégrate hombre!-le dijo Caín intentando calmar al que consideraba su hermano.-Sillax es el mejor úmbreo que jamás conocerás. Tú nieto será muy poderoso.-
Sillax agachó la cabeza, sabía porque Drake estaba así con él y en parte podía comprender su enfado.
-Sabías lo de la maldición.-gritó furioso Drake levantándose y golpeando la mesa con fuerza.
-Drake, la maldición no existe, Sillax es el hijo de Ájax y siempre ha sido un buen siervo de mi padre.- dijo Caín intentando calmar al íncubo.
-¿Qué maldición?-preguntó sorprendida Láska.
-Su padre intentó acabar con Nuru, él era el dueño de la Dama Blanca, mató a cientos de demonios hasta que Nuru hizo que yo acabara con su vida.-Sillax seguía con la cabeza gacha sin querer mirar a su suegro que parecía más cabreado que nunca. El pelo de Drake se había oscurecido como la noche, las garras y colmillos ya habían aparecido y sus ojos se habían vuelto rojos como la sangre.-La maldición que Ájax dejó sobre su descendencia auguraba la muerte de Nuru y la destrucción del mundo entero.-
Todos escucharon las palabras de Drake. Láska se quedó atónita, después se giró hacia su amado.-¿Por qué no me habías contado eso?-
-Lo siento...-dijo Sillax.
El silencio se apoderó de la estancia. Grista y Asker miraban al grupo más asustadas que nunca, delante de ellas podía estar la criatura que traería la destrucción del mundo. Ni siquiera un demonio la quería. ¿Por qué iban a hacerlo ellas?
-Pensabais llamarle Ájax ¿Verdad?-dijo Lilith rompiendo el incomodo silencio.
Láska asintió de mala gana.
-Mi hermana ha dicho que esa criatura debe nacer, le augura un futuro oscuro pero su nacimiento es primordial para Kartia, para Thaindor al completo.-
Escuchadas las palabras de Lilith, Drake se calmó.-¿Cambiará Kartia?-preguntó el demonio.
-Él ayudará a salvarla.-respondió Lilith.
La sonrisa que se dibujó en Drake era de satisfacción, su nieto sería importante y eso era lo que le importaba.
sábado, 19 de abril de 2014
El Anankelabio.
La batalla había sido dura, el grupo estaba agotado y tanto Darea, Madih y Skyh estaban heridos.
-Venga guapete quítate esa ropa rara.-le dijo Mair con un trozo de tela que Kei le había dado para curar al joven.
-Jamás pensé que un pirata me dijera esas cosas.-bromeó Skyh.
El joven se quitó el chaleco y observó con mala cara el desgarrón que le había hecho la criatura que le había atacado.
-No te preocupes, soy costurera.-le dijo Niliem guiñándole un ojo al chico y arrebatándole el chaleco de las manos.-Dame la camisa, después de lavarla un poco la coseré también.-
Skyh miró su camisa, ésta también estaba rota lo que le hizo resoplar molesto, le encantaba esa ropa y le fastidiaba que se estropeara. Se la quitó y se la tendió a Niliem que esperaba impaciente. -Gracias majestad.-le respondió el chico con una ligera reverencia.
-¡Vete a la mierda Sky!-le respondió entre risas Nil para segundos después marcharse con la ropa.
Mair se echó a reír ante la atónita mirada de Skyh. -¿He dicho algo gracioso?.-preguntó el chico extrañado.
-Te ha repetido mil veces que no la llames así.-le dijo Mair aún riendo.
-Pero ella es mi reina.-
-Nadie lo diría.-dijo Dalif que pasaba justo por al lado de los dos jóvenes.
-El vidente te tiene manía.-le dijo Mair agachándose para ver la herida del joven.
-No le he hecho nada.-dijo Skyh en tono triste. No sabía la razón por la cual Dalif no podía soportarlo, él deseaba a toda costa llevarse bien con él , tenían más cosas en común de lo que el asesino vidente pensaba pero al joven le daba pánico hablarlas con él.
-Creo que sé la razón-dijo Mair señalando con la mirada a Nayra que se acercaba hacia ellos.
-¿Nayra?-dijo extrañado Skyh.
Era cierto que él y Nayra, la hija de Dalif, se llevaban muy bien a pesar de que se conocían desde hacía poco pero en absoluto había ningún interés amoroso en esa relación. Skyh estaba seguro de ello, amaba a Nayra pero no como se ama a una pareja o al amor de tu vida. Mair sonrió, limpió un poco la herida del joven y antes de que pudiera contestarle Nayra le habló.
-Mair, yo le curo si no te importa.-le dijo la chica.
El pirata le tendió el trozo de tela con el que curaba a su compañero y le sonrió.-Aquí tienes señorita Dúimar.-
-Gracias señor Engel-le dijo Narya con una preciosa sonrisa.
Skyh la miraba embobado, su sonrisa era preciosa, su voz, todo en ella era precioso.
-Bueno ofidio, voy a ver a Amina, están en buenas manos.-dijo el pirata dándole una palmadita en el hombro.
Skyh resopló, odiaba que le llamara así, él no era un ofidio aunque su lengua indicara lo contrario. Deseaba decirles la verdad, pero sabía que no podía así que continuó replicándole esperando que en algún momento el pirata se cansara y dejara de llamarlo así.
-Soy un aligator, hay mucha diferencia entre un caimán y una cobra.-
-¿El veneno?-dijo Mair entre risas mientras se alejaba de la pareja.
-No te lo tomes a mal.-le dijo Nayra, agachándose para terminar de limpiar la herida del chico.-Es más pequeña de lo que me pensaba, me alegro.-comentó la joven. Tras limpiarla sacó un ungüento y se lo puso en la herida.-Escuece un poco.-
Skyh dio un respingo al sentir aquella pasta vegetal en su dolorido costado pero poco a poco sintió como le aliviaba.
-¿Me vas a hablar hoy del anankelabio?-le preguntó Nayra observando el objeto en el pecho del chico. Skyh suspiró.-¿Qué es?¿De dónde lo sacaste? ¿Por qué no puedes quitártelo?-La chica acribillaba al joven a preguntas lo que hizo que resoplara aún con más fuerza.
-No debería hablar de él Nayra.-dijo casi en un susurro.
-¿Por qué? ¿Es tu don? ¿Por él te encuentras aquí?-
Skyh negó moviendo la cabeza hacia los lados enérgicamente.
-¿Entonces? Por favor Skyh dime que es.-le suplicó la chica apoyando las rodillas en el suelo y las manos en las piernas del chico.
-Me lo dio mi madre, mi abuelo lo había hecho para mí.-
-¿Es único?-dijo sorprendida Nayra.
-Sí.-asintió el chico.-Muchos miembros de mi familia participaron en su creación poniendo algo de ellos que lo hace especial.-
-¿Y qué utilidad tiene?-
-¿Cuál crees tú qué puede tener?-le preguntó el chico sonriente.
-No lo sé.-dijo seria Nayra.-Cuando me dijiste el nombre pensé que era algo parecido a un astrolabio, pero es totalmente distinto a cualquier astrolabio que haya visto.- Nayra miró el anankelabio, estaba totalmente oscuro, pero se podían distinguir unos diminutos puntos blancos en él.- Además está distinto a como lo vi el otro día.-la chica pasó los dedos por encima del cristal abovedado que componía el aparato y comprobó como donde sus dedos tocaban se tornaban de un rojo intenso.-¿Qué ha pasado?-dijo sorprendida apartando los dedos.-¿Cambia?-
Skyh sonrió y asintió.-El anankelabio es lo que tu necesites que sea, en una lengua antigua de los humanos ananké significa necesidad o destino, por lo que su nombre quiere decir que es un buscador de necesidades.-explicó el joven.
Nayra se quedó atónita, aquello era más espectacular de lo que ella había podido imaginarse. ¿Podía ser todo lo que él necesitara? Sonrió con picardía pensando en las miles de utilidades que le daría en la escuela de magia y después se dirigió hacia el muchacho.-¿Puede ser una brújula?-
Skyh no dijo nada pero rápidamente el anankelabio cambió su fondo negro por el de una brujula con su flecha dando vueltas como loca en busca del norte. -¡Caray!-exclamó Nayra.-Es un cacharro muy útil.-
El joven asintió.-Lo es, aunque como puedes comprobar aquí en el Limbo no lo es tanto.-dijo señalando la flecha que aún buscaba como loca el norte en aquel maldito lugar.
Nayra sonrió ante aquel comentario del chico y de repente el astrolabio se torno de color ojo intenso, tal y como había hecho cuando Nayra lo había tocado. Skyh se puso nervioso. ¿Por qué la joven pensaba esas cosas de él? Con rapidez y casi antes de que la chica pudiera reaccionar cambió el fondo del artilugio por el que tenía justo cuando la joven había llegado.
-¿Cómo lo cambias?-preguntó intrigada la chica.
El saurioántropo dio gracias porque la joven no continuara preguntando sobre aquel fondo rojo y le contestó de buena gana. -Simplemente pienso y se cambia, estamos conectados.-
-¿Es por eso que no puedes quitártelo?-
El joven se quedó pensativo unos instantes y después continuó.-Verdaderamente si puedo quitármelo pero no me gusta lo que ocurre cuando lo hago.-
Nayra arqueó una ceja desconcertada.-¿Qué ocurre?-
-Oigo voces.-
-¿Voces?-
-Bueno, una voz, de una chica.-
-¿Y qué te dice?-
-Prefiero no hablar de ello.-dijo el joven agachando la cabeza y por desgracia escuchando las desgarradora voz de la joven que le llamaba cuando se quitaba el anankelabio.
-Está bien.-dijo decepcionada Nayra. Quería conocer más, saber que le decía aquella voz que le hacía no querer quitarse aquel artilugio nunca, pero entendía que el muchacho no quisiera hablar de ello, podía ser algo familiar o incluso de mal gusto y era mejor no obligarle a airear aquellas cosas. -Has dicho que muchos familiares tuyos pusieron algo en él. ¿Tú madre puso algo?-
Skyh asintió. Nayra pudo ver como los ojos del muchacho comenzaban a brillar, siempre le ocurría cuando hablaba de su madre, claramente era un síntoma de estar aguantándose las lágrimas, algo que tanto ella como él ya sabían. -Ella puso parte de su alma, gracias a ello yo sabía cuando estaba mal o cuando no, incluso podía leerle la mente.-
-Teníais así una conexión mayor el uno con el otro.-dijo la chica apoyando la cabeza en las rodillas del joven. Skyh asintió y el silencio se apoderó de la conversación, haciéndola rehén por unos instantes para después dejarla fluir libre de nuevo.
-Mi madre me lo entregó poco antes de morir, me dijo que me lo quería dar por mi cumpleaños pero las circunstancias habían hecho que no fuese posible.- el chico agachó la cabeza y observó los preciosos ojos azules de Nayra que le miraban expectantes. Sentía el amor que ella le tenía, sentía que le amaba de una forma que él jamás hubiera deseado. Tragó saliva y continuó hablando.- Ella no me explicó los miles de usos que tiene, simplemente me dijo que debía llevarlo siempre pegado al corazón así, la Dasta de mi destino escucharía lo que éste le dice y podría escribir el destino que mi corazón le dictara.-
-Eso es precioso.-dijo Nayra con tono dulce.-Tu madre era una mujer fascinante.-
-No lo sabes tú bien.-le dijo el chico acariciándole el cabello a la joven.
-¡Tortolitos! -gritó Mair a lo lejos.- Kei ha dicho que nos ponemos en marcha de nuevo.-
Skyh maldijo al que había inventado aquella estúpida palabra y apartó a Nayra bruscamente. ¡No! ¡Él no la quería así! Y sobretodo no quería que ella lo pensara. Deseaba poder contarle toda la verdad, poder gritarles a todos quien era y que hacía allí, aunque esto último no lo tenía muy claro, pero no podía y eso le frustraba. Nayra le miró de mala gana. ¿Por qué la apartaba como si fuera una de las criaturas repugnantes que hacía poco les habían atacado? No comprendía el juego que Skyh se traía con ella, parecía en muchas ocasiones que estaba enamorado de ella, pero en otras la repudiaba como si fuera escoria. La chica no podía evitarse sentirse mal ante aquellos rechazos, ella quería a su novio, pero Skyh la volvía loca y hacía que se olvidara de Cosme rápidamente. ¿Qué tenía ese chico?
Skyh se levantó y comenzó a andar al encuentro de Niliem que le traía su ropa, limpia, seca y remendada. Nayra permaneció unos instantes de rodillas hasta que Evril la cogió del brazo para ayudarla a levantarse.-Venga Nay, tenemos que irnos y alegra esa cara, si papá te ve así por él se enfadará.- La joven se levantó con ayuda de su hermano y comenzaron a andar hacia el grupo que los esperaba. Delante de ella Skyh se vestía sintiéndose un auténtico gilipollas por haberle hecho aquel desprecio a la persona que más amaba en su vida.

Éter y Sangre: La muerte de los Dioses by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
-Venga guapete quítate esa ropa rara.-le dijo Mair con un trozo de tela que Kei le había dado para curar al joven.
-Jamás pensé que un pirata me dijera esas cosas.-bromeó Skyh.
El joven se quitó el chaleco y observó con mala cara el desgarrón que le había hecho la criatura que le había atacado.
-No te preocupes, soy costurera.-le dijo Niliem guiñándole un ojo al chico y arrebatándole el chaleco de las manos.-Dame la camisa, después de lavarla un poco la coseré también.-
Skyh miró su camisa, ésta también estaba rota lo que le hizo resoplar molesto, le encantaba esa ropa y le fastidiaba que se estropeara. Se la quitó y se la tendió a Niliem que esperaba impaciente. -Gracias majestad.-le respondió el chico con una ligera reverencia.
-¡Vete a la mierda Sky!-le respondió entre risas Nil para segundos después marcharse con la ropa.
Mair se echó a reír ante la atónita mirada de Skyh. -¿He dicho algo gracioso?.-preguntó el chico extrañado.
-Te ha repetido mil veces que no la llames así.-le dijo Mair aún riendo.
-Pero ella es mi reina.-
-Nadie lo diría.-dijo Dalif que pasaba justo por al lado de los dos jóvenes.
-El vidente te tiene manía.-le dijo Mair agachándose para ver la herida del joven.
-No le he hecho nada.-dijo Skyh en tono triste. No sabía la razón por la cual Dalif no podía soportarlo, él deseaba a toda costa llevarse bien con él , tenían más cosas en común de lo que el asesino vidente pensaba pero al joven le daba pánico hablarlas con él.
-Creo que sé la razón-dijo Mair señalando con la mirada a Nayra que se acercaba hacia ellos.
-¿Nayra?-dijo extrañado Skyh.
Era cierto que él y Nayra, la hija de Dalif, se llevaban muy bien a pesar de que se conocían desde hacía poco pero en absoluto había ningún interés amoroso en esa relación. Skyh estaba seguro de ello, amaba a Nayra pero no como se ama a una pareja o al amor de tu vida. Mair sonrió, limpió un poco la herida del joven y antes de que pudiera contestarle Nayra le habló.
-Mair, yo le curo si no te importa.-le dijo la chica.
El pirata le tendió el trozo de tela con el que curaba a su compañero y le sonrió.-Aquí tienes señorita Dúimar.-
-Gracias señor Engel-le dijo Narya con una preciosa sonrisa.
Skyh la miraba embobado, su sonrisa era preciosa, su voz, todo en ella era precioso.
-Bueno ofidio, voy a ver a Amina, están en buenas manos.-dijo el pirata dándole una palmadita en el hombro.
Skyh resopló, odiaba que le llamara así, él no era un ofidio aunque su lengua indicara lo contrario. Deseaba decirles la verdad, pero sabía que no podía así que continuó replicándole esperando que en algún momento el pirata se cansara y dejara de llamarlo así.
-Soy un aligator, hay mucha diferencia entre un caimán y una cobra.-
-¿El veneno?-dijo Mair entre risas mientras se alejaba de la pareja.
-No te lo tomes a mal.-le dijo Nayra, agachándose para terminar de limpiar la herida del chico.-Es más pequeña de lo que me pensaba, me alegro.-comentó la joven. Tras limpiarla sacó un ungüento y se lo puso en la herida.-Escuece un poco.-
Skyh dio un respingo al sentir aquella pasta vegetal en su dolorido costado pero poco a poco sintió como le aliviaba.
-¿Me vas a hablar hoy del anankelabio?-le preguntó Nayra observando el objeto en el pecho del chico. Skyh suspiró.-¿Qué es?¿De dónde lo sacaste? ¿Por qué no puedes quitártelo?-La chica acribillaba al joven a preguntas lo que hizo que resoplara aún con más fuerza.
-No debería hablar de él Nayra.-dijo casi en un susurro.
-¿Por qué? ¿Es tu don? ¿Por él te encuentras aquí?-
Skyh negó moviendo la cabeza hacia los lados enérgicamente.
-¿Entonces? Por favor Skyh dime que es.-le suplicó la chica apoyando las rodillas en el suelo y las manos en las piernas del chico.
-Me lo dio mi madre, mi abuelo lo había hecho para mí.-
-¿Es único?-dijo sorprendida Nayra.
-Sí.-asintió el chico.-Muchos miembros de mi familia participaron en su creación poniendo algo de ellos que lo hace especial.-
-¿Y qué utilidad tiene?-
-¿Cuál crees tú qué puede tener?-le preguntó el chico sonriente.
-No lo sé.-dijo seria Nayra.-Cuando me dijiste el nombre pensé que era algo parecido a un astrolabio, pero es totalmente distinto a cualquier astrolabio que haya visto.- Nayra miró el anankelabio, estaba totalmente oscuro, pero se podían distinguir unos diminutos puntos blancos en él.- Además está distinto a como lo vi el otro día.-la chica pasó los dedos por encima del cristal abovedado que componía el aparato y comprobó como donde sus dedos tocaban se tornaban de un rojo intenso.-¿Qué ha pasado?-dijo sorprendida apartando los dedos.-¿Cambia?-
Skyh sonrió y asintió.-El anankelabio es lo que tu necesites que sea, en una lengua antigua de los humanos ananké significa necesidad o destino, por lo que su nombre quiere decir que es un buscador de necesidades.-explicó el joven.
Nayra se quedó atónita, aquello era más espectacular de lo que ella había podido imaginarse. ¿Podía ser todo lo que él necesitara? Sonrió con picardía pensando en las miles de utilidades que le daría en la escuela de magia y después se dirigió hacia el muchacho.-¿Puede ser una brújula?-
Skyh no dijo nada pero rápidamente el anankelabio cambió su fondo negro por el de una brujula con su flecha dando vueltas como loca en busca del norte. -¡Caray!-exclamó Nayra.-Es un cacharro muy útil.-
El joven asintió.-Lo es, aunque como puedes comprobar aquí en el Limbo no lo es tanto.-dijo señalando la flecha que aún buscaba como loca el norte en aquel maldito lugar.
Nayra sonrió ante aquel comentario del chico y de repente el astrolabio se torno de color ojo intenso, tal y como había hecho cuando Nayra lo había tocado. Skyh se puso nervioso. ¿Por qué la joven pensaba esas cosas de él? Con rapidez y casi antes de que la chica pudiera reaccionar cambió el fondo del artilugio por el que tenía justo cuando la joven había llegado.
-¿Cómo lo cambias?-preguntó intrigada la chica.
El saurioántropo dio gracias porque la joven no continuara preguntando sobre aquel fondo rojo y le contestó de buena gana. -Simplemente pienso y se cambia, estamos conectados.-
-¿Es por eso que no puedes quitártelo?-
El joven se quedó pensativo unos instantes y después continuó.-Verdaderamente si puedo quitármelo pero no me gusta lo que ocurre cuando lo hago.-
Nayra arqueó una ceja desconcertada.-¿Qué ocurre?-
-Oigo voces.-
-¿Voces?-
-Bueno, una voz, de una chica.-
-¿Y qué te dice?-
-Prefiero no hablar de ello.-dijo el joven agachando la cabeza y por desgracia escuchando las desgarradora voz de la joven que le llamaba cuando se quitaba el anankelabio.
-Está bien.-dijo decepcionada Nayra. Quería conocer más, saber que le decía aquella voz que le hacía no querer quitarse aquel artilugio nunca, pero entendía que el muchacho no quisiera hablar de ello, podía ser algo familiar o incluso de mal gusto y era mejor no obligarle a airear aquellas cosas. -Has dicho que muchos familiares tuyos pusieron algo en él. ¿Tú madre puso algo?-
Skyh asintió. Nayra pudo ver como los ojos del muchacho comenzaban a brillar, siempre le ocurría cuando hablaba de su madre, claramente era un síntoma de estar aguantándose las lágrimas, algo que tanto ella como él ya sabían. -Ella puso parte de su alma, gracias a ello yo sabía cuando estaba mal o cuando no, incluso podía leerle la mente.-
-Teníais así una conexión mayor el uno con el otro.-dijo la chica apoyando la cabeza en las rodillas del joven. Skyh asintió y el silencio se apoderó de la conversación, haciéndola rehén por unos instantes para después dejarla fluir libre de nuevo.
-Mi madre me lo entregó poco antes de morir, me dijo que me lo quería dar por mi cumpleaños pero las circunstancias habían hecho que no fuese posible.- el chico agachó la cabeza y observó los preciosos ojos azules de Nayra que le miraban expectantes. Sentía el amor que ella le tenía, sentía que le amaba de una forma que él jamás hubiera deseado. Tragó saliva y continuó hablando.- Ella no me explicó los miles de usos que tiene, simplemente me dijo que debía llevarlo siempre pegado al corazón así, la Dasta de mi destino escucharía lo que éste le dice y podría escribir el destino que mi corazón le dictara.-
-Eso es precioso.-dijo Nayra con tono dulce.-Tu madre era una mujer fascinante.-
-No lo sabes tú bien.-le dijo el chico acariciándole el cabello a la joven.
-¡Tortolitos! -gritó Mair a lo lejos.- Kei ha dicho que nos ponemos en marcha de nuevo.-
Skyh maldijo al que había inventado aquella estúpida palabra y apartó a Nayra bruscamente. ¡No! ¡Él no la quería así! Y sobretodo no quería que ella lo pensara. Deseaba poder contarle toda la verdad, poder gritarles a todos quien era y que hacía allí, aunque esto último no lo tenía muy claro, pero no podía y eso le frustraba. Nayra le miró de mala gana. ¿Por qué la apartaba como si fuera una de las criaturas repugnantes que hacía poco les habían atacado? No comprendía el juego que Skyh se traía con ella, parecía en muchas ocasiones que estaba enamorado de ella, pero en otras la repudiaba como si fuera escoria. La chica no podía evitarse sentirse mal ante aquellos rechazos, ella quería a su novio, pero Skyh la volvía loca y hacía que se olvidara de Cosme rápidamente. ¿Qué tenía ese chico?
Skyh se levantó y comenzó a andar al encuentro de Niliem que le traía su ropa, limpia, seca y remendada. Nayra permaneció unos instantes de rodillas hasta que Evril la cogió del brazo para ayudarla a levantarse.-Venga Nay, tenemos que irnos y alegra esa cara, si papá te ve así por él se enfadará.- La joven se levantó con ayuda de su hermano y comenzaron a andar hacia el grupo que los esperaba. Delante de ella Skyh se vestía sintiéndose un auténtico gilipollas por haberle hecho aquel desprecio a la persona que más amaba en su vida.
Éter y Sangre: La muerte de los Dioses by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
martes, 25 de febrero de 2014
Fragmento-El Oráculo del Norte.
Dyre le sonrió y después apoyó la cabeza en su pecho.
-¿Me quieres?-
-Claro que sí.-dijo Assar.
Dyre le abrazó con fuerza y cerró los ojos para escuchar el latido del corazón de su amado.
-¿Tienes frío?-preguntó Assar a su amada.
-No.-respondió ella.
El silencio se apoderó de la estancia,en la que los dos amantes se encontraban. Assar no era un chico que poseyera grandes riquezas pero su condición de guerrero protector del Jarl le había dado una buena posición entre los bondis más adinerados. Dyre por el contrario era una bondi de la clase más baja, su padre había muerto en la Guerra de la helada y su madre no había conseguido otro marido lo que hacía que el dinero no abundara en su casa. Assar y ella se conocían desde hacía unos años y a pesar de que aún no se habían prometido ambos se referían el uno al otro como tales.
-¿Cuando te marchas?-preguntó Dyre sin abrir los ojos y sin dejar de abrazar a su amado.
-Al amanecer-respondió el guerrero.
-No quiero que te vayas.-dijo la joven en tono triste.
-Lo sé-dijo él en voz baja.-Pero he de marcharme, si podemos evitar una guerra o al menos alejarlos todo lo posible de aquí será mejor.-continuó él.
Assar y Dyre pertenecían a la tribu Ejjmian en el Reino de Nejkin, siempre había sido una tribu relativamente pacífica pero un problema territorial y según las malas lenguas un lío de faldas habían llevado a la tribu pacífica a entrar en guerra con su tribu vecina, Frodjmian. El Jarl de Frodjmian quería venganza, al parecer por un territorio cedido por el Rey y que el Jarl de Ejjmian se había apropiado. Assar no llegaba a conocer las verdaderas razones de ese estado de guerra que se había declarado entre ambas tribus y la verdad es que la mayoría de los Hersirs, los guerreros, tampoco lo hacían. Aún así, todos cumplían a ciegas las órdenes que el Jarl daba si eso mantenía a toda la aldea Ejji a salvo.
Dyre suspiró, abrió los ojos y apartó su cabeza del pecho de Assar para poder mirarlo a la cara.
-¿Pensarás en mi?-le dijo la joven.
Assar asintió para acto seguido besarla. Durante su relación Assar había tenido que viajar durante largos períodos, Dyre en la noche anterior a todos los viajes le hacía aquella pregunta. Era una especie de código de amantes, una pregunta que tenía un significado mayor del que muchos podían imaginar. Dyre no solo se lo preguntaba para saber si pensaría en ella durante todo el tiempo que iban a estar separados si no también para recordarle que le debía fidelidad al igual que ella y sobretodo para que no hiciera locuras y pudiera volver sano y salvo a su lado. La joven siempre había pensado que si él se acordaba de ella en momentos claves en los que su vida podía correr peligro le serviría como un amuleto o como un sexto sentido para evitar salir mal parado, la verdad es que hasta la fecha le había funcionado y por eso continuaban haciendo aquel pequeño ritual.
De repente ambos amantes comenzaron a escuchar gritos fuera de la estancia, unos gritos que se convirtieron en un bullicio que a Assar le resultaba familiar.
-¿Qué ocurre?-preguntó Dyre asustada.
-¡Escóndete!-grito Assar mientras se apartaba de ella para comenzar a vestirse.
-¿Qué?.-preguntó la joven más asustada aún.
-¡El pacto! ¡No han cumplido el pacto!.-
El Jarl de Ejjmian había conseguido una pequeña tregua con el Jarl de la tribu enemiga, al amanecer Assar, el Jarl y algunos Hersirs más iban a marchar a una zona neutral para una negociación, no se iba a tratar de una batalla aunque claro estaba que tratándose de tribus atsilánicas aquello no era algo que se supiera a ciencia cierta.
Dyre cogió su vestido y rápidamente se lo puso mientras Assar terminaba de vestirse.
-¿Crees que son ellos?-
-Lo sé.-
La joven terminó de atarse los cordones del escote del vestido y rápidamente cogió la espada de hierro atsilánico de Assar y se la entregó.
-Escóndete y pase lo que pase no salgas.-le dijo el joven.
La chica asintió con vehemencia y después besó a su amado.
-Piensa en mí.-le dijo repitiendo el ritual. Assar le guiñó un ojo en una respuesta afirmativa para después salir de la casa.
Dyre rápidamente empezó a buscar un escondrijo en la casa. Tardó unos dos minutos en conseguir sacar todo lo que había en un pequeño armario para esconderse ahí. Los minutos pasaban y podía escuchar los gritos de dolor de muchos guerreros, los llantos de los niños y mujeres y el chocar del acero de las espadas. Todo olía a humo e incluso le pareció sentir un poco de olor a sangre. Estaba aterrorizada, las mujeres de Ejjmian no eran cobardes, muchas de ellas habían ido a la guerra junto a sus maridos pero Dyre no era digna de todas esas leyendas que se contaban sobre las mujeres del norte. Ella siempre había vivido con miedo a la guerra, y a pesar de que era hija de un guerrero y la prometida de otro, odiaba la guerra y todo lo que ella acarreaba. La joven de aspecto frágil se tapó los oídos intentando evitar así escuchar todo el dolor que la batalla traía. Prácticamente era imposible pero al menos escuchaba con más fuerza su corazón y eso la tranquilizaba. Se imaginaba que era el latido de Assar, después de hacer el amor ella siempre se apoyaba sobre su pecho y escuchaba su corazón con los ojos cerrados, amaba el sonido de su corazón, amaba a Assar y solo él la podía consolar en aquel momento y hacer que su miedo desapareciera.
De repente escuchó como alguien entraba en la casa, aquella casa en la que ella prácticamente vivía junto a su amado. ¡Fuera de aquí! Pensó la joven. ¡Fuera de mi casa! Los pasos de un hombre fuerte y seguramente muy pesado sonaban con fuerza haciendo que el pequeño armario donde ella se encontraba retumbara. Segundos después cesaron. Dyre notó su corazón más acelerado que nunca mientras rezaba a todos los Dioses del Valhala para que quien fuese el que estaba allí con ella no la encontrara. Los Dioses no la escucharon. El fornido hombre abrió el armario descubriendo a la joven, la cogió de un brazo y la sacó a malas de su escondite.
-¡Pensabas que no te iba a encontrar!-le dijo burlón el soldado Frodjmian.
-¡Suéltame!-gritó la chica intentando escapar.
El hombre apretó con fuerza su brazo y la arrastró hasta la calla como si fuera un trasto inservible.
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El Jarl de Frodjmian se sentó en la Silla Roja. Dyre observaba aterrorizada como la sangre de su antiguo Jarl llenaba el suelo de aquella lujosa estancia.
-Traedlas a todas.-
-Están son las más jóvenes y guapas mi señor.-dijo Dellinger, uno de los Holds de Ejjmian y claramente un auténtico traidor.
El nuevo Jarl observó a las chicas una a una, tomándose su tiempo para desnudarlas con la mirada. Dyre tenía la cabeza gacha, le daba asco estar ante el cadáver de su antiguo Jarl y sobretodo frente a un traidor.
-¡Eh tú!-gritó el Jarl.
Dyre sintió que hablaba con ella, una punzada en el pecho se lo indicó, un presentimiento que claramente no erraba.
El hombre se levantó de la silla y se dirigió hacia la joven para alzarle la cabeza agarrándola de la barbilla.
-Eres muy tímida.-le dijo en un tono que a la joven la hizo estremecerse. -No escondas esos preciosos ojos púrpura.-
Dyre no pudo evitar echarse a llorar, las lágrimas abandonaban sus ojos para recorrer su rostro hasta llegar a la sucia mano de aquel extraño.
-¿Qué ocurre preciosa?-le dijo en lo que fingía ser un tono dulce.
Dyre intentó librarse de la mano del hombre pero éste volvió a cogerla con más fuerza.
-He elegido.-gritó mirándola a los ojos.
Dyre los abrió como platos y comenzó a temblar. ¿Ella era la elegida? ¿Para qué?
-Prepararme una habitación, la señorita y yo vamos a divertirnos.-
Dyre supo enseguida de lo que estaba hablando, quería acostarse con ella, lo que hizo que se pusiera más y más nerviosa, tanto que intentó echar a correr a pesar de que estaba atada de pies y manos.
-Levantala.-ordenó el Jarl al ver que la joven se había caído de bruces y prepararla para mi.-
Dicho esto dos guerreros cogieron a la chica y se la llevaron. Los gritos de la joven se escucharon durante unos minutos.
-Ha hecho una buena elección mi señor.-dijo Dellinger.
-Es muy guapa.-
-Y además es la prometida del hombre que se atrevió a humillar a su hijo.-
Los ojos del Jarl comenzaron a brillar como si reflejaran la enorme alegría que le había causado escuchar aquellas palabras. -¿Ha muerto?-preguntó a Dellinger.
-No, está en uno de los calabozos.-respondió el traidor.
-Que le lleven a la habitación. Verá lo que es que humillen a un ser querido.-
martes, 26 de noviembre de 2013
Fragmento de El príncipe de fuego y la princesa de hielo Parte I
El príncipe de fuego y la princesa de hielo se miraron fijamente a los ojos en la sala de los espejos. Se amaban desde hace años pero sabían que su amor era imposible. Desde hace cientos de años El Reino del Fuego y el Reino del Hielo han permanecido en constante guerra, sus reinos eran enemigos y jamás aceptarían su unión. Pero eso no era lo único que les impedía estar juntos. Sus cuerpos, sobretodo el de la preciosa princesa era incapaz de permanecer junto al de él, un leve contacto hacía que ella sufriera el peor de os dolores, la simple presencia del príncipe le causaba fuertes dolores. Un beso, un abrazo, una caricia , gestos de amor que toda pareja enamorada se ofrece era algo que ellos dos no podían darse. Él la podía matar de un abrazo o si permanecía el tiempo suficiente con ella.
Y por eso se encontraban allí, en la sala de los espejos del oculto Castillo del Olvido, uno de los siete castillos ocultos de toda Kartia, que reinan cada uno de sus planos y el Limbo. Éste como su nombre indica era el castillo del temido Limbo.
Ambos mantenían la mirada. Él pudo observar como ella intentaba ocultar su dolor, comenzaba a sufrir a su lado, algo que el príncipe odiaba con todas sus fuerzas. Debían estar seguros de lo que iban a hacer, les había costado mucho encontrar ese lugar y sabían las consecuencias que conllevaría cruzar los espejos hasta el lugar donde las almas son olvidadas. Allí podrían vivir juntos, podrían amarse, podrían hacer lo que toda pareja enamorada hace, a pesar de que ello conllevara que ambos fueran olvidados para siempre en Kartia.
-Estás preparada...-le susurró él.
Ella asintió y le sonrió. La sonrisa más sincera y bella de la que los dioses han sido testigos, la sonrisa de una chica enamorada que ve cumplido el mayor de sus sueños. Se dieron la mano apretando con fuerza y sin mediar palabra cruzaron los espejos.
Nadie volvió a recordarlos, nadie tan si quiera sabía de su existencia hasta que una pequeña niña nacida de un roble, con el don de albergar cada uno de los recuerdos de Thaindor y sus habitantes, comenzó a hablar de ellos para traerlos de vuelta del Limbo. La pequeña contaba la historia del príncipe de fuego y la princesa de hielo a todo aquel que conociera, poco a poco y gracias al boca a boca la historia se conoció en toda Kartia, todos se conmocionaron con la preciosa historia de amor que les había llevado a algo peor que la muerte, incluso muchos Dioses lloraron por ellos, pero pese a lo que mucho creían aquello no fue en vano.
De repente volvían a estar allí en la sala de los espejos. Habían pasado cientos de años desde que habían cruzado hacia el lugar del olvido, y en todos ellos habían estado solos, ni siquiera habían podido encontrarse y sufrir juntos el dolor que era que todos te olvidaran. Su plan había fracasado y habían perdido un tiempo valioso. La princesa cayó al suelo de rodillas y comenzó a llorar. En ese instante supo que jamás podrían estar juntos. Él tenía el corazón destrozado, la miró detenidamente, podía ver cada pedacito de su alma, roto, desesperado, triste, y no lo podía soportar. Sin mediar palabra, se marchó dejándola allí, sola, con el alma hecha trizas.
Durante siete días y siete noches ella permaneció en aquella sala, llorando y maldiciendo su destino. Pensó varias veces en volver al Limbo, en darle a él la oportunidad de vivir, pero no tuvo la fuerza suficiente de volver para sufrir lo que había sufrido durante años en aquel lugar. En la mañana de octavo día después de su regreso, la princesa recogió cada pedacito de su alma y los guardó bajo una enorme capa de hielo en su corazón, solo entonces, pudo marcharse de aquel lugar. Volvió al único lugar donde podía estar, donde sería bien recibida y donde podría ser útil, volvió al Reino del Hielo. Lo que encontró allí no fue lo que ella esperaba. La aldea del hielo estaba destruida, el castillo del hielo había sido derretido para después congelarse en el peor de sus estados, paredes destruidas, salones destrozados, estatuas, reliquias, todo hecho una dura placa de hielo que atrapaba en su interior a miles de cadáveres de ambos reinos. Entonces lo comprendió todo. Sin ella el reino era débil y había sucumbido ante su eterno rival. Vio el humo del volcán Eldur y sintió rabia, el reino del fuego había conseguido lo que llevaba queriendo desde hacía cientos de años. Apartó la mirada para centrarla nuevamente en su castillo y fue entonces cuando le vio, erguido como si él no hubiese soportado esa guerra, como si nadie fuera capaz de destruirlo, allí estaba el trono de hielo que antaño había estado situado en lo más alto del castillo. Ahora, aunque a ras de suelo, lucía como un rayo de esperanza. Sin dudar un instante se acercó a él y se sentó sintiéndose triunfante ante tanta desolación. Y fue entonces cuando comprendió su destino, jamás podría estar junto a su príncipe, jamás serían felices, ni juntos, ni separados, aquella vida no les pertenecía y no podrían vivirla como ellos deseaban. Cerró los ojos y con una sonrisa en el rostro se fundió con el trono haciendo una única placa de hielo, como si de una estatua se tratase. Allí permanecería, indestructible recordando que la vida o siempre le pertenece a uno y sonriendo por haber aceptado de una vez aquella terrible premisa.
Pasaron los meses y el cuerpo congelado de la princesa permaneció intacto fundido con el trono del que había sido su reino, hasta que el príncipe volvió a por ella. Besó su mejilla y lloró sobre sus rodillas durante siete días y siete noches hasta que ella volvió. La sonrisa que durante todo este tiempo había adornado su rostro se borró de inmediato al verle, no porque no deseara que estuviera frente a ella, si no porque una vez más algo le indicaba que se podía luchar frente al destino impuesto.
-Visité al chamán y me dijo que la respuesta está en uno de los Siete Castillos.-le dijo él mirándola esperanzado.
El muro de hielo que protegía su alma rota se derritió por completo y levantándose del trono mirando fijamente a su amado, le instó para ir a buscar otro castillo.
Tardaron años en encontrar el segundo castillo oculto, éste era el Castillo de los Astros. El chamán les había aconsejado éste porque en él sus almas podrían vivir juntas sin importar su cuerpo, podrían besarse, amarse, y vivir la vida que siempre habían querido,y parecía que por fin todo aquello iba a hacerse realidad.
Permanecieron en silencio ante sus enormes puertas.En el momento que las atravesaran sus almas poco a poco se despegarían de su cuerpo y si conseguían encontrar la Sala de las Estrellas, podrían por fin, cumplir con el mayor de sus sueños. Y tras mucho sufrir en aquel castillo, allí se encontraban en la Sala de las Estrellas, observando cada una de ellas, si se acercaban lo suficiente podían ver a las grandes escritoras escribir cada uno de los destinos de los habitantes de Kartia. La princesa busco a su Dasta, su escritora , y allí la encontró con su pluma única observándola, esperando a que actuara. Se asustó y se apartó rápidamente de la pared estelar topándose con su amado que estaba enfrascado en la búsqueda de su Dasta. El golpe lo alertó e hizo que cesara su búsqueda.
-¿Tienes miedo?-le preguntó en un tono dulce mientras la acariciaba sin tocarla.
La princesa asintió y cogiendo la mano del príncipe le obligó a acariciarla. El dolor recorrió su cuerpo mezclado con un tremendo placer de haber sentido a su amado.
-¡Hagámoslo ya!-dijo ella deseosa de poder sentir esas caricias sin que fuese una tortura dulce.
Volvieron a cogerse de la mano y atravesaron la pared estelar para después volver nuevamente a la sala de donde habían venido,aunque esta vez de forma astral. Ambos vieron sus cuerpos sin vida, sin alma en el suelo de la sala, les impactó pero el deseo de abrazarse y tocarse fue superior. Rápidamente los príncipes comenzaron a tocarse, a besarse, a sentirse el uno al otro, algo que hasta ahora había sido prácticamente imposible. La pasión les dominó y durante siete noches y siete días se entregaron al placer de sentirse uno, de hacer el amor. Pasaron los años y ellos mismos se proclamaron los príncipes de ese castillo, construyeron en él una sala que albergaría el cuerpo de cada uno, protegiéndolo así de cualquier intruso. En la sala de fuego, yacía el cuerpo del príncipe, y obviamente en la del hielo, el de la princesa. Vivieron felices durante todo ese tiempo haciendo lo que siempre habían deseado hasta que poco a poco, las caricias cada vez eran menos placenteras, los besos menos sabrosos y hacer el amor menos mágico. Sus almas llevaban demasiado tiempo separadas de sus cuerpos y empezaban a perder el placer sensorial que éste les ofrecía. Sus almas se amaban y podían disfrutar de ello, pero sus cuerpos estaban totalmente separados y les impedía sentirse. La princesa volvió a entristecer y el príncipe sintió como tanto su corazón como el de ella se volvían a romper. Él se sentía frustrado, había vuelto a fracasar y volvía a verla triste, desconsolada. No existía mayor dolor para él que verla de aquella forma. Sin decir ni una palabra, se marchó a buscar ambos cuerpo, el de su amada y el suyo y volvió a llevarlos a la Sala de las Estrellas, después cogió la mano de su amada que yacía de rodillas en la sala del trono y la llevó junto a los cuerpos. Ella comprendió en seguida lo que él le estaba proponiendo. Se enjugó las lágrimas y dándole la mano volvieron a cruzar la pared para que sus almas volvieran a sus cuerpos.
Y ahí volvían a estar, sin poder besarse, sin poder tocarse. La desesperación comenzaba a hacer mella e ambos y podía verse a simple vista. El pelo rojo intenso del príncipe poco a poco se apagaba y los preciosos ojos azules de ella se volvían cada vez más blancos y apagados. Incluso la belleza que había caracterizado a los dos príncipes les comenzaba a abandonar, pero a ellos no les importaba, pensaban luchar hasta el final de sus días, hasta que los Dioses quisieran.
Nuevamente comenzaron una nueva búsqueda esta vez para encontrar el Castillo de la Noche, donde tal vez Caín podría ayudarles.
...continuará.

El príncipe de hielo y la princesa de fuego by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional License.
Y por eso se encontraban allí, en la sala de los espejos del oculto Castillo del Olvido, uno de los siete castillos ocultos de toda Kartia, que reinan cada uno de sus planos y el Limbo. Éste como su nombre indica era el castillo del temido Limbo.
Ambos mantenían la mirada. Él pudo observar como ella intentaba ocultar su dolor, comenzaba a sufrir a su lado, algo que el príncipe odiaba con todas sus fuerzas. Debían estar seguros de lo que iban a hacer, les había costado mucho encontrar ese lugar y sabían las consecuencias que conllevaría cruzar los espejos hasta el lugar donde las almas son olvidadas. Allí podrían vivir juntos, podrían amarse, podrían hacer lo que toda pareja enamorada hace, a pesar de que ello conllevara que ambos fueran olvidados para siempre en Kartia.
-Estás preparada...-le susurró él.
Ella asintió y le sonrió. La sonrisa más sincera y bella de la que los dioses han sido testigos, la sonrisa de una chica enamorada que ve cumplido el mayor de sus sueños. Se dieron la mano apretando con fuerza y sin mediar palabra cruzaron los espejos.
Nadie volvió a recordarlos, nadie tan si quiera sabía de su existencia hasta que una pequeña niña nacida de un roble, con el don de albergar cada uno de los recuerdos de Thaindor y sus habitantes, comenzó a hablar de ellos para traerlos de vuelta del Limbo. La pequeña contaba la historia del príncipe de fuego y la princesa de hielo a todo aquel que conociera, poco a poco y gracias al boca a boca la historia se conoció en toda Kartia, todos se conmocionaron con la preciosa historia de amor que les había llevado a algo peor que la muerte, incluso muchos Dioses lloraron por ellos, pero pese a lo que mucho creían aquello no fue en vano.
De repente volvían a estar allí en la sala de los espejos. Habían pasado cientos de años desde que habían cruzado hacia el lugar del olvido, y en todos ellos habían estado solos, ni siquiera habían podido encontrarse y sufrir juntos el dolor que era que todos te olvidaran. Su plan había fracasado y habían perdido un tiempo valioso. La princesa cayó al suelo de rodillas y comenzó a llorar. En ese instante supo que jamás podrían estar juntos. Él tenía el corazón destrozado, la miró detenidamente, podía ver cada pedacito de su alma, roto, desesperado, triste, y no lo podía soportar. Sin mediar palabra, se marchó dejándola allí, sola, con el alma hecha trizas.
Durante siete días y siete noches ella permaneció en aquella sala, llorando y maldiciendo su destino. Pensó varias veces en volver al Limbo, en darle a él la oportunidad de vivir, pero no tuvo la fuerza suficiente de volver para sufrir lo que había sufrido durante años en aquel lugar. En la mañana de octavo día después de su regreso, la princesa recogió cada pedacito de su alma y los guardó bajo una enorme capa de hielo en su corazón, solo entonces, pudo marcharse de aquel lugar. Volvió al único lugar donde podía estar, donde sería bien recibida y donde podría ser útil, volvió al Reino del Hielo. Lo que encontró allí no fue lo que ella esperaba. La aldea del hielo estaba destruida, el castillo del hielo había sido derretido para después congelarse en el peor de sus estados, paredes destruidas, salones destrozados, estatuas, reliquias, todo hecho una dura placa de hielo que atrapaba en su interior a miles de cadáveres de ambos reinos. Entonces lo comprendió todo. Sin ella el reino era débil y había sucumbido ante su eterno rival. Vio el humo del volcán Eldur y sintió rabia, el reino del fuego había conseguido lo que llevaba queriendo desde hacía cientos de años. Apartó la mirada para centrarla nuevamente en su castillo y fue entonces cuando le vio, erguido como si él no hubiese soportado esa guerra, como si nadie fuera capaz de destruirlo, allí estaba el trono de hielo que antaño había estado situado en lo más alto del castillo. Ahora, aunque a ras de suelo, lucía como un rayo de esperanza. Sin dudar un instante se acercó a él y se sentó sintiéndose triunfante ante tanta desolación. Y fue entonces cuando comprendió su destino, jamás podría estar junto a su príncipe, jamás serían felices, ni juntos, ni separados, aquella vida no les pertenecía y no podrían vivirla como ellos deseaban. Cerró los ojos y con una sonrisa en el rostro se fundió con el trono haciendo una única placa de hielo, como si de una estatua se tratase. Allí permanecería, indestructible recordando que la vida o siempre le pertenece a uno y sonriendo por haber aceptado de una vez aquella terrible premisa.
Pasaron los meses y el cuerpo congelado de la princesa permaneció intacto fundido con el trono del que había sido su reino, hasta que el príncipe volvió a por ella. Besó su mejilla y lloró sobre sus rodillas durante siete días y siete noches hasta que ella volvió. La sonrisa que durante todo este tiempo había adornado su rostro se borró de inmediato al verle, no porque no deseara que estuviera frente a ella, si no porque una vez más algo le indicaba que se podía luchar frente al destino impuesto.
-Visité al chamán y me dijo que la respuesta está en uno de los Siete Castillos.-le dijo él mirándola esperanzado.
El muro de hielo que protegía su alma rota se derritió por completo y levantándose del trono mirando fijamente a su amado, le instó para ir a buscar otro castillo.
Tardaron años en encontrar el segundo castillo oculto, éste era el Castillo de los Astros. El chamán les había aconsejado éste porque en él sus almas podrían vivir juntas sin importar su cuerpo, podrían besarse, amarse, y vivir la vida que siempre habían querido,y parecía que por fin todo aquello iba a hacerse realidad.
Permanecieron en silencio ante sus enormes puertas.En el momento que las atravesaran sus almas poco a poco se despegarían de su cuerpo y si conseguían encontrar la Sala de las Estrellas, podrían por fin, cumplir con el mayor de sus sueños. Y tras mucho sufrir en aquel castillo, allí se encontraban en la Sala de las Estrellas, observando cada una de ellas, si se acercaban lo suficiente podían ver a las grandes escritoras escribir cada uno de los destinos de los habitantes de Kartia. La princesa busco a su Dasta, su escritora , y allí la encontró con su pluma única observándola, esperando a que actuara. Se asustó y se apartó rápidamente de la pared estelar topándose con su amado que estaba enfrascado en la búsqueda de su Dasta. El golpe lo alertó e hizo que cesara su búsqueda.
-¿Tienes miedo?-le preguntó en un tono dulce mientras la acariciaba sin tocarla.
La princesa asintió y cogiendo la mano del príncipe le obligó a acariciarla. El dolor recorrió su cuerpo mezclado con un tremendo placer de haber sentido a su amado.
-¡Hagámoslo ya!-dijo ella deseosa de poder sentir esas caricias sin que fuese una tortura dulce.
Volvieron a cogerse de la mano y atravesaron la pared estelar para después volver nuevamente a la sala de donde habían venido,aunque esta vez de forma astral. Ambos vieron sus cuerpos sin vida, sin alma en el suelo de la sala, les impactó pero el deseo de abrazarse y tocarse fue superior. Rápidamente los príncipes comenzaron a tocarse, a besarse, a sentirse el uno al otro, algo que hasta ahora había sido prácticamente imposible. La pasión les dominó y durante siete noches y siete días se entregaron al placer de sentirse uno, de hacer el amor. Pasaron los años y ellos mismos se proclamaron los príncipes de ese castillo, construyeron en él una sala que albergaría el cuerpo de cada uno, protegiéndolo así de cualquier intruso. En la sala de fuego, yacía el cuerpo del príncipe, y obviamente en la del hielo, el de la princesa. Vivieron felices durante todo ese tiempo haciendo lo que siempre habían deseado hasta que poco a poco, las caricias cada vez eran menos placenteras, los besos menos sabrosos y hacer el amor menos mágico. Sus almas llevaban demasiado tiempo separadas de sus cuerpos y empezaban a perder el placer sensorial que éste les ofrecía. Sus almas se amaban y podían disfrutar de ello, pero sus cuerpos estaban totalmente separados y les impedía sentirse. La princesa volvió a entristecer y el príncipe sintió como tanto su corazón como el de ella se volvían a romper. Él se sentía frustrado, había vuelto a fracasar y volvía a verla triste, desconsolada. No existía mayor dolor para él que verla de aquella forma. Sin decir ni una palabra, se marchó a buscar ambos cuerpo, el de su amada y el suyo y volvió a llevarlos a la Sala de las Estrellas, después cogió la mano de su amada que yacía de rodillas en la sala del trono y la llevó junto a los cuerpos. Ella comprendió en seguida lo que él le estaba proponiendo. Se enjugó las lágrimas y dándole la mano volvieron a cruzar la pared para que sus almas volvieran a sus cuerpos.
Y ahí volvían a estar, sin poder besarse, sin poder tocarse. La desesperación comenzaba a hacer mella e ambos y podía verse a simple vista. El pelo rojo intenso del príncipe poco a poco se apagaba y los preciosos ojos azules de ella se volvían cada vez más blancos y apagados. Incluso la belleza que había caracterizado a los dos príncipes les comenzaba a abandonar, pero a ellos no les importaba, pensaban luchar hasta el final de sus días, hasta que los Dioses quisieran.
Nuevamente comenzaron una nueva búsqueda esta vez para encontrar el Castillo de la Noche, donde tal vez Caín podría ayudarles.
...continuará.
El príncipe de hielo y la princesa de fuego by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional License.
jueves, 31 de octubre de 2013
La sangre del Demonio-Parte I
Llevaba mucho tiempo planeando el viaje, había tenido que sufrir mucho y hacer cosas que jamás pensaría que hiciera, pero por fin iba a conseguir lo que tanto deseaba. Metió un último traje en su equipaje y se sentó en la cama.
No podía parar de pensar en como se sentiría cuando le viera cara a cara, que le podría pasar por la cabeza al ver a La Dama Blanca sin su verdadero dueño. Asco y tristeza en las mismas proporciones le recorrían el cuerpo en ese momento. Asco por tener que ver el rostro que tanto daño le había causado y tristeza por ese dolor ocasionado.
De repente el bello de su cuerpo se erizó y sus pupilas se dilataron al sentir una presencia a sus espaldas. Con reflejos felinos se dio media vuelta y se alivió al ver quien había ido a visitarla.
-¡Prima!- exclamó abalanzándose sobre Cassandra que acababa de llegar.
-¿Estás segura de que podrás hacerlo sola?-le preguntó preocupada la Reina de la Noche.
Asintió levemente mientras abrazaba a su queridísima prima y su mejor amiga a la vez. -Estoy preparada para verle y para comenzar con el plan. Seré lo que siempre ha soñado.-
Cassandra le acarició la larga melena rubia platino, que le recordaba mucho al pelo blanco de su tío. -Debes ser fuerte y no dejar que la rabia se apoderé de ti. Eres mitad humana y eso te hace vulnerable.-
La joven se apartó un poco de Cassandra y la miró fijamente a los ojos.-Es cierto, pero para mí es una ventaja para llevar a cabo este plan.-
-Mi abuelo no querría perder a la mejor de sus Daimones, así que debes andarte con cuidado.-
La joven frunció el ceño, hacía mucho tiempo desde la última vez que alguien le había recordado que era una daimon, una nefilim nacida por la debilidad de un firkex. No le gustaba que la llamaran así, nunca había querido pensar que ella y su madre debilitaron a su padre hasta conducirle a su muerte, pero verdaderamente ella había nacido gracias a que el corazón de su padre se había humanizado hasta el punto de amar a su madre por encima de su propia vida. Si, en un demonio era debilidad, pero, ¿Qué demonio se libraba de la debilidad que supone el amor? Pocos podían resistirse, ni el propio dios de la muerte había sido capaz de hacerlo, Cassandra, también era fruto de una debilidad pero su condición de semidiosa no la consideraba una daimon, ella era conocida como "La Reina de la Noche". El mote que Cassandra y su familia le había puesto a ella no le gustaba nada, le hacía recordar constantemente que debía cumplir su plan y no fracasar en el intento, este mote era "La Dama Blanca", que se lo habían puesto por ser la única que sin ser una neya umbrea poseía el poder que éstos tienen y porque su aspecto y poder recordaban mucho al famoso barco pirata.
-¿Qué dice él?-preguntó la joven intentando dejar de pensar en todas aquellas cosas que lo único que hacían era ponerla nerviosa.
-¿You? Pues verdaderamente quiere que deje esa vida, y que se busque un hombre de verdad, que sepa cuidar de ella.- respondió Cassandra.
-Los de su calaña no son lo que se dice los mejores maridos. ¿Verdad?- dijo con una sonrisa pícara.
-Eso dicen de los demonios también.-le respondió Cassandra entre risas.
Ambas se rieron y se miraron con complicidad. A parte de que para ella Cassandra era como una prima, puesto que no eran familia verdadera, ella y Caindra eran las que la habían criado mientras su madre poco a poco se recuperaba.
-You lo único que quiere, es que alejas a su hermana antes de cumplir tu plan.-interrumpió Cassandra.
-Lo intentaré, pero si se interpone tendré que hacer algo al respecto.-dijo la joven mientras se acercaba a su tocador y de uno de los cajones sacaba una pequeña daga que enganchó en su ligero.
-Intenta no hacerle nada, You no me lo perdonaría.-
-¿Es de fiar? ¿Crees de verdad que no se irá de la lengua?-
-Confía en mi prima, él no dirá nada, solo quiere apartar a su hermana de esa vida.-
-Está bien, confiaré en ti. ¿Sabes si Evril y Dávala pondrán hacerme un último favor?-
-No involucres más a Evril, sabes que él odia ser utilizado y básicamente es lo que estás haciendo.- le reprochó Cassandra.
-No le estoy utilizando, solo le oculto parte de la información. Sé que durante el reinado de los Novoes hizo buenas migas con mi enemigo y bueno, no hablemos de Nay, ella...-
-Lo sé cariño.-la interrumpió Cassandra.
-Solo necesito que me ayuden con unos manuscritos.-
-Pídeselo si quieres, pero si puedes evitarlo, hazlo.-
-Tal ve La Ira...-
La daimon dejó de hablar de repente, se escuchaban pasos. Cassandra la miró con las pupilas dilatadas y de repente desapareció. Segundos después tocaron a la puerta.
-Láska, cariño mío, ¿Estás lista?-
Allí estaba su prometido, que la llamaba para emprender el viaje que la llevaría hasta el peor de sus enemigos.
No podía parar de pensar en como se sentiría cuando le viera cara a cara, que le podría pasar por la cabeza al ver a La Dama Blanca sin su verdadero dueño. Asco y tristeza en las mismas proporciones le recorrían el cuerpo en ese momento. Asco por tener que ver el rostro que tanto daño le había causado y tristeza por ese dolor ocasionado.
De repente el bello de su cuerpo se erizó y sus pupilas se dilataron al sentir una presencia a sus espaldas. Con reflejos felinos se dio media vuelta y se alivió al ver quien había ido a visitarla.
-¡Prima!- exclamó abalanzándose sobre Cassandra que acababa de llegar.
-¿Estás segura de que podrás hacerlo sola?-le preguntó preocupada la Reina de la Noche.
Asintió levemente mientras abrazaba a su queridísima prima y su mejor amiga a la vez. -Estoy preparada para verle y para comenzar con el plan. Seré lo que siempre ha soñado.-
Cassandra le acarició la larga melena rubia platino, que le recordaba mucho al pelo blanco de su tío. -Debes ser fuerte y no dejar que la rabia se apoderé de ti. Eres mitad humana y eso te hace vulnerable.-
La joven se apartó un poco de Cassandra y la miró fijamente a los ojos.-Es cierto, pero para mí es una ventaja para llevar a cabo este plan.-
-Mi abuelo no querría perder a la mejor de sus Daimones, así que debes andarte con cuidado.-
La joven frunció el ceño, hacía mucho tiempo desde la última vez que alguien le había recordado que era una daimon, una nefilim nacida por la debilidad de un firkex. No le gustaba que la llamaran así, nunca había querido pensar que ella y su madre debilitaron a su padre hasta conducirle a su muerte, pero verdaderamente ella había nacido gracias a que el corazón de su padre se había humanizado hasta el punto de amar a su madre por encima de su propia vida. Si, en un demonio era debilidad, pero, ¿Qué demonio se libraba de la debilidad que supone el amor? Pocos podían resistirse, ni el propio dios de la muerte había sido capaz de hacerlo, Cassandra, también era fruto de una debilidad pero su condición de semidiosa no la consideraba una daimon, ella era conocida como "La Reina de la Noche". El mote que Cassandra y su familia le había puesto a ella no le gustaba nada, le hacía recordar constantemente que debía cumplir su plan y no fracasar en el intento, este mote era "La Dama Blanca", que se lo habían puesto por ser la única que sin ser una neya umbrea poseía el poder que éstos tienen y porque su aspecto y poder recordaban mucho al famoso barco pirata.
-¿Qué dice él?-preguntó la joven intentando dejar de pensar en todas aquellas cosas que lo único que hacían era ponerla nerviosa.
-¿You? Pues verdaderamente quiere que deje esa vida, y que se busque un hombre de verdad, que sepa cuidar de ella.- respondió Cassandra.
-Los de su calaña no son lo que se dice los mejores maridos. ¿Verdad?- dijo con una sonrisa pícara.
-Eso dicen de los demonios también.-le respondió Cassandra entre risas.
Ambas se rieron y se miraron con complicidad. A parte de que para ella Cassandra era como una prima, puesto que no eran familia verdadera, ella y Caindra eran las que la habían criado mientras su madre poco a poco se recuperaba.
-You lo único que quiere, es que alejas a su hermana antes de cumplir tu plan.-interrumpió Cassandra.
-Lo intentaré, pero si se interpone tendré que hacer algo al respecto.-dijo la joven mientras se acercaba a su tocador y de uno de los cajones sacaba una pequeña daga que enganchó en su ligero.
-Intenta no hacerle nada, You no me lo perdonaría.-
-¿Es de fiar? ¿Crees de verdad que no se irá de la lengua?-
-Confía en mi prima, él no dirá nada, solo quiere apartar a su hermana de esa vida.-
-Está bien, confiaré en ti. ¿Sabes si Evril y Dávala pondrán hacerme un último favor?-
-No involucres más a Evril, sabes que él odia ser utilizado y básicamente es lo que estás haciendo.- le reprochó Cassandra.
-No le estoy utilizando, solo le oculto parte de la información. Sé que durante el reinado de los Novoes hizo buenas migas con mi enemigo y bueno, no hablemos de Nay, ella...-
-Lo sé cariño.-la interrumpió Cassandra.
-Solo necesito que me ayuden con unos manuscritos.-
-Pídeselo si quieres, pero si puedes evitarlo, hazlo.-
-Tal ve La Ira...-
La daimon dejó de hablar de repente, se escuchaban pasos. Cassandra la miró con las pupilas dilatadas y de repente desapareció. Segundos después tocaron a la puerta.
-Láska, cariño mío, ¿Estás lista?-
Allí estaba su prometido, que la llamaba para emprender el viaje que la llevaría hasta el peor de sus enemigos.
martes, 10 de septiembre de 2013
Fragmento la Reina de los Piratas III: Venganza Parte III
-Maren...-dijo en un susurro.-Siento que sufrieras tanto por los tipos de mi calaña,siento...-las palabras se le atascaban en la garganta creando un nudo que le impedía continuar. Apretó con fuerza aquella muñeca, lo único que le quedaba de Maren, de aquella pobre e inocente niña a la que había traicionado todo el mundo, incluso él mismo.
Aguantó las lágrimas, dejó encima de la mesa la sucia y rota muñeca de trapo y se levantó de su cómoda silla para mirar el horizonte por la gran ventana que el camarote tenía. Estaba atardeciendo, el cielo rojizo presagiaba mal tiempo algo que debía preocuparle a un capitán. Pero Mair estaba demasiado absorto en sus pensamientos, tenía que acabar con Drake, tenía que conseguir vengar a todos los que él había querido y el demonio se los había arrebatado. Cerró los ojos. La oscuridad le recordaba a él, pero no le importaba, en aquellos momentos quería escuchar a su mente, a su corazón. Pero éstos querían jugarle una mala pasada.
Allí estaba la pequeña tirando de los cabos como si lo hubiese hecho durante su corta vida. ¡Maren! Se dijo a si mismo el pirata dejando que su mente lo llevara a aquel recuerdo a pesar de que sabía que le dolería.
-¿Lo hago bien?- dijo la pequeña.
-Átalos al mástil.-
La niña sonrió y obedeció. Mair recordaba aquella sonrisa, recordaba la pureza que desprendía, la inocencia que reflejaba. En aquel momento a penas llevaba unos meses en el barco, todos los tripulantes la respetaban, se hacía pasar por chico como su capitán y tutor le había aconsejado y la verdad es que lo hacía muy bien. Mair conocía su secreto y la veía como una dulce niña luchadora que solo buscaba un lugar donde encajar. Se parecía mucho a él y tal vez eso fue lo que hizo que el joven confiara en la niña más que en nadie en el mundo. Ella le escuchaba y animaba a cumplir su cometido. ¡Maren! Volvió a pensar el joven abriendo los ojos para evitar recordarla durante más tiempo.
-Juro que ese demonio pagará por todo lo que nos ha hecho.-dijo enfurecido cerrando los puños y apretando los dientes.-Acabaré con él, acabaré con todos los que nos hicieron esto y juro que cumpliré tu sueño...-
El joven se giró nuevamente hacia la mesa y se dejó caer en la silla.-Donde quiera que estés te proclamaré la reina de los piratas y...-el nudo volvió a instalarse en su garganta. Golpeó la mesa con fuerza haciendo que los mapas se arrugaran un poco. Sintió las punzadas de dolor que hacia años había sentido con la pérdida de la niña y de un manotazo tiró todo lo que había en la mesa al suelo.
-¡Te odio Drake! ¡Te odio a ti y a toda tu estirpe!-gritó enfurecido clavando una de sus dagas en el mueble de madera de roble. Su mirada se perdió unos instantes en la habitación cegada por la ira, pero segundos después se posó sobre la raída muñeca. ¡Maren! Recordó como odiaba la niña los enfados, como odiaba enfadarse y ver a alguien enfadado. Rápidamente se acercó a la muñeca y la cogió con dulzura.
-Maren...mira en lo que me he convertido.-El joven calló de rodillas al suelo.-Soy igual que ellos...-dijo desolado.-Soy lo que ambos odiábamos,soy....-suspiró con fuerza y dijo las palabras como si le costara pronunciarlas.-Soy un pirata.-Apoyó la cabeza en el suelo como si estuviese haciendo una reverencia y se echó a llorar. Él no se quería llegar hasta ese extremo, no quería convertirse en lo que tanto había odiado. ¿Qué le diferenciaba de Drake? ¿Qué le diferenciaba de su padre, Dagal, El Despiadado? ¿Qué le diferenciaba de los demás príncipes? No se había ganado el mote de Mair, El Sanguinario por ser buena persona, había asesinado, había violado, había mutilado, saqueado, torturado...El joven golpeó el suelo con rabia pensando en la enorme lista de atrocidades que había cometido. ¡Esto es ser un pirata! ¡Esta es la vida que elegí! Se tumbo en el suelo de madera del camarote azul. ¿Eran ciertas las leyendas que camarote de El Alma Azul entristecía los corazones? Mair se enjugó las lágrimas con las magas de su camisa y comenzó a cantar en susurros una canción pirata.
Así es la vida de un pirata,saquear tras la victoria y nada dejar....En cada puerto un amor, después del ron...
El joven suspiró nuevamente. No recordaba la letra de aquella canción que a Maren tanto le gustaba. Pensó unos instantes y repitió las pocas frases que recordaba intentando que la continuación de ellas le viniera a la cabeza.
-Hey,hey, así mi vida es, Hey, hey, de pirata ya lo veis.-dijo el joven dando por finalizada la dichosa canción.
La oscuridad ya se había apoderado de la estancia, si no encendía pronto las lámparas de aceite pronto no llegaría a ver más que lo que las lunas le dejaran. No le importó. En la oscuridad sentía la presencia del demonio, sentía a Drake cerca y eso le hacía poder pensar con más claridad su venganza.
-¡No me arrepiento Maren!-dijo como si la niña pudiese escucharle.-Si, me he convertido en lo que odiábamos, en lo que te prometí que no sería.-
El joven tiró con fuerza la muñeca estámpandola contra la pared de la estancia. El juguete cayó al suelo tras el golpe perdiendo la cabeza que rodó acercándose al joven y quedándose justo del derecho, observándole, como si se tratase de la mismísima Maren que le recriminaba su actitud con aquella mirada sin vida.
-¡No me mires así!-dijo dándole una patada a la cabeza de tela.-¡Es lo que soy! ¡Es en lo que me he convertido!- dijo enfurecido. -Hubieses pensado antes las consecuencias que la venganza conlleva.-
El joven respiró hondo, se incorporó y cogió la cabeza y el cuerpo de la muñeca. Encendió una de las lámparas y después se dirigió hacia su mesa. De uno de los cajones sacó un hilo y una aguja para acto seguido comenzar a coser a la malparada mujercita de trapo. Había hecho eso tantas veces, que a pesar de no ser un buen costurero, conseguía hacerlo de forma muy rápida. En cuestión de pocos minutos terminó de unir las partes y volvió a dejarla dentro del cajón donde la había sacado.
-Lo siento Maren, es lo que soy, me gusta ser así.-apoyó los pies sobre la mesa y miró el cuadro que había en frente. El Sanguinario lucía sus mejores ropajes en la proa de su barco. Odiaba ese ostentoso retrato. ¿Por qué todos los Príncipes tenían que tenerlo? Cogió la daga que había clavado en la mesa antes y se acercó a la pintura.
-¿Este es quien quieres ser Mair?- se preguntó a si mismo. Desde su interior él mismo se respondió. "Si, si es necesario para llevar a cabo mi venganza" pero justo al terminar de pensar la última de las palabras recordó a la pequeña.
-¿Por qué los Piratas son tan malos? ¿Por qué tienen que matar a la gente inocente?-
-No lo sé, pequeña.-
Recordó su llanto y la angustia inundo su pecho nuevamente. ¡Oh Maren! Replicó en sus pensamientos. ¿Por qué me haces esto? se dijo desolado. Acto seguido cogió la daga y la clavó en el cuadro, justo en el pecho del que se suponía que era él.
-La venganza duele, necesita de paciencia y fuerza de voluntad-arrastro el cuchillo rajando la pintura. -He cambiado, he cambiado mucho desde que empecé mi periplo vengativo.- sacó el cuchillo del cuadro y volvió a clavarlo para deslizarlo y hacer otra raja.-Pero tú aún estás en mis recuerdos Maren, tú, aún haces que siga teniendo conciencia.-Repitió la misma operación desgarrando la pintura otra vez. -Soy un pirata Maren, soy hijo de un Príncipe Pirata y he de asumirlo.- Por último clavó el cuchillo en la pared y cogió el cuadro y ayudándose de su rodilla lo partió en dos. Tiró el destrozado retrato al suelo y después se dirigió hacia la mesa, al cajón, a por la muñeca.
-Pero... que sea un pirata...- Mair volvió a coger el cuchillo y con él clavó la muñeca en el lugar donde hacia unos segundos se encontraba el retrato. - Que sea un pirata no hace que me olvide de que tú fuiste la que me dio fuerzas para empezar esto. Tú eres la princesa, la reina de los piratas.-
Dicho esto volvió a su silla y se sentó observando a la muñeca.
-Directriz 12, cada Príncipe deberá llevar su retrato oficial en el camarote, que le protegerá de los ataques de los demás y denominará soberano de los mares en los que reina y del barco en el que se encuentre. -dijo con voz ronca imitando al gordo borracho que solía hablar en las Asambleas.
Mair se echó a reír y comenzó a cantar.- Las reglas y normas jamás cumpliré, hey hey, esta mi vida es, mi barco es mi casa, yo mando en él , hey hey de pirata lo veis.-
Como un designio del destino, la letra vino a él cuando menos lo esperaba. Recordando la canción al completo y sacando de una de sus vitrinas una buena botella de ron, el joven se pasó toda la noche cantando y bebiendo, haciendo vida de pirata.
-Ron y canciones por doquier, y la compañía de una mujer...-
La Reina de los Piratas III: Venganza by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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