La cena transcurrió tranquila, ahora que Lilith había calmado a Drake con los vaticinios de su hermana, podían estar seguros de que la maldición del padre de Sillax no se iba a cumplir.
Grista y Asker observaban a los intrusos con recelo, algo les decía que no habían venido únicamente para disfrutar de la comida de Urmea y anunciar que un nuevo siervo de la muerte se uniría a ellos en pocos meses.
-Estaba todo buenísimo.- dijo Drake dejando los cubiertos encima de la mesa para coger la servilleta y con elegancia limpiarse.
-Muchas gracias.-dijo Urmea.-Sé que para vosotros ésto es solo placer, no necesitáis comer y bueno me alaga muchísimo que os parezca bueno.-
-Señora se equivoca, yo no me alimento de almas ajenas.-dijo Sillax haciendo que todos se echaran a reír.
-Yo tampoco.-aclaró Láska.-Ni mi madre, ni Caindra, ni Cassandra.-
Urmea reía a carcajadas y con ella la joven Beik que observaba fascinada la belleza de Drake, claramente el poder del demonio aún seguía vivo y había sido capaz de cautivar a la joven.
-Bueno...-interrumpió Laisani. -Es hora de que hagamos lo que hemos venido a hacer.-
Todos se pusieron serios, incluida Urmea y Beik. Grista y Asker se pusieron en guardia, habían intentado escapar hacía cinco minutos pero la puerta principal estaba completamente atascada seguramente fruto de algún hechizo de los demonios.
-¿De qué estás hablando cariño?-preguntó Urmea al ver el rostro serio de los siervos de Nuru.
Laisani se levantó y se giró hacia su madre adoptiva y la que antaño fue su compañera.
-Creo que tenemos algo pendiente. ¿Verdad?-
Asker comenzó a temblar y se abrazó por la espalda a su jefa. Grista permanecía implacable, pensaba que los años de manipulación que había ejercido en Laisani podrían conseguir hacer que ésta no la dañara. Pero se equivocaba, Laisani había abierto los ojos ante aquella manipulación, el día en el que su vida se escapó en la soga que anudaba su cuello se había dado cuenta de que ella no significaba nada para Grista, ella era solo una posesión para la tabernera.
Todos los acompañantes de Laisani se pusieron en pie mirando a las dos traidoras. Urmea y Beik, ahora asustadas ante lo que podía ocurrir permanecían sentadas a la mesa observando con atención.
-Tú no eres así Lai.-le dijo Urmea intentando evitar que hiciera algo de lo que se podía arrepentir.
-Nax, wix, mex.-la voz de Sillax retumbó en las cabezas de las traidoras y de las pobres Urmea y Beik. La lengua de los banenkars las hizo tener escalofríos, aquella lengua podía matar a cualquiera. Segundos después de pronunciar la cuenta atrás Sillax chasqueó los dedos y la estancia se cubrió de oscuridad.
Los gritos de las mortales no fueron escuchados por nadie, el plano umbrío las había envuelto haciendo que se ahogaran y no llegaran nunca al plano terrenal. Los ojos de los siervos de Nuru se volvieron de color rojo intenso, aquellas luciérnagas de sangre era lo único que podían ver las pobres mortales que atemorizadas intentaban huir de aquel lugar.
-Cassandra suix niy sesaixx-ordenó Caín.
La joven observó a través de la densa oscuridad del plano de las sombras en busca de la cocinera y la joven novata. Las dos se habían apartado de la mesa donde habían cenado y se habían refugiado en una de las esquinas de la estancia. Estaban acurrucadas y atemorizadas. Cassandra se acercó a ellas lo que hizo que su miedo aumentara.
-Tranquilas... no os va a pasar nada.-les dijo en un tono dulce. La joven vio como el rostro de ambas se relajaba, pero sentía que la desconfianza y el miedo aún en sus corazones. -Esto terminará pronto y no volveréis a vernos más. Ahora confiad en mí y darme la mano.-continuó Cassandra.
Las dos mortales hicieron lo que la chica les pedía sin rechistar y de repente sintieron un hormigueo por el cuerpo, cuando éste cesó la oscuridad para ellas se había disipado, ahora veían a través de ella, pero no se encontraban en la taberna, todo era muy distinto. Ante ellas se encontraba un precioso prado verde lleno de amapolas rojas y doradas. Aquel lugar les trajo paz, aquel lugar no las hacía sentir miedo.
Asker y Grista golpeaban el aire esperando poder alcanzar a algún siervo de Nuru antes de ser alcanzadas ellas.
-No te tengo miedo Lai, ni a ti ni a tu maldito marido.-dijo Grista con tono altivo.
-A ningún miembro de esa a la que llamas tu familia.-apuntó Asker que se encontraba pegada a la pared dando golpes al aire con un cuchillo que había cogido de la barra.
Las dos observaban los ojos aterradores de los intrusos que se movían lentamente por la sala, todos menos los de Sillax, él era el único que no poseía ese poder, sus ojos negros como la noche y su cuerpo oscuro como el onix hacía que pasara desapercibido. Se acercó a Asker por uno de sus lados y la observó. Después creó a sus dobles de sombras, tres concretamete, uno de ellos se acercó a la chica de frente esperando que en alguno de sus movimientos de ataques le rozara con el cuchillo e hiciera que se percatara de su presencia. Así ocurrió Asker golpeó con el cuchillo la sombra de Sillax y presa del pánico se giró hacia su derecha dispuesta a correr. Sillax la atrapó cuando ésta se chocó con él y una de sus sombras le arrebató el cuchillo.
-¡Buh!-le dijo el umbreo haciendo que la chica gritara y comenzara a llorar desconsoladamente.
Caín y Drake se encargaron de coger a Grista. La magia del rey hizo que no fuese difícil atrapar a la mujer, conjuró un hechizo que la paralizó por completo, lo que hizo que el demonio pudiera capturarla sin problema.
Una vez que tenían a ambas traidoras Sillax ordenó a Láska que hiciera desaparecer la oscuridad. La joven daimon no llegaba a controlar sus poderes como umbreo y únicamente era capaz de absorber la oscuridad, lo que había hecho que todos los umbreos la temieran y la consideraran como una deidad. La joven absorbió la oscuridad de su amado e hizo que la estancia volviera a estar iluminada como antes. En la esquina Cassandra continuaba proyectando buenos recuerdos a las dos inocentes, ellas no tenían porque vivir todo aquello.
-Sillax, te necesitaré.-dijo Caín haciendo que el joven umbreo se acercara a él.
-Lo que mande majestad.-
-Cógeme de la mano.-ordenó el rey. El umbreo hizo lo que se le ordenó. Caín acto seguido agarró a Laisani. Láska supo en seguida lo que Caín intentaba y se enfureció al ver como la dejaba al margen. Ella al igual que su madre y Sillax no podía viajar más que a dos planos, el umbrío y el anímico, los dos que pertenecían a Lilith y Caín respectivamente. Caindra, Drake, Caín y la dama de la noche podían viajar a su antojo entre planos. De repente vio la membrana que los separaba y resopló enfadada.
-¿Por qué me dejáis fuera?-gritó.
Caín acababa de soltar la mano de Sillax y la de Laisani a los que había arrastrado con él fuera del plano terrenal.
-Es peligroso para el bebé.-respondió tajante el rey de la noche.
Láska volvió a resoplar más enfadada aún y se sentó en una silla a observar, era lo único que podía hacer.
-¿Con quién quieres empezar?-preguntó Drake a su amada segundos antes de acercarse a ella y besarle la cabeza con dulzura.-Tú eres la que manda.-continuó tras el beso.
-Asker.-dijo Laisani sin dudar un instante.
La joven al escuchar su nombre se puso histérica. Pataleaba con fuerza intentando librarse del umbreo pero ni él ni sus clones de sombran tenían intenciones de soltarla. -Tú dirás.-dijo el umbreo, que acto seguido se giró hacia a su amada que se encontraba con los brazos en cruz y sería sentada en una silla en el plano terrenal.
-Sujétala quiero hablar con ella.-dijo Laisani.
Sillax hizo que una de sus sombras cogiera a la joven de los brazos y poniéndoselos a la espalda la sujetara. Él se apartó y dejó que la madre de su amada se hiciera con el control de la situación.
-¡Déjala zorra!-gritó Grista.
-Uhhh pero que lengua más sucia.-dijo Caindra al escuchar el insulto de la mujer hacia Lai. -Creo que va a haber que lavar esa boca con jabón.- continuó. Se acercó a la mujer que la retenía Drake y la observó pensativa.-Creo que mejor ácido.-dicho esto abrió la boca de la tabernera y conjuró ácido para introducirlo en su boca. La mujer comenzó a gritar de dolor haciendo que el ácido corroyera toda su boca.
Laisani observó la escena y después volvió a girarse para prestar atención a Asker, ahora Grista ya no podía molestar.
-Desde el primer día que llegaste aquí, yo intenté ser tu amiga, te cuidé cuando estaban mal, te ayudé en tus momentos más difíciles...-Laisani comenzó a andar de un lado a otro sin dejar de clavar la mirada en Asker.-Incluso te cubrí muchas veces para que Grista no te regañara. ¿Y qué hiciste tú?-
Asker se movía enérgicamente esperando poder zafarse de la sombra que la retenía pero era imposible, los sux de Sillax eran tan poderosos como él y mucho más comparando con la poca fuerza de la mortal.
-¡Me mandaste a una muerte segura!-gritó Laisani.-Cuando Arthur llegó aquí en busca de una victima y Grista te eligió la convenciste para que me escogiera a mí, para que fuera yo el sacrificio humano.-la voz de Laisani sonaba más aguda que nunca, estaba furiosa, llevaba mucha rabia acumulada y la estaba soltando en aquel momento. Se acercó a Asker y le propinó una bofetada.-¡Me mataste! ¡Las dos lo hicisteis!.-dijo girándose hacia Grista que se encontraba en muy mal estado tras el ácido de Caindra.-Pero...-dijo volviéndose hacia Asker.-Es algo de lo que debo estar agradecida, gracias a vuestra falta de escrúpulos, a lo mal que os portasteis conmigo, Arthur se enamoró de mi.-
Laisani se refería a Drake como Arthur, su nombre humano. Algo que tanto Asker como Grista interpretaron como un gesto de la chica por humanizar a su demoníaco marido. Aquello no hacía más que molestarlas.
-¿Qué podíamos hacer Laisani? ¿Quién debía morir? ¿Yo?-replicó Asker.
-¡NO!-gritó enfurecida Lai.-Nadie, Grista no tenía poder sobre nuestras vidas, eso debía decidirlo el demonio.-continuó la chica.-Él es el que debía haber elegido quien moría, él debía haber sido el que arrebatara la vida de una inocente, está en su naturaleza hacerlo, él tiene la decisión en sus manos.-
Asker escuchó aquellas palabras y comprendió lo que Laisani decía. Hubiese sido tan simple como dejar que el demonio escogiera su victima y así no haber mandando a ninguna chica a una muerte segura. Asker se echó a llorar.
-Tienes razón Laisani.-dijo convencida la muchacha.
-¡Claro que la tengo!-dijo Lai entre risas.-¿Pero sabes qué es lo más gracioso de todo esto?-
Asker negó con la cabeza.
-Qué me enamoré y me quedé embarazada de un demonio después de que vosotras me entregarais a él.-Laisani respiró hondo y continuó hablando.-Y podríais haber remendado vuestra mala actuación para conmigo pero no, vosotras teníais que rematarme, que acabar conmigo para siempre...- Se acercó a Asker y la agarró por el cuello apretándolo con fuerza.-¡Me condenasteis otra vez a morir! Una segunda vez. ¿Por qué os molestaba tanto?-
Asker mientras se ahogaba a causa de la presión que Laisani causaba en su garganta recordó el instante en el que ella había subido a declarar al cadalso. Cerró los ojos y las lágrimas surcaron su rostros cayendo al suelo. Imploraba perdón, imploraba un indulto. Laisani la soltó haciendo que pudiera volver a respirar.
-Es toda tuya Sillax.-
El umbreo sonrió pícaramente y cogió a Asker de su brazo izquierdo, el sux que había estado aguantando a la joven durante toda la conversación con Laisani la agarró del brazo derecho y dos sux más que Sillax había hecho parecer la agarraron cada uno de una pierna. Acto seguido las cuatro almas de Sillax comenzaron a tirar de la joven con toda su fuerza mientras ésta gritaba desgarrándose la garganta debido al dolor que estaba sufriendo. Sillax y sus sux tiraron con más fuerza mientras todos observaban aquella tortura, de repente el cuerpo de la joven cedió y sus extremidades se desgarraron haciendo que su torso cayera al suelo , mutilado y derramando sangre a borbotones. Asker continuaba viva gritando como una loca al verse mutilada y sobretodo por el dolor insoportable que le causaba aquel desmembramiento. Sillax y sus sombras tiraron las extremidades encima del cuerpo mutilado de esta lo que hizo que sus gritos se intensificaran.
-Caindra haz el favor de callarla.-dijo Laisani segundo antes de dirigirse hacia Grista.-Es tu turno.-
Laisani se acercó a Drake mientras Caindra callaba a Asker quemándole la boca con ácido como había hecho con Grista. La madre adoptiva de Laisani profería gemidos y gruñidos que la chica reconoció como insultos.
-No te callas ni con la lengua achicharrada por el ácido.-dijo Laisani en tono burlón.-¿Has visto lo que le ha ocurrido a tu amada Asker?.-
Grista miró de reojo a la pobre joven que se estaba desangrando mientras el umbreo y Caindra jugueteaban de forma macabra con sus extremidades.
-Tranquila, a ti no te voy a hacer esto...-dijo sonriendo.-¿Sabes que es la distorsión de viaje?-
Grista comenzó a respirar con fuerza, sabía lo que aquello significaba y sabía lo que le ocurría al alma de los que sufrían aquel destino. La mujer comenzó a moverse para escapar de los brazos de Drake.
-Veo que sí lo sabes.-dijo Laisani.-¿Te acuerdas de cuando el conde quiso hacer conmigo sus experimentos?.-Grista continuaba moviéndose con energía pero Laisani la agarró con fuerza de la barbilla y volvió a formularle la pregunta.-¿Te acuerdas si o no?.-Grista asintió.-Tú pusiste precio a mi sufrimiento e incluso a mi propia vida.- Laisani se giró hacia Sillax que había dejado de jugar con los pedazos de Asker y la miraba atentamente desde que había pronunciado las palabras "distorsión de viaje".-Él también quiere hacer un experimento contigo y yo he puesto precio a tu vida como tú hiciste con la mía.-Laisani hizo un gesto a Sillax y éste asintió. Drake se apartó soltando a Grista, la mujer sintió como el demonio la soltaba y por unos instantes saboreó la libertad, pero cuando intentó moverse observó que bajo sus pies se había creado un portal de sombras y unas manos la agarraban por los pies, en seguida supo que era uno de los sux de Sillax. El sux la atrajo hacia abajo haciendo que sus pies desaparecieran en aquella oscuridad, de repente Sillax hizo un movimiento con su mano y el portal se cerró apuntándole los pies a Grista.
-¡Esto es la distorsión!-dijo Laisani eufórica. Drake sonrió al ver la maldad que acumulaba su mujer y no pudo evitar sentirse excitado. Se acercó a ella y la besó enérgicamente entrelazando sus lenguas. Caín sonrió al ver a su hermano en aquella situación, sabía lo que escondía aquella pasión y se alegraba por ello.
Sillax continuó haciendo la misma operación hasta que llegó a la cintura de la mujer que profería gruñidos de dolor. El umbreo miró a su amada, la parte demoníaca que habitaba en ella se sentía tremendamente excitada, el dolor, la tortura,la sangre y la violencia eran atenuantes de la excitación de un demonio. Sillax no lo dudó un instante y se concentró para hacer aparecer un sux al lado de su amada, ésta al verlo se abalanzó sobre él para besarle igual que su padre había hecho con su madre.
Laisani consiguió calmar las ansias de pasión de Drake para continuar con su venganza personal. -¿Puedes continuar?.-le preguntó a Grista que estaba totalmente pálida.-¿No es tan fácil cuando es tu vida la que está en juego verdad?- continuó la chica para después hacerle un gesto a Caín. El rey se acercó a la dolorida Grista y le puso sus manos en la cabeza para hacerle ver todos los recuerdos malos que Laisani tenía, todo lo que ella le había hecho sufrir. Grista comenzó a sentir miedo, un miedo terrible, era la primera vez que Laisani la veía, sus padres la habían vendido. Comenzaron a sucederse un montón de recuerdos dolorosos de la chica, el día que con seis años trajo unos gatitos abandonados y Grista la obligó a matarlos tras haberle pegado una paliza tremenda por el simple hecho de no querer mascotas en casa, el día en el que tuvo que acostarse por primera vez con un cliente, las miles de palizas porque no hacía las tareas que se le mandaban... Grista comenzó a llorar. Se había comportado fatal con aquella pobre niña, pero la vida era dura y ella siempre había intentado hacerla fuerte para que pudiera afrontarla.
-No me arrepiento de nada.-dijo Grista.-Te he querido lo mejor que he podido.-
Laisani abrió los ojos sorprendida. ¿Cómo era capaz de decir que la quería? Resopló enfadada y vio como todos sorprendidos la miraban expectantes, incluida Láska que había dejado de darse el lote con el sux de su chico.
-Acaba con ella Sillax.-dijo Laisani reprimiendo las lágrimas.
El sux del umbreo volvió a agarrar a la mujer de la cintura y tiró de ella hasta que Sillax cerró el portal, Grista cayó sin vida ante ese último corte pero aún así el umbreo continuó repitiendo aquella operación hasta acabar con ella. Después el portal desapareció apareciendo del techo de la taberna de donde comenzaron a caer los pedazos de la tabernera. Laisani suspiró y se abrazó a Drake, acto seguido todos desaparecieron, en la taberna solo quedaron las cuatro mortales.
Asker se levantó del suelo y comprobó que estaba de una pieza. Estaba pálida y atemorizada. Grista hizo lo mismo y al ver que estaba bien comprobó que su empleada también lo estuviera.
-¡Estáis bien!-gritó Urmea.
Las dos torturadas miraron a la cocinera atónitas, aún no podía creer lo que habían vivido, ni siquiera podían creerse que estaban vivas. Urmea y la novata se acercaron a sus compañeras y las tranquilizaron.
-Tranquilas, estáis bien. Laisani no es como vosotras, ella es buena persona.-dijo Urmea haciendo que las dos torturadas rompieran a llorar.
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Caín observó el colgante del grifo que había arrebatado a Fris, el Arcanista. Era extraño y algo le indicaba que guardaba un gran poder. La gema de color roja que abrazaba la montura de plata en forma de grifo brillaba de una forma extraña. El rey observaba aquella joya con recelo. ¿Qué escondes?
-Papá.-Cassandra entró en el despacho de la torre llevando en sus brazos al pequeño Ájax.
-Dime preciosa.-dijo Caín girándose hacia su hija llevando el colgante en la mano.
-¿Aún estás con ese collar?-preguntó la muchacha.
-Siento que guarda algún secreto que aún no he desvelado.-
-Papá, es un simple collar de un mago ostentoso.-
Caín miró la palma de su mano donde se encontraba aquella joya.
-Mío, mío.-dijo el pequeño Ájax adelantando sus bracitos para coger el colgante.
-Eso no es tuyo cariño.-dijo Cassandra apartando al pequeño.
Caín cerró la mano haciendo que el colgante ya no quedara a la vista del pequeño que se echó a llorar encaprichado.
-No es para ti.- dijo Caín tajante.
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Áyax entró en la habitación de la torre del ala oeste del castillo. Observó la instancia mientras movía con energía la bolsa que llevaba en su mano derecha.
-Tío, ya he llegado.-dijo el joven dejando la bolsa en una de las mesas pegando un fuerte golpe. Caín apareció por la puerta de la derecha que llevaba al telescopio.
-¿La has traído?-dijo el rey mientras se limpiaba las manos con un trapo de seda.
-Sí, no me costó encontrarle.-dijo el joven.
Caín se acercó a la mesa y abrió la bolsa que el chico había dejado, de ella sacó la cabeza del traidor.
-Perfecto, nunca pensé que fueses tan buen cazarecompensas.- dijo Caín haciendo que el joven sonriera contento de que su rey le brindara aquellas palabras. -Pero tienes que espabilar porque Céfir te está pisando los talones.-
Ájax pensó en su tío y como si éste supiera que lo habían nombrado apareció por la puerta.
-Aquí traigo mi parte.-dijo el joven dejando sobre la mesa tres bolsas.
-Perfecto.-dijo Caín al observar que el contenido de cada una de las bolsas era el adecuado. Céfir miró a su sobrino y le guiñó un ojo en un gesto cómplice. Ájax amaba a su tío, era su mejor amigo y una de las personas más importantes en su vida, pero ambos eran muy competitivos y les encantaba hacer disputas para saber quien era el mejor de los dos. Su rivalidad era sana aunque en algunas ocasiones había hecho que llegaran a las manos.
-Aquí tienes tu recompensa Céfir.-le dijo Caín sacando una bolsita de terciopelo azul y tendiéndosela al joven daimon.-Y aquí tienes la tuya Ájax.-dijo tendiéndole al umbreo otra bolsa pero ésta de color rojo.
Céfir cogió su recompensa, lo abrió y sacó el papelito que había dentro de él que le indicaba su próxima victima, segundos después de leer el nombre de quien debía matar se despidió y salió de la estancia.
-Tío Caín.-dijo Ájax en tono débil. Caín se giró hacia él e hizo un gesto para que continuara hablando.-Me gustaría pedirte otra recompensa.-
El rey de la noche miró extrañado al muchacho.-¿Otra? ¿No te bastan los diez dragones de oro?-
Ájax negó con la cabeza.-No, no es eso. Sólo que llevo desde pequeño deseando algo que tienes aquí.-
Caín arqueó una ceja mientras se preguntaba a si mismo a que debía referirse. -Los libros arcanos te los entregaré cuando perfecciones el uso de tu magia.-inquirió Cain pensando que se refería a aquellos tomos antiguos y prohibidos en cualquier escuela de magia.
-No, no son los tomos arcanos.-dijo el joven.-¿Recuerdas el colgante del grifo?-
Caín se echó a reír al recordar aquel colgante. -Lo he estudiado durante años y no he conseguido descifrar lo que esconde, si es que oculta algo.-se dirigió a una de las mesas repletas de pergaminos y de un cajón saco una bolsa de color negro.-Puedes quedártelo, sinceramente no creo que tenga ningún valor más que el que pueda darte algún joyero.-
-No quiero venderlo.-dijo el chico.
-Has estado obsesionado con ese colgante desde pequeño, si llego a saber que era tan importante para ti te lo hubiese dado antes.- Caín le tendió el collar al joven.
-Gracias tío Caín.-
-Ahora márchate en busca de tu victima si no quieres que Céfir te lleve ventaja. Dichas estas palabras el chico se despidió y se marchó de la torre. Había soñado durante años con aquella joya, con el colgante del grifo, sabía que era importante y sabía como debía activarlo, un poco de sangre en la oscuridad de la noche y su poder se desataría. Abrió la bolsita de la recompensa y miró el nombre de su victima, la activación del collar debía esperar, ahora tenía que encontrar a aquel desgraciado antes de que Céfir hiciera lo propio con el suyo.
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viernes, 23 de mayo de 2014
miércoles, 21 de mayo de 2014
Fragmento La Sangre del Demonio Parte II
Grista entró en su despacho para contar el dinero que habían recaudado las chicas en aquella noche.
La joven Beik se encontraba recogiendo los últimos vasos y platos que quedaban en la barra para llevarlos a la cocina cuando la puerta de la taberna se abrió. La chica que quedó paralizada con la bandeja de plata en sus manos.
-No...-
-Buenas noches.-
La joven no sabía bien como debía actuar, llevaba a penas una semana allí y no sabía si aquellos clientes eran importantes, si debía echarlos, o cual fuese la reacción que debía tener para contentar a su jefa.
-¡Está cerrado ya!-dijo la joven viendo como seis preciosas mujeres acompañadas de tres hombres apuestos entraban.
-¿Está Grista?-preguntó la mujer castaña que había sido la primera en entrar.
-Está ocupada.-le respondio Beik.
-Dile que salga, Laisani la está esperando.-
La joven abrió la boca sorprendida, había escuchado hablar sobre Laisani la hija adoptiva de Grista que había sido condenada a la horca hacía unos años. Sin saber si estaba ante la verdadera Laisani la chica corrió en busca de su jefa pero cuando llegó al pasillo de las habitaciones se topó con Asker.
-¡Mira por dónde vas imbécil!-le gritó la chica furiosa al haberse chocado con ella. Antes de que la joven Beik pudiera decir nada, Asker se percató de lo nerviosa que estaba. -¿Qué te ocurre?-
-Ha entrado un grupo y... -la chica estaba nerviosa no sabía si por el hecho de tener un fantasma en la taberna o por que fueran a regañarle por haber dejado entrar a aquellos extraños que se encontraban acomodados en una mesa, como si esperaran ser atendidos.
-¿Ladrones?.-preguntó Asker asustada.
La joven negó con la cabeza.-¡Laisani!-gritó haciendo que Asker se quedara totalmente atónita.
-¿Qué?-
-Laisani está aquí...-
Antes de que la joven terminara su frase Asker comenzó a andar hacía el salón de la taberna. Su sorpresa fue mayúscula, allí estaba Laisani y su amado el Demonio Blanco junto a lo que parecían más demonios. Asker se escondió rápidamente esperando que ninguno de los de la mesa la hubiera visto. Su corazón parecía querer salir de su pecho, estaba aterrorizada. ¿Qué querían? ¿A qué habían venido allí? Rápidamente y sin dar explicaciones a la nueva corrió hacia el despacho de Grista.
Urmea se encontraba recogiendo la cocina cuando escuchó fuera de ella a gente hablando. La mujer puso los brazos en garra y frunció el ceño para salir furiosa de su lugar de trabajo hacia la barra.
-¡La cocina está cerrada!-gritó antes de percatarse de la presencia de Laisani.
-¿Te quedan natillas tía Urm?-
El ceño de la mujer se relajó y sus ojos comenzaron a brillar de forma intensa. -¡Pequeña!-gritó la mujer para ir corriendo hacia donde se encontraba Laisani. Las dos se abrazaron con fuerza mientras a la pobre anciana se le caían las lágrimas.
-Sabía que la traerías con nosotros otra vez.-dijo la mujer al despegarse de su querida niña y tocándole el pelo a Drake al que le dirigía aquella frase.
-Verdaderamente ella es quien nos ha salvado a ambos.-
Urmea miró a la joven muchacha de pelo rubio platino que se acaba de levantar de su silla. No hizo falta que nadie le explicara quien era, su sonrisa igual a la de Laisani y los ojos de hielo del padre, hicieron que la mujer reconociera en seguida de quien se trataba y comenzara a llorar con más fuerza.
-¡Eres preciosa!-dijo acariciando el rostro de Láska.
-Muchas gracias.-respondió sonriente Láska. -Mi madre me ha hablado mucho de tus buenísimas natillas.-
-¿Quieres unas preciosa? Han sobrado muchísimas.- preguntó la mujer sin dejar de acariciar a la chica en el rostro, como si no pudiera creer que su belleza fuese real.
-Me encantaría.-respondió la daimon.
-Os traeré cena a todos.-dijo la mujer.
-¡Espera tía Urm!-dijo Laisani antes de que la mujer se marchara para traerles algo de cenar. -Quería presentarte a mi familia.-
Urmea se secó las lágrimas y sonrió.-Conozco a algunos de los presentes.-dijo mirando a Caín y a Lilith.- Señora.-dijo haciendo una reverencia mientras miraba a la Dama de la noche.-Majestad.-continuó haciendo otra reverencia pero está vez refiriéndose a Caín.-Siento haber sido tan mal educada pero el corazón mandaba en mí.-
Caín alzó una mano y negó con la cabeza indicándole que no tenía importancia.
Laisani se apoyó en el hombro de Urmea.-Bueno, veo que conoces a mi cuñado Caín, el rey de los vampiros, de las criaturas de la noche e hijo de la muerte.- Cain sonrió con su preciosa sonrisa enseñando sus enormes colmillos.-Y a mi suegra, Lilith, la preciosa Dama de la Noche.-Lilith miró a Laisani y Urmea con su preciosa mirada felina y segundos después sonrió amablemente.-Ella es mi cuñada Itzel, la Reina de los Licántropos y la mujer de Caín.-presentó la joven. Itzel se levantó e hizo una reverencia.-Encantada de conocerla.-dijo la mujer del rey.- Ella es mi sobrina, la preciosa Cassandra, hija de Caín e Itzel.- La joven sonrió y alzando la mano saludó a Urmea que escuchaba atentamente a su pequeña protegida. -Ella es Caindra, mi cuñada conocida como la hija de la muerte.-Caindra saludó amablemente.- Ya conoces a mi marido, Drake y a mi hija Láska, él es su novio Sillax.-dijo señalando por último al úmbreo.
-¿Eres un úmbreo?-preguntó Urmea al joven.
-Así es señora.-respondió amablemente.
-Las leyendas contaban que eráis albinos, ya que la oscuridad está en vuestro interior, pero jamás pensé que era cierto.-
Sillax sonrió y asintió.-Pues son ciertas esas leyendas.-
-¿Y también es cierto que puedes usar tu sombra?-preguntó curiosa la mujer.
Sillax sonrió y de repente su sombra se separó de él para acercarse a Urmea, cogerle la mano y besársela. La mujer se asustó un poco pero al ver el bonito gesto del muchacho sonrió contenta.-¡Impresionante!-exclamó. Dicho esto la mujer se disculpó de los presentes para ir a en busca de la cena, no tenía pensado preparar nada, pero ya que tenían invitados especiales se pondría manos a la obra para hacer una tarta de arándanos, no todos los días un cocinero tenía a una semidiosa y un rey para comer en su mesa.
Asker tocó con vehemencia a la puerta de Grista pero antes de que ésta le diera permiso para entrar abrió la puerta.
-Señora, Laisania está aquí y ha venido con más demonios.-gritó la muchacha aterrorizada.
-¿Qué?-preguntó escéptica la mujer.
-Lo que oye, Laisani ha vuelto de entre los muertos. ¡Viene a matarnos!-
La mujer se levantó lentamente con la mirada perdida. Si aquello era cierto, si Laisani había vuelto de entre los muertos, está claro que había venido a buscarlas para vengarse. La mujer se quedó pensativa mientras escuchaba a la joven Asker sollozar.
-Yo la distraeré y tú mientras ves a por los guardias.-
-¿Los guardias señora? ¡Son demonios! ¡Siervos de Nuru! Ningún guardia podrá acabar con ellos.
-Ponte tranquila y haz lo que te pido.
Urmea había llamado a Beik para que la ayudara a servir los platos. La joven que había escuchado toda la conversación de la cocinera con Laisani estaba aterrorizada de acercarse a los siervos de Nuru.
-¿Eres nueva aquí?-le preguntó Laisani.
La chica asintió.
-No dejes que nadie te humille tu vales más de lo que Grista pueda hacerte creer.-
La chica sonrió ante las palabras de Laisani, fuese un demonio o no, la había hecho sentir bien, en los pocos días que llevaba allí Grista y Asker se habían encargado de bajarle la autoestima hasta límites insospechables, algo que comenzaba a hacer estragos en ella. Aquellas palabras eran un empujón de autoestima.
-Me recuerdas mucho a mí.-continuó Laisani observando a la muchacha, tenia media melena morena y los ojos verdes, su rostro reflejaba el dolor que Grista hacía sufrir a sus primerizas tal y como ella había sentido durante muchos años.
-¡Deja a mi chica!-gritó Grista.-Aquí no sois bienvenidos.
Laisani escuchó la voz de la que fue antaño su madre adoptiva y se giró lentamente para observarla. -Grista, yo también me alegro de verte.-dijo irónicamente la muchacha.
-¡Lárgate de aquí Laisani!-gritó la mujer.
-Solo quería presentarte a mi hija y a la familia de mi marido.-dijo Lai fingiendo estar molesta.
-He dicho que os marchéis.-gritó la mujer.
Justo después de pronunciar esas palabras Asker pasó por detrás de su jefa intentando huir hacia la puerta de salida.
-¡Asker! ¡Quería amiga!-
La joven se quedó paralizada unos instantes al escuchar las palabras de Lai y segundos después echó a correr hacia la puerta. Caín chasqueó los dedos y justo delante de la puerta apareció Caindra cortándole el paso a la joven atemorizada.
-No vas a ningún sitio.-dijo Caindra con una voz dulce pero que hizo que la muchacha se estremeciera.
-Solo queremos cenar en familia.-dijo Laisani.
-Grista no seas malaje, la chiquilla ha venido a visitarnos y a presentarnos a su familia, sé un poco amable.-dijo Urmea que traía el último plato de comida.-Estoy haciendo tarta de arándanos, espero que os guste.-
-¡Es mi favorita!-dijo Láska sorprendiendo a Urmea.
-Me alegro preciosa.-
-¡Urmea!-gritó Grista.-No van a quedarse a cenar.-
Urmea se giró hacia su jefa.-Cenarán y se marcharan.-dijo autoritariamente.
Grista y Asker refunfuñaron y se alejaron de la mesa donde estaban los intrusos. Ambas se refugiaron tras la barra a esperar a que terminaran y como Urmea había dicho se marcharan. La cocinera y la joven novata se habían sentado a cenar junto al grupo de siervos de Nuru, algo que había molestado a Grista y Asker.
-¿Cuándo nos vas a contar tu gran secreto Láska?-dijo Lilith.
Láska se encontraba comiendo un trozo de la tarta de arándanos que Urmea había hecho. Tragó la comida y sonrió nerviosa, percatándose de que todo el mundo excepto Sillax, su cómplice, la miraba con expectación.
-Tal vez no sea el momento.-dijo Láska.
-Es el momento.-dijo Drake ansioso por saber que era lo que su hija quería comentarles.
-¿Os vais a casar?-preguntó curiosa Urmea.
Láska y Sillax negaron a la vez moviendo la cabeza enérgicamente de un lado al otro.
-¡Oh Dioses!-dijo Cassandra, llevándose las manos a la boca debido a la sorpresa. La joven ya había adivinado lo que ocurría entre Sillax y Láska y justo cuando ella hizo aquella exclamación todos los presentes cayeron en la cuenta.
-¡Estás embarazada!-gritó Laisani sorprendida.
Láska y Sillax se miraron sonrientes dando por afirmativa la exclamación de Lai. El Umbreo cogió la mano de su amada y ésta la llevo a su vientre donde el pequeño bebé comenzaba a crecer.
-¡No me lo puedo creer!-gritó Laisani abrazando a su hija. Urmea se echó a llorar nuevamente y se acercó a la joven Láska para darle la enhorabuena y acariciarle la tripita en un gesto cariñoso.-¿Pero qué edad tienes preciosa?- preguntó Urmea.
-Dieciséis años, unos pocos menos que él.-respondió Láska riendo de que Sillax era más de cien años mayor que ella.
-¡Eres una cría aún!-
Todos estaban eufóricos debido a la alegría de aquella noticia, todos excepto Drake que miraba serio a Sillax permaneciendo en total silencio. -Lo siento señor.-dijo Sillax al percatarse de que Drake lo miraba con cara de pocos amigos.
-¡Alégrate hombre!-le dijo Caín intentando calmar al que consideraba su hermano.-Sillax es el mejor úmbreo que jamás conocerás. Tú nieto será muy poderoso.-
Sillax agachó la cabeza, sabía porque Drake estaba así con él y en parte podía comprender su enfado.
-Sabías lo de la maldición.-gritó furioso Drake levantándose y golpeando la mesa con fuerza.
-Drake, la maldición no existe, Sillax es el hijo de Ájax y siempre ha sido un buen siervo de mi padre.- dijo Caín intentando calmar al íncubo.
-¿Qué maldición?-preguntó sorprendida Láska.
-Su padre intentó acabar con Nuru, él era el dueño de la Dama Blanca, mató a cientos de demonios hasta que Nuru hizo que yo acabara con su vida.-Sillax seguía con la cabeza gacha sin querer mirar a su suegro que parecía más cabreado que nunca. El pelo de Drake se había oscurecido como la noche, las garras y colmillos ya habían aparecido y sus ojos se habían vuelto rojos como la sangre.-La maldición que Ájax dejó sobre su descendencia auguraba la muerte de Nuru y la destrucción del mundo entero.-
Todos escucharon las palabras de Drake. Láska se quedó atónita, después se giró hacia su amado.-¿Por qué no me habías contado eso?-
-Lo siento...-dijo Sillax.
El silencio se apoderó de la estancia. Grista y Asker miraban al grupo más asustadas que nunca, delante de ellas podía estar la criatura que traería la destrucción del mundo. Ni siquiera un demonio la quería. ¿Por qué iban a hacerlo ellas?
-Pensabais llamarle Ájax ¿Verdad?-dijo Lilith rompiendo el incomodo silencio.
Láska asintió de mala gana.
-Mi hermana ha dicho que esa criatura debe nacer, le augura un futuro oscuro pero su nacimiento es primordial para Kartia, para Thaindor al completo.-
Escuchadas las palabras de Lilith, Drake se calmó.-¿Cambiará Kartia?-preguntó el demonio.
-Él ayudará a salvarla.-respondió Lilith.
La sonrisa que se dibujó en Drake era de satisfacción, su nieto sería importante y eso era lo que le importaba.
La joven Beik se encontraba recogiendo los últimos vasos y platos que quedaban en la barra para llevarlos a la cocina cuando la puerta de la taberna se abrió. La chica que quedó paralizada con la bandeja de plata en sus manos.
-No...-
-Buenas noches.-
La joven no sabía bien como debía actuar, llevaba a penas una semana allí y no sabía si aquellos clientes eran importantes, si debía echarlos, o cual fuese la reacción que debía tener para contentar a su jefa.
-¡Está cerrado ya!-dijo la joven viendo como seis preciosas mujeres acompañadas de tres hombres apuestos entraban.
-¿Está Grista?-preguntó la mujer castaña que había sido la primera en entrar.
-Está ocupada.-le respondio Beik.
-Dile que salga, Laisani la está esperando.-
La joven abrió la boca sorprendida, había escuchado hablar sobre Laisani la hija adoptiva de Grista que había sido condenada a la horca hacía unos años. Sin saber si estaba ante la verdadera Laisani la chica corrió en busca de su jefa pero cuando llegó al pasillo de las habitaciones se topó con Asker.
-¡Mira por dónde vas imbécil!-le gritó la chica furiosa al haberse chocado con ella. Antes de que la joven Beik pudiera decir nada, Asker se percató de lo nerviosa que estaba. -¿Qué te ocurre?-
-Ha entrado un grupo y... -la chica estaba nerviosa no sabía si por el hecho de tener un fantasma en la taberna o por que fueran a regañarle por haber dejado entrar a aquellos extraños que se encontraban acomodados en una mesa, como si esperaran ser atendidos.
-¿Ladrones?.-preguntó Asker asustada.
La joven negó con la cabeza.-¡Laisani!-gritó haciendo que Asker se quedara totalmente atónita.
-¿Qué?-
-Laisani está aquí...-
Antes de que la joven terminara su frase Asker comenzó a andar hacía el salón de la taberna. Su sorpresa fue mayúscula, allí estaba Laisani y su amado el Demonio Blanco junto a lo que parecían más demonios. Asker se escondió rápidamente esperando que ninguno de los de la mesa la hubiera visto. Su corazón parecía querer salir de su pecho, estaba aterrorizada. ¿Qué querían? ¿A qué habían venido allí? Rápidamente y sin dar explicaciones a la nueva corrió hacia el despacho de Grista.
Urmea se encontraba recogiendo la cocina cuando escuchó fuera de ella a gente hablando. La mujer puso los brazos en garra y frunció el ceño para salir furiosa de su lugar de trabajo hacia la barra.
-¡La cocina está cerrada!-gritó antes de percatarse de la presencia de Laisani.
-¿Te quedan natillas tía Urm?-
El ceño de la mujer se relajó y sus ojos comenzaron a brillar de forma intensa. -¡Pequeña!-gritó la mujer para ir corriendo hacia donde se encontraba Laisani. Las dos se abrazaron con fuerza mientras a la pobre anciana se le caían las lágrimas.
-Sabía que la traerías con nosotros otra vez.-dijo la mujer al despegarse de su querida niña y tocándole el pelo a Drake al que le dirigía aquella frase.
-Verdaderamente ella es quien nos ha salvado a ambos.-
Urmea miró a la joven muchacha de pelo rubio platino que se acaba de levantar de su silla. No hizo falta que nadie le explicara quien era, su sonrisa igual a la de Laisani y los ojos de hielo del padre, hicieron que la mujer reconociera en seguida de quien se trataba y comenzara a llorar con más fuerza.
-¡Eres preciosa!-dijo acariciando el rostro de Láska.
-Muchas gracias.-respondió sonriente Láska. -Mi madre me ha hablado mucho de tus buenísimas natillas.-
-¿Quieres unas preciosa? Han sobrado muchísimas.- preguntó la mujer sin dejar de acariciar a la chica en el rostro, como si no pudiera creer que su belleza fuese real.
-Me encantaría.-respondió la daimon.
-Os traeré cena a todos.-dijo la mujer.
-¡Espera tía Urm!-dijo Laisani antes de que la mujer se marchara para traerles algo de cenar. -Quería presentarte a mi familia.-
Urmea se secó las lágrimas y sonrió.-Conozco a algunos de los presentes.-dijo mirando a Caín y a Lilith.- Señora.-dijo haciendo una reverencia mientras miraba a la Dama de la noche.-Majestad.-continuó haciendo otra reverencia pero está vez refiriéndose a Caín.-Siento haber sido tan mal educada pero el corazón mandaba en mí.-
Caín alzó una mano y negó con la cabeza indicándole que no tenía importancia.
Laisani se apoyó en el hombro de Urmea.-Bueno, veo que conoces a mi cuñado Caín, el rey de los vampiros, de las criaturas de la noche e hijo de la muerte.- Cain sonrió con su preciosa sonrisa enseñando sus enormes colmillos.-Y a mi suegra, Lilith, la preciosa Dama de la Noche.-Lilith miró a Laisani y Urmea con su preciosa mirada felina y segundos después sonrió amablemente.-Ella es mi cuñada Itzel, la Reina de los Licántropos y la mujer de Caín.-presentó la joven. Itzel se levantó e hizo una reverencia.-Encantada de conocerla.-dijo la mujer del rey.- Ella es mi sobrina, la preciosa Cassandra, hija de Caín e Itzel.- La joven sonrió y alzando la mano saludó a Urmea que escuchaba atentamente a su pequeña protegida. -Ella es Caindra, mi cuñada conocida como la hija de la muerte.-Caindra saludó amablemente.- Ya conoces a mi marido, Drake y a mi hija Láska, él es su novio Sillax.-dijo señalando por último al úmbreo.
-¿Eres un úmbreo?-preguntó Urmea al joven.
-Así es señora.-respondió amablemente.
-Las leyendas contaban que eráis albinos, ya que la oscuridad está en vuestro interior, pero jamás pensé que era cierto.-
Sillax sonrió y asintió.-Pues son ciertas esas leyendas.-
-¿Y también es cierto que puedes usar tu sombra?-preguntó curiosa la mujer.
Sillax sonrió y de repente su sombra se separó de él para acercarse a Urmea, cogerle la mano y besársela. La mujer se asustó un poco pero al ver el bonito gesto del muchacho sonrió contenta.-¡Impresionante!-exclamó. Dicho esto la mujer se disculpó de los presentes para ir a en busca de la cena, no tenía pensado preparar nada, pero ya que tenían invitados especiales se pondría manos a la obra para hacer una tarta de arándanos, no todos los días un cocinero tenía a una semidiosa y un rey para comer en su mesa.
Asker tocó con vehemencia a la puerta de Grista pero antes de que ésta le diera permiso para entrar abrió la puerta.
-Señora, Laisania está aquí y ha venido con más demonios.-gritó la muchacha aterrorizada.
-¿Qué?-preguntó escéptica la mujer.
-Lo que oye, Laisani ha vuelto de entre los muertos. ¡Viene a matarnos!-
La mujer se levantó lentamente con la mirada perdida. Si aquello era cierto, si Laisani había vuelto de entre los muertos, está claro que había venido a buscarlas para vengarse. La mujer se quedó pensativa mientras escuchaba a la joven Asker sollozar.
-Yo la distraeré y tú mientras ves a por los guardias.-
-¿Los guardias señora? ¡Son demonios! ¡Siervos de Nuru! Ningún guardia podrá acabar con ellos.
-Ponte tranquila y haz lo que te pido.
Urmea había llamado a Beik para que la ayudara a servir los platos. La joven que había escuchado toda la conversación de la cocinera con Laisani estaba aterrorizada de acercarse a los siervos de Nuru.
-¿Eres nueva aquí?-le preguntó Laisani.
La chica asintió.
-No dejes que nadie te humille tu vales más de lo que Grista pueda hacerte creer.-
La chica sonrió ante las palabras de Laisani, fuese un demonio o no, la había hecho sentir bien, en los pocos días que llevaba allí Grista y Asker se habían encargado de bajarle la autoestima hasta límites insospechables, algo que comenzaba a hacer estragos en ella. Aquellas palabras eran un empujón de autoestima.
-Me recuerdas mucho a mí.-continuó Laisani observando a la muchacha, tenia media melena morena y los ojos verdes, su rostro reflejaba el dolor que Grista hacía sufrir a sus primerizas tal y como ella había sentido durante muchos años.
-¡Deja a mi chica!-gritó Grista.-Aquí no sois bienvenidos.
Laisani escuchó la voz de la que fue antaño su madre adoptiva y se giró lentamente para observarla. -Grista, yo también me alegro de verte.-dijo irónicamente la muchacha.
-¡Lárgate de aquí Laisani!-gritó la mujer.
-Solo quería presentarte a mi hija y a la familia de mi marido.-dijo Lai fingiendo estar molesta.
-He dicho que os marchéis.-gritó la mujer.
Justo después de pronunciar esas palabras Asker pasó por detrás de su jefa intentando huir hacia la puerta de salida.
-¡Asker! ¡Quería amiga!-
La joven se quedó paralizada unos instantes al escuchar las palabras de Lai y segundos después echó a correr hacia la puerta. Caín chasqueó los dedos y justo delante de la puerta apareció Caindra cortándole el paso a la joven atemorizada.
-No vas a ningún sitio.-dijo Caindra con una voz dulce pero que hizo que la muchacha se estremeciera.
-Solo queremos cenar en familia.-dijo Laisani.
-Grista no seas malaje, la chiquilla ha venido a visitarnos y a presentarnos a su familia, sé un poco amable.-dijo Urmea que traía el último plato de comida.-Estoy haciendo tarta de arándanos, espero que os guste.-
-¡Es mi favorita!-dijo Láska sorprendiendo a Urmea.
-Me alegro preciosa.-
-¡Urmea!-gritó Grista.-No van a quedarse a cenar.-
Urmea se giró hacia su jefa.-Cenarán y se marcharan.-dijo autoritariamente.
Grista y Asker refunfuñaron y se alejaron de la mesa donde estaban los intrusos. Ambas se refugiaron tras la barra a esperar a que terminaran y como Urmea había dicho se marcharan. La cocinera y la joven novata se habían sentado a cenar junto al grupo de siervos de Nuru, algo que había molestado a Grista y Asker.
-¿Cuándo nos vas a contar tu gran secreto Láska?-dijo Lilith.
Láska se encontraba comiendo un trozo de la tarta de arándanos que Urmea había hecho. Tragó la comida y sonrió nerviosa, percatándose de que todo el mundo excepto Sillax, su cómplice, la miraba con expectación.
-Tal vez no sea el momento.-dijo Láska.
-Es el momento.-dijo Drake ansioso por saber que era lo que su hija quería comentarles.
-¿Os vais a casar?-preguntó curiosa Urmea.
Láska y Sillax negaron a la vez moviendo la cabeza enérgicamente de un lado al otro.
-¡Oh Dioses!-dijo Cassandra, llevándose las manos a la boca debido a la sorpresa. La joven ya había adivinado lo que ocurría entre Sillax y Láska y justo cuando ella hizo aquella exclamación todos los presentes cayeron en la cuenta.
-¡Estás embarazada!-gritó Laisani sorprendida.
Láska y Sillax se miraron sonrientes dando por afirmativa la exclamación de Lai. El Umbreo cogió la mano de su amada y ésta la llevo a su vientre donde el pequeño bebé comenzaba a crecer.
-¡No me lo puedo creer!-gritó Laisani abrazando a su hija. Urmea se echó a llorar nuevamente y se acercó a la joven Láska para darle la enhorabuena y acariciarle la tripita en un gesto cariñoso.-¿Pero qué edad tienes preciosa?- preguntó Urmea.
-Dieciséis años, unos pocos menos que él.-respondió Láska riendo de que Sillax era más de cien años mayor que ella.
-¡Eres una cría aún!-
Todos estaban eufóricos debido a la alegría de aquella noticia, todos excepto Drake que miraba serio a Sillax permaneciendo en total silencio. -Lo siento señor.-dijo Sillax al percatarse de que Drake lo miraba con cara de pocos amigos.
-¡Alégrate hombre!-le dijo Caín intentando calmar al que consideraba su hermano.-Sillax es el mejor úmbreo que jamás conocerás. Tú nieto será muy poderoso.-
Sillax agachó la cabeza, sabía porque Drake estaba así con él y en parte podía comprender su enfado.
-Sabías lo de la maldición.-gritó furioso Drake levantándose y golpeando la mesa con fuerza.
-Drake, la maldición no existe, Sillax es el hijo de Ájax y siempre ha sido un buen siervo de mi padre.- dijo Caín intentando calmar al íncubo.
-¿Qué maldición?-preguntó sorprendida Láska.
-Su padre intentó acabar con Nuru, él era el dueño de la Dama Blanca, mató a cientos de demonios hasta que Nuru hizo que yo acabara con su vida.-Sillax seguía con la cabeza gacha sin querer mirar a su suegro que parecía más cabreado que nunca. El pelo de Drake se había oscurecido como la noche, las garras y colmillos ya habían aparecido y sus ojos se habían vuelto rojos como la sangre.-La maldición que Ájax dejó sobre su descendencia auguraba la muerte de Nuru y la destrucción del mundo entero.-
Todos escucharon las palabras de Drake. Láska se quedó atónita, después se giró hacia su amado.-¿Por qué no me habías contado eso?-
-Lo siento...-dijo Sillax.
El silencio se apoderó de la estancia. Grista y Asker miraban al grupo más asustadas que nunca, delante de ellas podía estar la criatura que traería la destrucción del mundo. Ni siquiera un demonio la quería. ¿Por qué iban a hacerlo ellas?
-Pensabais llamarle Ájax ¿Verdad?-dijo Lilith rompiendo el incomodo silencio.
Láska asintió de mala gana.
-Mi hermana ha dicho que esa criatura debe nacer, le augura un futuro oscuro pero su nacimiento es primordial para Kartia, para Thaindor al completo.-
Escuchadas las palabras de Lilith, Drake se calmó.-¿Cambiará Kartia?-preguntó el demonio.
-Él ayudará a salvarla.-respondió Lilith.
La sonrisa que se dibujó en Drake era de satisfacción, su nieto sería importante y eso era lo que le importaba.
jueves, 31 de octubre de 2013
La sangre del Demonio-Parte I
Llevaba mucho tiempo planeando el viaje, había tenido que sufrir mucho y hacer cosas que jamás pensaría que hiciera, pero por fin iba a conseguir lo que tanto deseaba. Metió un último traje en su equipaje y se sentó en la cama.
No podía parar de pensar en como se sentiría cuando le viera cara a cara, que le podría pasar por la cabeza al ver a La Dama Blanca sin su verdadero dueño. Asco y tristeza en las mismas proporciones le recorrían el cuerpo en ese momento. Asco por tener que ver el rostro que tanto daño le había causado y tristeza por ese dolor ocasionado.
De repente el bello de su cuerpo se erizó y sus pupilas se dilataron al sentir una presencia a sus espaldas. Con reflejos felinos se dio media vuelta y se alivió al ver quien había ido a visitarla.
-¡Prima!- exclamó abalanzándose sobre Cassandra que acababa de llegar.
-¿Estás segura de que podrás hacerlo sola?-le preguntó preocupada la Reina de la Noche.
Asintió levemente mientras abrazaba a su queridísima prima y su mejor amiga a la vez. -Estoy preparada para verle y para comenzar con el plan. Seré lo que siempre ha soñado.-
Cassandra le acarició la larga melena rubia platino, que le recordaba mucho al pelo blanco de su tío. -Debes ser fuerte y no dejar que la rabia se apoderé de ti. Eres mitad humana y eso te hace vulnerable.-
La joven se apartó un poco de Cassandra y la miró fijamente a los ojos.-Es cierto, pero para mí es una ventaja para llevar a cabo este plan.-
-Mi abuelo no querría perder a la mejor de sus Daimones, así que debes andarte con cuidado.-
La joven frunció el ceño, hacía mucho tiempo desde la última vez que alguien le había recordado que era una daimon, una nefilim nacida por la debilidad de un firkex. No le gustaba que la llamaran así, nunca había querido pensar que ella y su madre debilitaron a su padre hasta conducirle a su muerte, pero verdaderamente ella había nacido gracias a que el corazón de su padre se había humanizado hasta el punto de amar a su madre por encima de su propia vida. Si, en un demonio era debilidad, pero, ¿Qué demonio se libraba de la debilidad que supone el amor? Pocos podían resistirse, ni el propio dios de la muerte había sido capaz de hacerlo, Cassandra, también era fruto de una debilidad pero su condición de semidiosa no la consideraba una daimon, ella era conocida como "La Reina de la Noche". El mote que Cassandra y su familia le había puesto a ella no le gustaba nada, le hacía recordar constantemente que debía cumplir su plan y no fracasar en el intento, este mote era "La Dama Blanca", que se lo habían puesto por ser la única que sin ser una neya umbrea poseía el poder que éstos tienen y porque su aspecto y poder recordaban mucho al famoso barco pirata.
-¿Qué dice él?-preguntó la joven intentando dejar de pensar en todas aquellas cosas que lo único que hacían era ponerla nerviosa.
-¿You? Pues verdaderamente quiere que deje esa vida, y que se busque un hombre de verdad, que sepa cuidar de ella.- respondió Cassandra.
-Los de su calaña no son lo que se dice los mejores maridos. ¿Verdad?- dijo con una sonrisa pícara.
-Eso dicen de los demonios también.-le respondió Cassandra entre risas.
Ambas se rieron y se miraron con complicidad. A parte de que para ella Cassandra era como una prima, puesto que no eran familia verdadera, ella y Caindra eran las que la habían criado mientras su madre poco a poco se recuperaba.
-You lo único que quiere, es que alejas a su hermana antes de cumplir tu plan.-interrumpió Cassandra.
-Lo intentaré, pero si se interpone tendré que hacer algo al respecto.-dijo la joven mientras se acercaba a su tocador y de uno de los cajones sacaba una pequeña daga que enganchó en su ligero.
-Intenta no hacerle nada, You no me lo perdonaría.-
-¿Es de fiar? ¿Crees de verdad que no se irá de la lengua?-
-Confía en mi prima, él no dirá nada, solo quiere apartar a su hermana de esa vida.-
-Está bien, confiaré en ti. ¿Sabes si Evril y Dávala pondrán hacerme un último favor?-
-No involucres más a Evril, sabes que él odia ser utilizado y básicamente es lo que estás haciendo.- le reprochó Cassandra.
-No le estoy utilizando, solo le oculto parte de la información. Sé que durante el reinado de los Novoes hizo buenas migas con mi enemigo y bueno, no hablemos de Nay, ella...-
-Lo sé cariño.-la interrumpió Cassandra.
-Solo necesito que me ayuden con unos manuscritos.-
-Pídeselo si quieres, pero si puedes evitarlo, hazlo.-
-Tal ve La Ira...-
La daimon dejó de hablar de repente, se escuchaban pasos. Cassandra la miró con las pupilas dilatadas y de repente desapareció. Segundos después tocaron a la puerta.
-Láska, cariño mío, ¿Estás lista?-
Allí estaba su prometido, que la llamaba para emprender el viaje que la llevaría hasta el peor de sus enemigos.
No podía parar de pensar en como se sentiría cuando le viera cara a cara, que le podría pasar por la cabeza al ver a La Dama Blanca sin su verdadero dueño. Asco y tristeza en las mismas proporciones le recorrían el cuerpo en ese momento. Asco por tener que ver el rostro que tanto daño le había causado y tristeza por ese dolor ocasionado.
De repente el bello de su cuerpo se erizó y sus pupilas se dilataron al sentir una presencia a sus espaldas. Con reflejos felinos se dio media vuelta y se alivió al ver quien había ido a visitarla.
-¡Prima!- exclamó abalanzándose sobre Cassandra que acababa de llegar.
-¿Estás segura de que podrás hacerlo sola?-le preguntó preocupada la Reina de la Noche.
Asintió levemente mientras abrazaba a su queridísima prima y su mejor amiga a la vez. -Estoy preparada para verle y para comenzar con el plan. Seré lo que siempre ha soñado.-
Cassandra le acarició la larga melena rubia platino, que le recordaba mucho al pelo blanco de su tío. -Debes ser fuerte y no dejar que la rabia se apoderé de ti. Eres mitad humana y eso te hace vulnerable.-
La joven se apartó un poco de Cassandra y la miró fijamente a los ojos.-Es cierto, pero para mí es una ventaja para llevar a cabo este plan.-
-Mi abuelo no querría perder a la mejor de sus Daimones, así que debes andarte con cuidado.-
La joven frunció el ceño, hacía mucho tiempo desde la última vez que alguien le había recordado que era una daimon, una nefilim nacida por la debilidad de un firkex. No le gustaba que la llamaran así, nunca había querido pensar que ella y su madre debilitaron a su padre hasta conducirle a su muerte, pero verdaderamente ella había nacido gracias a que el corazón de su padre se había humanizado hasta el punto de amar a su madre por encima de su propia vida. Si, en un demonio era debilidad, pero, ¿Qué demonio se libraba de la debilidad que supone el amor? Pocos podían resistirse, ni el propio dios de la muerte había sido capaz de hacerlo, Cassandra, también era fruto de una debilidad pero su condición de semidiosa no la consideraba una daimon, ella era conocida como "La Reina de la Noche". El mote que Cassandra y su familia le había puesto a ella no le gustaba nada, le hacía recordar constantemente que debía cumplir su plan y no fracasar en el intento, este mote era "La Dama Blanca", que se lo habían puesto por ser la única que sin ser una neya umbrea poseía el poder que éstos tienen y porque su aspecto y poder recordaban mucho al famoso barco pirata.
-¿Qué dice él?-preguntó la joven intentando dejar de pensar en todas aquellas cosas que lo único que hacían era ponerla nerviosa.
-¿You? Pues verdaderamente quiere que deje esa vida, y que se busque un hombre de verdad, que sepa cuidar de ella.- respondió Cassandra.
-Los de su calaña no son lo que se dice los mejores maridos. ¿Verdad?- dijo con una sonrisa pícara.
-Eso dicen de los demonios también.-le respondió Cassandra entre risas.
Ambas se rieron y se miraron con complicidad. A parte de que para ella Cassandra era como una prima, puesto que no eran familia verdadera, ella y Caindra eran las que la habían criado mientras su madre poco a poco se recuperaba.
-You lo único que quiere, es que alejas a su hermana antes de cumplir tu plan.-interrumpió Cassandra.
-Lo intentaré, pero si se interpone tendré que hacer algo al respecto.-dijo la joven mientras se acercaba a su tocador y de uno de los cajones sacaba una pequeña daga que enganchó en su ligero.
-Intenta no hacerle nada, You no me lo perdonaría.-
-¿Es de fiar? ¿Crees de verdad que no se irá de la lengua?-
-Confía en mi prima, él no dirá nada, solo quiere apartar a su hermana de esa vida.-
-Está bien, confiaré en ti. ¿Sabes si Evril y Dávala pondrán hacerme un último favor?-
-No involucres más a Evril, sabes que él odia ser utilizado y básicamente es lo que estás haciendo.- le reprochó Cassandra.
-No le estoy utilizando, solo le oculto parte de la información. Sé que durante el reinado de los Novoes hizo buenas migas con mi enemigo y bueno, no hablemos de Nay, ella...-
-Lo sé cariño.-la interrumpió Cassandra.
-Solo necesito que me ayuden con unos manuscritos.-
-Pídeselo si quieres, pero si puedes evitarlo, hazlo.-
-Tal ve La Ira...-
La daimon dejó de hablar de repente, se escuchaban pasos. Cassandra la miró con las pupilas dilatadas y de repente desapareció. Segundos después tocaron a la puerta.
-Láska, cariño mío, ¿Estás lista?-
Allí estaba su prometido, que la llamaba para emprender el viaje que la llevaría hasta el peor de sus enemigos.
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