martes, 25 de febrero de 2014

Fragmento-El Oráculo del Norte.

Dyre le sonrió y después apoyó la cabeza en su pecho.

-¿Me quieres?-

-Claro que sí.-dijo Assar.

Dyre le abrazó con fuerza y cerró los ojos para escuchar el latido del corazón de su amado.

-¿Tienes frío?-preguntó Assar a su amada.

-No.-respondió ella.

El silencio se apoderó de la estancia,en la que los dos amantes se encontraban. Assar no era un chico que poseyera grandes riquezas pero su condición de guerrero protector del Jarl le había dado una buena posición entre los bondis más adinerados. Dyre por el contrario era una bondi de la clase más baja, su padre había muerto en la Guerra de la helada y su madre no había conseguido otro marido lo que hacía que el dinero no abundara en su casa. Assar y ella se conocían desde hacía unos años y a pesar de que aún no se habían prometido ambos se referían el uno al otro como tales.

-¿Cuando te marchas?-preguntó Dyre sin abrir los ojos y sin dejar de abrazar a su amado.

-Al amanecer-respondió el guerrero.

-No quiero que te vayas.-dijo la joven en tono triste. 

-Lo sé-dijo él en voz baja.-Pero he de marcharme, si podemos evitar una guerra o al menos alejarlos todo lo posible de aquí será mejor.-continuó él.

Assar y Dyre pertenecían a la tribu Ejjmian en el Reino de Nejkin, siempre había sido una tribu relativamente pacífica pero un problema territorial y según las malas lenguas un lío de faldas habían llevado a la tribu pacífica a entrar en guerra con su tribu vecina, Frodjmian. El Jarl de Frodjmian quería venganza, al parecer por un territorio cedido por el Rey y que el Jarl de Ejjmian se había apropiado. Assar no llegaba a conocer las verdaderas razones de ese estado de guerra que se había declarado entre ambas tribus y la verdad es que la mayoría de los Hersirs, los guerreros, tampoco lo hacían. Aún así, todos cumplían a ciegas las órdenes que el Jarl daba si eso mantenía a toda la aldea Ejji a salvo. 

Dyre suspiró, abrió los ojos y apartó su cabeza del pecho de Assar para poder mirarlo a la cara. 

-¿Pensarás en mi?-le dijo la joven.

Assar asintió para acto seguido besarla. Durante su relación Assar había tenido que viajar durante largos períodos, Dyre en la noche anterior a todos los viajes le hacía aquella pregunta. Era una especie de código de amantes, una pregunta que tenía un significado mayor del que muchos podían imaginar. Dyre no solo se lo preguntaba para saber si pensaría en ella durante todo el tiempo que iban a estar separados si no también para recordarle que le debía fidelidad al igual que ella y sobretodo para que no hiciera locuras y pudiera volver sano y salvo a su lado. La joven siempre había pensado que si él se acordaba de ella en momentos claves en los que su vida podía correr peligro le serviría como un amuleto o como un sexto sentido para evitar salir mal parado, la verdad es que hasta la fecha le había funcionado y por eso continuaban haciendo aquel pequeño ritual. 

De repente ambos amantes comenzaron a escuchar gritos fuera de la estancia, unos gritos que se convirtieron en un bullicio que a Assar le resultaba familiar. 

-¿Qué ocurre?-preguntó Dyre asustada.

-¡Escóndete!-grito Assar mientras se apartaba de ella para comenzar a vestirse. 

-¿Qué?.-preguntó la joven más asustada aún.

-¡El pacto! ¡No han cumplido el pacto!.-

El Jarl de Ejjmian había conseguido una pequeña tregua con el Jarl de la tribu enemiga, al amanecer Assar, el Jarl y algunos Hersirs más iban a marchar a una zona neutral para una negociación, no se iba a tratar de una batalla aunque claro estaba que tratándose de tribus atsilánicas aquello no era algo que se supiera a ciencia cierta. 

Dyre cogió su vestido y rápidamente se lo puso mientras Assar terminaba de vestirse.

-¿Crees que son ellos?- 

-Lo sé.-

La joven terminó de atarse los cordones del escote del vestido y rápidamente cogió la espada de hierro atsilánico de Assar y se la entregó.

-Escóndete y pase lo que pase no salgas.-le dijo el joven.

La chica asintió con vehemencia y después besó a su amado.

-Piensa en mí.-le dijo repitiendo el ritual. Assar le guiñó un ojo en una respuesta afirmativa para después salir de la casa. 

Dyre rápidamente empezó a buscar un escondrijo en la casa. Tardó unos dos minutos en conseguir sacar todo lo que había en un pequeño armario para esconderse ahí. Los minutos pasaban y podía escuchar los gritos de dolor de muchos guerreros, los llantos de los niños y mujeres y el chocar del acero de las espadas. Todo olía a humo e incluso le pareció sentir un poco de olor a sangre. Estaba aterrorizada, las mujeres de Ejjmian no eran cobardes, muchas de ellas habían ido a la guerra junto a sus maridos pero Dyre no era digna de todas esas leyendas que se contaban sobre las mujeres del norte. Ella siempre había vivido con miedo a la guerra, y a pesar de que era hija de un guerrero y la prometida de otro, odiaba la guerra y todo lo que ella acarreaba. La joven de aspecto frágil se tapó los oídos intentando evitar así escuchar todo el dolor que la batalla traía. Prácticamente era imposible pero al menos escuchaba con más fuerza su corazón y eso la tranquilizaba. Se imaginaba que era el latido de Assar, después de hacer el amor ella siempre se apoyaba sobre su pecho y escuchaba su corazón con los ojos cerrados, amaba el sonido de su corazón, amaba a Assar y solo él la podía consolar en aquel momento y hacer que su miedo desapareciera. 

De repente escuchó como alguien entraba en la casa, aquella casa en la que ella prácticamente vivía junto a su amado. ¡Fuera de aquí! Pensó la joven. ¡Fuera de mi casa! Los pasos de un hombre fuerte y seguramente muy pesado sonaban con fuerza haciendo que el pequeño armario donde ella se encontraba retumbara. Segundos después cesaron. Dyre notó su corazón más acelerado que nunca mientras rezaba a todos los Dioses del Valhala para que quien fuese el que estaba allí con ella no la encontrara. Los Dioses no la escucharon. El fornido hombre abrió el armario descubriendo a la joven, la cogió de un brazo y la sacó a malas de su escondite. 

-¡Pensabas que no te iba a encontrar!-le dijo burlón el soldado Frodjmian. 

-¡Suéltame!-gritó la chica intentando escapar. 

El hombre apretó con fuerza su brazo y la arrastró hasta la calla como si fuera un trasto inservible. 

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El Jarl de Frodjmian se sentó en la Silla Roja. Dyre observaba aterrorizada como la sangre de su antiguo Jarl llenaba el suelo de aquella lujosa estancia. 

-Traedlas a todas.-

-Están son las más jóvenes y guapas mi señor.-dijo Dellinger, uno de los Holds de Ejjmian y claramente un auténtico traidor. 

El nuevo Jarl observó a las chicas una a una, tomándose su tiempo para desnudarlas con la mirada. Dyre tenía la cabeza gacha, le daba asco estar ante el cadáver de su antiguo Jarl y sobretodo frente a un traidor. 

-¡Eh tú!-gritó el Jarl.

Dyre sintió que hablaba con ella, una punzada en el pecho se lo indicó, un presentimiento que claramente no erraba. 

El hombre se levantó de la silla y se dirigió hacia la joven para alzarle la cabeza agarrándola de la barbilla.

-Eres muy tímida.-le dijo en un tono que a la joven la hizo estremecerse. -No escondas esos preciosos ojos púrpura.-

Dyre no pudo evitar echarse a llorar, las lágrimas abandonaban sus ojos para recorrer su rostro hasta llegar a la sucia mano de aquel extraño.

-¿Qué ocurre preciosa?-le dijo en lo que fingía ser un tono dulce.

Dyre intentó librarse de la mano del hombre pero éste volvió a cogerla con más fuerza.

-He elegido.-gritó mirándola a los ojos. 

Dyre los abrió como platos y comenzó a temblar. ¿Ella era la elegida? ¿Para qué?

-Prepararme una habitación, la señorita y yo vamos a divertirnos.-

Dyre supo enseguida de lo que estaba hablando, quería acostarse con ella, lo que hizo que se pusiera más y más nerviosa, tanto que intentó echar a correr a pesar de que estaba atada de pies y manos. 

-Levantala.-ordenó el Jarl al ver que la joven se había caído de bruces y prepararla para mi.-

Dicho esto dos guerreros cogieron a la chica y se la llevaron. Los gritos de la joven se escucharon durante unos minutos. 

-Ha hecho una buena elección mi señor.-dijo Dellinger.

-Es muy guapa.-

-Y además es la prometida del hombre que se atrevió a humillar a su hijo.-

Los ojos del Jarl comenzaron a brillar como si reflejaran la enorme alegría que le había causado escuchar aquellas palabras. -¿Ha muerto?-preguntó a Dellinger.

-No, está en uno de los calabozos.-respondió el traidor.

-Que le lleven a la habitación. Verá lo que es que humillen a un ser querido.-

jueves, 16 de enero de 2014

Mito de las Dastas y las lluvias de estrellas.

Hace miles de años, antes de que las Dastas escribieran el destino de Thaindor, las estrellas, nacidas de cada muestra de amor del Sol a la Séptima Luna, tenían el don de conceder deseos.

Las estrellas eran enviadas a Kartia para que bendicieran con su don a los habitantes y les dieran prosperidad y suerte.

En Kartia existía unas islas que eran famosas por la cantidad de estrellas fugaces que caían en ella. Fue tan grande la fama que se llamaron Las Islas de las Estrellas e incluso varios reino se pelearon por quedárselas. Solo un reino humano consiguió tal hazaña, creando en la isla más grande,Hinn, la ciudad más próspera de su reino. Todos sus habitantes poseían su estrella fugaz, cumpliéndoles sus deseos y dándoles suerte. Todos excepto Aidil una pequeña niña de tan solo siete años. Aidil lloraba todos los días y suplicaba tener una estrella, pero jamás podía conseguir una. Cada vez que una estrella caía en Hinn alguien la veía antes que ella haciendo que fuese suya.

Las estrellas eran seres delicados, como las hadas y los duendes, caían desde la bóveda celeste a Kartia iluminando todo a su paso con lo su polvo estelar. Una vez que caían se convertían en una piedra redonda, fea, de color oscuro y tacto desagradable. Solo el amor podía convertir una piedra fea en la más bonita de las estrellas. Se debían decir palabras bonitas todos los días para que dicha piedra se iluminara y con el amor suficiente la piedra ya iluminada del todo se abría dejando nacer a la preciosa estrella. Un ser muy parecido a las hadas, con sus mismas alas pero con dones distintos. Estas hadas desprendían polvo de estrellas, poderoso y curativo, brillaban en la oscuridad, traían suerte y prosperidad y lo más importante concedían deseos.

Aidil creció infeliz y viendo como sus hermanas, primas, amigas conseguían lo que ella tanto anhelaba. ¿Por qué yo no puedo tener mi estrella? Se repetía una y otra vez la pobre muchacha. Se pasaba las noches en vela esperando su amada estrella pero nunca llegaba. Tenía ya veinte años cuando se dio por vencida, cuando pensó que ya jamás podría tenerla.

Miles de leyendas se contaban son las estrellas pero la más sonada era que si pasada la mayoría de edad no habías recibido una estrella jamás podrías recibir una. Aidil siempre había creído que muchas de las leyendas que se contaban eran falsas, algunas incluso se contradecían, pero esa en concreto la creía a pies juntillas. Con su veinte cumpleaños supo que jamás podría tener una estrella.

Pero el destino es caprichoso y no todas las leyendas certeras. Una noche, mientras lamentaba su desdichada vida por fin la encontró. Vio como su estrella descendía por el cielo hasta caer junto a sus pies. Vio como su luz se apagaba y quedaba la fea piedra en forma de pelota que todos le habían contado. Cuando se enfrió la cogió y la besó mientras pensaba en lo mucho que la iba a amar. Rápidamente marchó a su casa y comenzó a contarles a sus familiares que por fin tenía una estrella. La reacción que ellos tuvieron no fue la que ella deseaba.

Todos comenzaron a decirle que ella no se la merecía, que había cumplido la mayoría de edad y no debía poseer una. Que la estrella que había encontrado era de su hermana Dakial que no poseía ninguna y era mayor que ella. Aidil se negó a entregarle la estrella a su hermana. Dakial jamás había deseado una, nunca la había querido y ahora cuando se había dado cuenta  que jamás podía tenerla era cuando deseaba una. En cambio Aidil la había deseado desde muy pequeñita. Durante todos los días no paraban de recordarle que esa estrella no se la merecía, que no debía tenerla, era tal el acoso que Aidil sufría que ni siquiera tenía tiempo de decirle cosas bonitas a su estrella.
Tardó mucho en conseguir que esta comenzara a brillar un poco, lo que hizo que se ilusionara, pero esta ilusión duraría poco cuando se vio rechazada por todos. Todos la miraban mal, le negaban el saludo, la palabra e incluso la insultaban y escupían al verla.
Aidil cayó en una terrible depresión y una noche se encerró en su cuarto y deseo algo de lo que se arrepentiría toda su vida. Deseo la muerte de su estrella. Al día siguiente Aidil se despertó y vio la piedra abierta, dentro de ella no estaba su preciosa estrella brillante, alegre y simpática, solo había el cadáver putrefacto de un ser diminuto. Su estrella había muerto.

Todos volvieron a quererla, a dirigirle la palabra, a decir que era la mejor chica del mundo, pero ella, ella se sentía vacía. Durante dos años sufrió en silencio ese vacío, el dolor insoportable de haber perdido lo que más quería en su vida, hasta que un día decidió dar fin a su desdichada vida.
Aidil subió al Monte Estelar, el más alto de toda Hinn y allí escribió con unas letras enormes en el suelo un mensaje, acto seguido se clavó un puñal y dejó que su sangre rellenara las letras del mensaje. El mensaje decía "LO SIENTO. TE QUERRÉ POR SIEMPRE DASTA". Junto a su cuerpo se encontraba el cadáver de la pequeña estrella a la que ella había llamado Dasta.

La desgracia ocurrida a Aidil se conoció en todos los continentes de Kartia, e incluso llegó a las mismísimas princesas de las estrellas. Que desde lo más alto del firmamento podían ver aún la sangre de la joven pidiéndole perdón a su estrella. Alessa una de las princesas se quedó conmocionada ante aquella historia y aprovechando que ella vivía en Kartia marchó a Hinn a conocer lo que todo el mundo contaba, que la sangre y el cuerpo de la joven y su estrella, a pesar del tiempo, jamás se deterioraban y permanecían allí como si el tiempo no pasara por ellos.

Alessa sintió un fuerte dolor en su corazón al ver a la joven. Pero Alessa había sido bendecida en su nacimiento con el don de la videncia, ella conocía todo el futuro de Thaindor y sabía que el sacrificio de Aidil no había sido en vano. Besó el cuerpo de la joven convirtiéndolo en cristal, pero no en uno cualquiera si no en uno donde albergaría todo su conocimiento sobre el destino de Thaindor. Todo el que mirara a través de él vería el futuro. Alessa se acercó a la sangre de la joven y la roció con polvo de estrellas haciendo que se concentrara en una bola de color rojo brillante. La princesa cogió la bola y la introdujo en el cuerpo cristalizado de Aidil.

"Cada lágrima de sangre que derrames será una Dasta, una escritora del destino que se dedicará con tu sangre a escribir el futuro de cada habitante de Kartia"

Dichas esas palabras de los ojos cristalizados de Aidil salió la primera lágrima de sangre. Alessa cogió la lágrima segundo antes de que solidificara, la roció de polvo de estrellas y la colocó junto al cadáver de la estrella de Aidil.

"Tú, Dasta,serás la primera escritora del destino de Kartia y de toda Thaindor, serás la primera de las Dastas, la primera hija de Aidil. Mirando a través de tu madre y con su sangre escribirás en el la Sala del Destino"

La lágrima petrificada se unió a la pequeña estrella pegándose en su pecho segundos antes de que ambas comenzaran a brillar. Todas las estrellas fugaces que habían caído a Kartia se percataron de que sus dueños solo las querían por sus dones, por lo que decididas los abandonaron y se acercaron a ver a Aidil a Dasta y a Alessa para suplicarle a ésta última que las dejara volver al cielo y convertirse en Dastas. Alessa las dejó volver al cielo pero solo con una condición, tres veces al año caerían a Kartia e iluminarían el cielo por completo, para después crear un camino desde la casa de Aidil al monte, brindándole el más precioso homenaje que la madre de las Dastas merecía. Las estrellas fugaces no consiguieron convertirse en Dastas pero aceptaron la propuesta de Alessa.
Durante todos los años en Kartia hay tres lluvias de estrellas que recuerdan a Aidil,la madre de las escritoras del destino.A estas lluvias se las conoce como las "Lágrimas de Aidil".

Jamás ninguna estrella fugaz volvió a caer en Kartia para quedarse, aunque se las puede ver pasear por los cielos en algunas ocasiones, cuando una Dasta nace o muere y cuando el cristal de Aidil sonríe. Aún ha día de hoy las estrellas fugaces que pasean por el cielo iluminando Kartia pueden conceder deseos, siempre y cuando Aidil se lo permita.

martes, 26 de noviembre de 2013

Fragmento de El príncipe de fuego y la princesa de hielo Parte I

El príncipe de fuego y la princesa de hielo se miraron fijamente a los ojos en la sala de los espejos. Se amaban desde hace años pero sabían que su amor era imposible. Desde hace cientos de años El Reino del Fuego y el Reino del Hielo han permanecido en constante guerra, sus reinos eran enemigos y jamás aceptarían su unión. Pero eso no era lo único que les impedía estar juntos. Sus cuerpos, sobretodo el de la preciosa princesa era incapaz de permanecer junto al de él, un leve contacto hacía que ella sufriera el peor de os dolores, la simple presencia del príncipe le causaba fuertes dolores. Un beso, un abrazo, una caricia , gestos de amor que toda pareja enamorada se ofrece era algo que ellos dos no podían darse. Él la podía matar de un abrazo o si permanecía el tiempo suficiente con ella.

Y por eso se encontraban allí, en la sala de los espejos del oculto Castillo del Olvido, uno de los siete castillos ocultos de toda Kartia, que reinan cada uno de sus planos y el Limbo. Éste como su nombre indica era el castillo del temido Limbo.

Ambos mantenían la mirada. Él pudo observar como ella intentaba ocultar su dolor, comenzaba a sufrir a su lado, algo que el príncipe odiaba con todas sus fuerzas. Debían estar seguros de lo que iban a hacer, les había costado mucho encontrar ese lugar y sabían las consecuencias que conllevaría cruzar los espejos hasta el lugar donde las almas son olvidadas. Allí podrían vivir juntos, podrían amarse, podrían hacer lo que toda pareja enamorada hace, a pesar de que ello conllevara que ambos fueran olvidados para siempre en Kartia.

-Estás preparada...-le susurró él.

Ella asintió y le sonrió. La sonrisa más sincera y bella de la que los dioses han sido testigos, la sonrisa de una chica enamorada que ve cumplido el mayor de sus sueños. Se dieron la mano apretando con fuerza y sin mediar palabra cruzaron los espejos.

Nadie volvió a recordarlos, nadie tan si quiera sabía de su existencia hasta que una pequeña niña nacida de un roble, con el don de albergar cada uno de los recuerdos de Thaindor y sus habitantes, comenzó a hablar de ellos para traerlos de vuelta del Limbo. La pequeña contaba la historia del príncipe de fuego y la princesa de hielo a todo aquel que conociera, poco a poco y gracias al boca a boca la historia se conoció en toda Kartia, todos se conmocionaron con la preciosa historia de amor que les había llevado a algo peor que la muerte, incluso muchos Dioses lloraron por ellos, pero pese a lo que mucho creían aquello no fue en vano.

De repente volvían a estar allí en la sala de los espejos. Habían pasado cientos de años desde que habían cruzado hacia el lugar del olvido, y en todos ellos habían estado solos, ni siquiera habían podido encontrarse y sufrir juntos el dolor que era que todos te olvidaran. Su plan había fracasado  y habían perdido un tiempo valioso. La princesa cayó al suelo de rodillas y comenzó a llorar. En ese instante supo que jamás podrían estar juntos. Él tenía el corazón destrozado, la miró detenidamente, podía ver cada pedacito de su alma, roto, desesperado, triste, y no lo podía soportar. Sin mediar palabra, se marchó dejándola allí, sola, con el alma hecha trizas.

Durante siete días y siete noches ella permaneció en aquella sala, llorando y maldiciendo su destino. Pensó varias veces en volver al Limbo, en darle a él la oportunidad de vivir, pero no tuvo la fuerza suficiente de volver para sufrir lo que había sufrido durante años en aquel lugar. En la mañana de octavo día después de su regreso, la princesa recogió cada pedacito de su alma y los guardó bajo una enorme capa de hielo en su corazón, solo entonces, pudo marcharse de aquel lugar.  Volvió al único lugar donde podía estar, donde sería bien recibida y donde podría ser útil, volvió al Reino del Hielo. Lo que encontró allí no fue lo que ella esperaba. La aldea del hielo estaba destruida, el castillo del hielo había sido derretido para después congelarse en el peor de sus estados, paredes destruidas, salones destrozados, estatuas, reliquias, todo hecho una dura placa de hielo que atrapaba en su interior a miles de cadáveres de ambos reinos. Entonces lo comprendió todo. Sin ella el reino era débil y había sucumbido ante su eterno rival. Vio el humo del volcán Eldur y sintió rabia, el reino del fuego había conseguido lo que llevaba queriendo desde hacía cientos de años. Apartó la mirada para centrarla nuevamente en su castillo y fue entonces cuando le vio, erguido como si él no hubiese soportado esa guerra, como si nadie fuera capaz de destruirlo, allí estaba el trono de hielo que antaño había estado situado en lo más alto del castillo. Ahora, aunque a ras de suelo, lucía como un rayo de esperanza. Sin dudar un instante se acercó a él y se sentó sintiéndose triunfante ante tanta desolación. Y fue entonces cuando comprendió su destino, jamás podría estar junto a su príncipe, jamás serían felices, ni juntos, ni separados, aquella vida no les pertenecía y no podrían vivirla como ellos deseaban. Cerró los ojos y con una sonrisa en el rostro se fundió con el trono haciendo una única placa de hielo, como si de una estatua se tratase. Allí permanecería, indestructible recordando que la vida o siempre le pertenece a uno y sonriendo por haber aceptado de una vez aquella terrible premisa.

Pasaron los meses y el cuerpo congelado de la princesa permaneció intacto fundido con el trono del que había sido su reino, hasta que el príncipe volvió a por ella. Besó su mejilla y lloró sobre sus rodillas durante siete días y siete noches hasta que ella volvió. La sonrisa que durante todo este tiempo había adornado su rostro se borró de inmediato al verle, no porque no deseara que estuviera frente a ella, si no porque una vez más algo le indicaba que se podía luchar frente al destino impuesto.

-Visité al chamán y me dijo que la respuesta está en uno de los Siete Castillos.-le dijo él mirándola esperanzado.

El muro de hielo que protegía su alma rota se derritió por completo y levantándose del trono mirando fijamente a su amado, le instó para ir a buscar otro castillo.

Tardaron años en encontrar el segundo castillo oculto, éste era el Castillo de los Astros. El chamán les había aconsejado éste porque en él sus almas podrían vivir juntas sin importar su cuerpo, podrían besarse, amarse, y vivir la vida que siempre habían querido,y parecía que por fin todo aquello iba a hacerse realidad.

Permanecieron en silencio ante sus enormes puertas.En el momento que las atravesaran sus almas poco a poco se despegarían de su cuerpo y si conseguían encontrar la Sala de las Estrellas, podrían por fin, cumplir con el mayor de sus sueños. Y tras mucho sufrir en aquel castillo, allí se encontraban en la Sala de las Estrellas, observando cada una de ellas, si se acercaban lo suficiente podían ver a las grandes escritoras escribir cada uno de los destinos de los habitantes de Kartia. La princesa busco a su Dasta, su escritora , y allí la encontró con su pluma única observándola, esperando a que actuara. Se asustó y se apartó rápidamente de la pared estelar topándose con su amado que estaba enfrascado en la búsqueda de su Dasta. El golpe lo alertó e hizo que cesara su búsqueda.

-¿Tienes miedo?-le preguntó en un tono dulce mientras la acariciaba sin tocarla.

La princesa asintió y cogiendo la mano del príncipe le obligó a acariciarla. El dolor recorrió su cuerpo mezclado con un tremendo placer de haber sentido a su amado.

-¡Hagámoslo ya!-dijo ella deseosa de poder sentir esas caricias sin que fuese una tortura dulce.

Volvieron a cogerse de la mano y atravesaron la pared estelar para después volver nuevamente a la sala de donde habían venido,aunque esta vez de forma astral. Ambos vieron sus cuerpos sin vida, sin alma en el suelo de la sala, les impactó pero el deseo de abrazarse y tocarse fue superior. Rápidamente los príncipes comenzaron a tocarse, a besarse, a sentirse el uno al otro, algo que hasta ahora había sido prácticamente imposible. La pasión les dominó y durante siete noches y siete días se entregaron al placer de sentirse uno, de hacer el amor.  Pasaron los años y ellos mismos se proclamaron los príncipes de ese castillo, construyeron en él una sala que albergaría el cuerpo de cada uno, protegiéndolo así de cualquier intruso. En la sala de fuego, yacía el cuerpo del príncipe, y obviamente en la del hielo, el de la princesa. Vivieron felices durante todo ese tiempo haciendo lo que siempre habían deseado hasta que poco a poco, las caricias cada vez eran menos placenteras, los besos menos sabrosos y  hacer el amor menos mágico. Sus almas llevaban demasiado tiempo separadas de sus cuerpos y empezaban a perder el placer sensorial que éste les ofrecía. Sus almas se amaban y podían disfrutar de ello, pero sus cuerpos estaban totalmente separados y les impedía sentirse. La princesa volvió a entristecer y el príncipe sintió como tanto su corazón como el de ella se volvían a romper. Él se sentía frustrado, había vuelto a fracasar y volvía a verla triste, desconsolada. No existía mayor dolor para él que verla de aquella forma. Sin decir ni una palabra, se marchó a buscar ambos cuerpo, el de su amada y el suyo y volvió a llevarlos a la Sala de las Estrellas, después cogió la mano de su amada que yacía de rodillas en la sala del trono y la llevó junto a los cuerpos. Ella comprendió en seguida lo que él le estaba proponiendo. Se enjugó las lágrimas y dándole la mano volvieron a cruzar la pared para que sus almas volvieran a sus cuerpos.

Y ahí volvían a estar, sin poder besarse, sin poder tocarse. La desesperación comenzaba a hacer mella e ambos y podía verse a simple vista. El pelo rojo intenso del príncipe poco a poco se apagaba y los preciosos ojos azules de ella se volvían cada vez más blancos y apagados. Incluso la belleza que había caracterizado a los dos príncipes les comenzaba a abandonar, pero a ellos no les importaba, pensaban luchar hasta el final de sus días, hasta que los Dioses quisieran.

Nuevamente comenzaron una nueva búsqueda esta vez para encontrar el Castillo de la Noche, donde tal vez Caín podría ayudarles.

...continuará.

Licencia de Creative Commons
El príncipe de hielo y la princesa de fuego by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 Internacional License.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Detrás de la Leyenda-La Sangre del Demonio.

Imagen propiedad de Victoria Francés.
En esta primera entrega de Detrás de la Leyenda os voy a hablar de La Sangre del Demonio. Este título de primera es provisional, pues no estoy segura si le queda bien del todo, aunque conociéndome seguramente sea el título final, pues suelo dejar lo que en un principio pongo.

La Sangre del Demonio es una historia que se situará detrás de Éter y Sangre y es la continuación directa de Los Príncipes de los Piratas y de La Reina de los Piratas.

¿Cómo surgió?

Bueno tal vez antes de empezar a explicar como surgió esta historia debería comentar cómo surgió la idea de las historias anteriores pero creo que eso mejor lo haré en el apartado Detrás de la Leyenda de ambos títulos. Obviando eso, tengo que decir que la idea surgió más que nada por el éxito que tuvieron los fragmentos de las entregas anteriores. Cuando escribí el primer fragmento de La Reina de los Piratas jamás pensé que iba a tener tanta repercusión en amigos y lectores. Es cierto que estuve muy orgullosa de como había quedado el fragmento reconociendo casi de inmediato que sin duda era el mejor fragmento que había escrito en mi vida, pero aún así, no pensé que la historia interesara tanto. Los dos personajes principales llamaron mucho la atención y gracias a eso comencé a escribir los demás fragmentos y empecé con los de Los Príncipes de los Piratas, que tenían que ver directamente (Estos fragmentos nos aclaraban un poco la historia anterior de los otros fragmentos) Es entonces cuando comencé a pensar. Esa historia no debía quedar así, debía tener otro final, debía continuar y dar a los lectores un final más apoteósico y más después de los sucesos de Éter y Sangre.
Así fue, tras un sueño en el que como una película la historia se me presentó, fue cuando decidí que era el momento de presentar esta historia, de escribir un primer fragmentos y de detallar poco a poco lo que ocurrirá en ella.

¿Cuántos libros compondrán esta nueva serie?

Pues aún no lo tengo pensado, pero si puedo será únicamente un libro. La historia es interesante pero tampoco quiero alargarla mucho, junto a los anteriores que complementarían toda la trama sumarían más o menos unos diez libros aproximadamente, así que creo que con uno será suficiente. Además esta historia está pensada para dar punto y final a una trama, así que solo será un libro.

¿Qué historias están relacionadas?

Ya lo he comentado antes pero vuelvo a repetir. Por orden cronológico, la serie Los Príncipes de los Piratas, la serie La Reina de los Piratas, y dos entregas de Las Mujeres de Caín (Cassandra,la hija y Caindra,la hermana). Para complementar la historia tal vez sería buena la lectura de Éter y Sangre también.

¿Quién o quiénes protagonizan esta historia?

Habrá una protagonista única, aunque se rodeará de muchos personajes conocidos de otras historias. La protagonista es una Daimon, llamada Láska que busca venganza. Su búsqueda la llevará a acercarse a su peor enemigo e incluso cabrear al mismísimo Dios de la Muerte. La imagen que encabeza esta publicación, propiedad absoluta de Victoria Francés, es la imagen que hay en mi mente de como es Láska.

Y bueno con esto creo que ya doy la información suficiente para que os vayáis adentrando en esta nueva historia. Espero que os guste y que queráis acompañar a Láska en su viaje de venganza.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Magia y Magos Parte I

En Thaindor la magia juega un papel muy importante. El mundo por completo está creado gracias a ésta y a pesar de que el mundo se alimenta con ella, ésta poco a poco también lo está matando.

Del primer beso de Vanda y Vaen nació Agio, el dios de la magia. Éste permaneció como una pequeña esfera de luz en el universo, como una pequeña estrella. Nadie se percató de que el pequeño Nenkar estaba allí, pero él poco a poco creció, inundó su alma de todo el poder mágico que pudo y tras eso consiguió nacer. Antes de su nacimiento los Nenkars Túmonen habían creado los planetas, y de todos ellos Kartia fue el que a Agio le llamó la atención. En su primer viaje a ese pequeño mundo, comprobó que le faltaba algo, que necesitaba algo de su poder, así que decidió bendecir a Kartia con su don, bendiciendo así el planeta por completo con el don de la magia. Tras ésto decidió bendecir a cada planeta de Thaindor con su don, haciendo que todos y cada uno de ellos tuviera un poco de magia en su interior.

Sus hermanos los Túmonen empezaron a tener el deseo de crear las primeras razas, y Agio decidió bendecirlas  así pues nacieron los elfos, con su pequeño poder mágico. Pero la cosa no terminaría así pues tras la creación de los humanos Agio decidió bendecir a una de las casa de humanos, de la que nacieron los magos. Tras esta bendición, Agio decidió bendecir aleatoramiente a algunos habitantes de Kartia, haciendo así que hubiese magos en todas las razas.

Pero del beso de Vanda y Vaen no solo nació Agio, de los celos de Vaen de pensar que los labios de Vanda podrían besar a otro que no fuese él, de esa ira, de esos celos nació Degio, el banenkar de la magia. Menos poderoso que Agio, puesto que él no podía bendecir con su don a nada ni a nadie decidió crear el "Polvo". El Polvo son unas pequeñas partículas que la magia deja tras su uso, un rastro, una condensación del rastro de la magia. Esta huella, hacía que Degio pudiera absorber poder, el suficiente para poder empezar a bendecir a sus súbditos, a todos los que le seguían. Pero no solo le proporcionaba poder, el Polvo constituyó un medio perfecto para enfermar Kartia. Cuanto más usaban la magia lo habitantes de Kartia, más medios ofrecían a Degio y a Fujea, la banenkar de las enfermedades, para crear nuevas dolencias de índole mágico que eran prácticamente incurables. Las enfermedades mágicas se curan con magia, que crea más Polvo, más poder para Fujea y Degio, por lo que era un circulo vicioso, que jamás tendría fin. Gracias a ello, Nuru consiguió alzarse con el trono, conseguir más poder. (Véase el apartado Deidades de Thaindor-Nacimiento de Nuru)

Así fue como la magia inundó Kartia, el universo entero, y como apareció el Polvo que comenzó a hacer que los magos regularan su uso. (Para saber más sobre el nacimiento de la magia y los magos visita este enlace)

Desde su origen la magia ha sido una parte fundamental de los habitantes de Kartia. Tenemos dos tipos de vertientes, la Magia Sacra, creada por Agio y la magia Arcana, creada por Degio, conocido también como la forma infernal de Agio debido al parecido físico de ambos.

La Magia Sacra: Esta magia es conocida como la magia bondadosa,la magia de los nenkars. Fue creada por Agio y está reconocida por los Sabios como la magia oficial a utilizar en Kartia. Como todas las magias produce Polvo, por lo que muchos son reacios a utilizarla.

La Magia Arcana: Nacida del Polvo y de la ira de Vaen personificada en Degio, es una magia antigua y totalmente prohibida. Su uso en Kartia está perseguido y condenado con la muerte. Está magia al igual que la anterior produce Polvo, en más cantidad que la Sacra, pero también protege a sus conjuradores de sufrir las enfermedades que éste provoca. Se la conoce como Magia Negra, aunque su contraparte no es la Magia Blanca, si no que es la Magia Sacra, que engloba todas las magias de Agio. (Más adelante comprenderéis esta frase.

A esta división se la conoce por división por Ramas.

Dentro de esta división encontramos otra nueva división que puede pertenecer a una de las dos anteriores indistintamente. Esta división se la conoce a la división por Tipo.

-Magia Nacarada:
La magia nacarada es como se conoce a la magia de los elfos blancos. También se puede conocer erróneamente como Magia Blanca, pero es un nombre erróneo, más adelante en la división por utilidad se explicará el porqué de éste error. En este tipo de magia abundan los hechizos de sanación.

-Magia Natura:
La magia Natura o Verde como se la conoce comúnmente es la magia de la naturaleza. Los poseedores de esta magia son los elfos Verdes(Lante) por eso se la conoce con ese nombre. En este tipo de magia abundan los hechizos que causan estados alterados al contrincante.

-Magia Cerúlea:
Conocida comúnmente como la Magia Azul. Es la magia más antigua que existe en Kartia y pertenece a los Elfos de Agua o Ávonos. En este tipo de magia abundan los hechizos elementales de agua.

-Magia Argéntea:
Es la Magia Lunar, (no forma parte de la magia Astral). Este tipo es el que usan los Elfos Oscuros. Abundan los hechizos en objetos, que les otorgan poderes sobrenaturales.

-Magia Astral:
Es la magia de las estrellas, sus hechizos son muy poderosos y difíciles de lanzar. Es uno de los grupos
más raro y más escaso de todo Thaindor. Sus hechizos son capaces de alterar el universo por lo que están completamente prohibidos por los Sabios.

-Magia Temporal: 
Junto a la Magia Astral es una de las magias más rara y poderosa. Es la magia del tiempo. Sus magos son capaces de para el tiempo e incluso hacer viajes temporales. Al igual que la Magia Astral, su uso puede alterar el universo y las distintas realidades de éste por lo que está totalmente prohibido su uso.

-Magia Mental:
Es toda la magia que implique una concentración mental, entre ella destacamos los psíquicos o ilusionistas. En ella abundan los hechizos que manipulan la mente del contrario. Está totalmente prohibido su uso por lo que la mayoría de los que la usan siguen la Rama de la Magia Arcana, por lo que con el tiempo se ha llegado a considerar a la Magia Mental como únicamente Arcana.

-Magia interior:
Es la magia que poseen los Zéneres,Suremas y los Runkos. Viene desde el interior y solo puede ser usada por las marcas rúnicas, pupilares o el don de los Suremas para invocar.

-Magia Telúrica: 
La que poseen los Kartors(no Kartiors estos usan Elemental). Pueden hacer terremotos y mover la tierra se consideraría un elemental pero no del todo puesto que también pueden hacer otro tipo de hechizos.

-Magia So-nora o Musical: 
Es la magia que poseen los Medos, magos musicales, capaces de hacer hechizos con música. Es una magia muy poco común pero no está prohibida.

-Magia Escrita:
Es la magia que utilizan los Criptos. Es una magia antigua y escasa, pero muy útil para preservar lugares u objetos a lo largo del tiempo. Los Magos Criptos escasean, por no decir, que prácticamente no existen, pero si hay muchas razas que utilizan esta magia en sus hechizos. (Ejemplo los Elfos Oscuros) Es distinta a la magia que usan los Runkos, puesto que sus runas están escritas de nacimiento por los Dioses.

-Magia Elemental*:
Es toda la mágica que poseen los neyas. Su poder proviene de los Espíritus de los Elementos.

*La Magia Elemental es distinta a las anteriores, es una magia que proviene de los espíritus de los elementos y no del propio Nenkar Agio o el Banenkar Degio. A pesar de ello se incluye como un tipo más. Los hechizos elementales que pueda poseer cualquiera de los otros tipos, son totalmente distintos y provienen de un poder distinto. Lo más importante de la Magia Elemental es que no crea Polvo.

Además de esta división, los hechizos de cada tipo de magia se pueden dividir según su utilidad. En esta división se vuelve a mencionar, los hechizos elementales pero éstos no son los que los Neyas utilizan, pues cualquier hechizo de Neya es elemental, si no se refiere a los hechizos de los demás tipos de magia que hacen uso de los elementos.

-Magia Blanca:
Es la magia curativa o de protección.

-Magia Elemental:
Es la magia de los 4 elementos y sus derivados.(Agua, fuego, tierra, aire,hielo, electricidad ...)

-Magia Común:
Son todos los hechizos que no pertenecen a los otros grupos.

-Magia de apoyo:
Son todos los hechizos que ofrecen una mejora en los usuarios.

-Magia de defensa: 
Todos los hechizos que ofrecen una defensa a los usuarios.

-Magia Alteradora:
Todos los hechizos que alteran la condición del contrincante.

(Las invocaciones no se consideran hechizos por lo tanto no entrarían en ninguno de estos tipos.)


El nombre de Magia Blanca. Erróneamente se conoce como Magia Blanca a la Sacra y a la Nacarada, a la primera por la confusión de que la Arcana se conozca como Negra y a la segunda por el nombre de la raza que la usa (Elfos Blancos) y porque en ella abundan los hechizos de sanación. La verdadera Magia Blanca, engloba todos los hechizos que son de protección o curación a pesar de que erróneamente en Kartia se mencione para las anteriormente nombradas.

Diferencias entre división de Rama, Tipo y Utilidad. La diferencia de las divisiones se puede ver fácilmente si escogemos un hechizo cualquiera, pero si hay que dar una explicación, debemos puntualizar que la Rama es a elección del conjurador. Todo hechicero nace con la capacidad de crear magia Sacra y magia Arcana, dependiendo de sus propósitos decide si utilizar una rama o la otra o ambas si lo desea. El Tipo viene determinado por la raza, si naces Elfo Blanco, jamás podrás usar Magia Telúrica, y si naces Elfo de Tierra (Kartor) jamás podrás utilizar Magia Nacarada. (solo los híbridos podrían hacer esto, pero obviamente eso se tratará en otro apartado) La utilidad es únicamente para clasificar hechizos. Tu puedes utilizar un hechizo de apoyo de tipo de magia nacarada de rama sacra. La utilidad depende de lo que sea el hechizo, si sirve para sanar, ayudar, proteger...

Hasta aquí tenemos la primera entrada sobre magia y magos en Thaindor. En la siguiente entrada explicaremos los tipos de magos, la clasificación de los hechizos según los sabios y los niveles de los magos.

jueves, 31 de octubre de 2013

La sangre del Demonio-Parte I

Llevaba mucho tiempo planeando el viaje, había tenido que sufrir mucho y hacer cosas que jamás pensaría que hiciera, pero por fin iba a conseguir lo que tanto deseaba. Metió un último traje en su equipaje y se sentó en la cama.

No podía parar de pensar en como se sentiría cuando le viera cara a cara, que le podría pasar por la cabeza al ver a La Dama Blanca sin su verdadero dueño.  Asco y tristeza en las mismas proporciones le recorrían el cuerpo en ese momento. Asco por tener que ver el rostro que tanto daño le había causado y tristeza por ese dolor ocasionado.
De repente el bello de su cuerpo se erizó y sus pupilas se dilataron al sentir una presencia a sus espaldas. Con reflejos felinos se dio media vuelta y se alivió al ver quien había ido a visitarla.

-¡Prima!- exclamó abalanzándose sobre Cassandra que acababa de llegar.

-¿Estás segura de que podrás hacerlo sola?-le preguntó preocupada la Reina de la Noche.

Asintió levemente mientras abrazaba a su queridísima prima y su mejor amiga a la vez. -Estoy preparada para verle y para comenzar con el plan. Seré lo que siempre ha soñado.-

Cassandra le acarició la larga melena rubia platino, que le recordaba mucho al pelo blanco de su tío. -Debes ser fuerte y no dejar que la rabia se apoderé de ti. Eres mitad humana y eso te hace vulnerable.-

La joven se apartó un poco de Cassandra y la miró fijamente a los ojos.-Es cierto, pero para mí es una ventaja para llevar a cabo este plan.-

-Mi abuelo no querría perder a la mejor de sus Daimones, así que debes andarte con cuidado.-

La joven frunció el ceño, hacía mucho tiempo desde la última vez que alguien le había recordado que era una daimon, una nefilim nacida por la debilidad de un firkex. No le gustaba que la llamaran así, nunca había querido pensar que ella y su madre debilitaron a su padre hasta conducirle a su muerte, pero verdaderamente ella había nacido gracias a que el corazón de su padre se había humanizado hasta el punto de amar a su madre por encima de su propia vida. Si, en un demonio era debilidad, pero, ¿Qué demonio se libraba de la debilidad que supone el amor? Pocos podían resistirse, ni el propio dios de la muerte había sido capaz de hacerlo, Cassandra, también era fruto de una debilidad pero su condición de semidiosa no la consideraba una daimon, ella era conocida como "La Reina de la Noche". El mote que Cassandra y su familia le había puesto a ella no le gustaba nada, le hacía recordar constantemente que debía cumplir su plan y no fracasar en el intento, este mote era "La Dama Blanca", que se lo habían puesto por ser la única que sin ser una neya umbrea poseía el poder que éstos tienen y porque su aspecto y poder recordaban mucho al famoso barco pirata.

-¿Qué dice él?-preguntó la joven intentando dejar de pensar en todas aquellas cosas que lo único que hacían era ponerla nerviosa.

-¿You? Pues verdaderamente quiere que deje esa vida, y que se busque un hombre de verdad, que sepa cuidar de ella.- respondió Cassandra.

-Los de su calaña no son lo que se dice los mejores maridos. ¿Verdad?- dijo con una sonrisa pícara.

-Eso dicen de los demonios también.-le respondió Cassandra entre risas.

Ambas se rieron y se miraron con complicidad. A parte de que para ella Cassandra era como una prima, puesto que no eran familia verdadera, ella y Caindra eran las que la habían criado mientras su madre poco a poco se recuperaba.

-You lo único que quiere, es que alejas a su hermana antes de cumplir tu plan.-interrumpió Cassandra.

-Lo intentaré, pero si se interpone tendré que hacer algo al respecto.-dijo la joven mientras se acercaba a su tocador y de uno de los cajones sacaba una pequeña daga que enganchó en su ligero.

-Intenta no hacerle nada, You no me lo perdonaría.-

-¿Es de fiar? ¿Crees de verdad que no se irá de la lengua?-

-Confía en mi prima, él no dirá nada, solo quiere apartar a su hermana de esa vida.-

-Está bien, confiaré en ti. ¿Sabes si Evril y Dávala pondrán hacerme un último favor?-

-No involucres más a Evril, sabes que él odia ser utilizado y básicamente es lo que estás haciendo.- le reprochó Cassandra.

-No le estoy utilizando, solo le oculto parte de la información. Sé que durante el reinado de los Novoes hizo buenas migas con mi enemigo y bueno, no hablemos de Nay, ella...-

-Lo sé cariño.-la interrumpió Cassandra.

-Solo necesito que me ayuden con unos manuscritos.-

-Pídeselo si quieres, pero si puedes evitarlo, hazlo.-

-Tal ve La Ira...-

La daimon dejó de hablar de repente, se escuchaban pasos. Cassandra la miró con las pupilas dilatadas y de repente desapareció. Segundos después tocaron a la puerta.

-Láska, cariño mío, ¿Estás lista?-

Allí estaba su prometido, que la llamaba para emprender el viaje que la llevaría hasta el peor de sus enemigos.

martes, 10 de septiembre de 2013

Fragmento la Reina de los Piratas III: Venganza Parte III

Mair sacó la muñeca del cajón de la mesa de su camarote. No pudo evitar sentir como la angustia inundaba su corazón oprimiéndole el pecho. Recordó a aquella pobre chiquilla que tanto había sufrido por culpa de los Piratas, de lo que él ahora mismo era. Hacía tiempo que ella había desaparecido, pero aún así siempre sentía la necesidad de vengarla al igual que a sus padres.

-Maren...-dijo en un susurro.-Siento que sufrieras tanto por los tipos de mi calaña,siento...-las palabras se le atascaban en la garganta creando un nudo que le impedía continuar. Apretó con fuerza aquella muñeca, lo único que le quedaba de Maren, de aquella pobre e inocente niña a la que había traicionado todo el mundo, incluso él mismo.

Aguantó las lágrimas, dejó encima de la mesa la sucia y rota muñeca de trapo y se levantó de su cómoda silla para mirar el horizonte por la gran ventana que el camarote tenía. Estaba atardeciendo, el cielo rojizo presagiaba mal tiempo algo que debía preocuparle a un capitán. Pero Mair estaba demasiado absorto en sus pensamientos, tenía que acabar con Drake, tenía que conseguir vengar a todos los que él había querido y el demonio se los había arrebatado. Cerró los ojos. La oscuridad le recordaba a él, pero no le importaba, en aquellos momentos quería escuchar a su mente, a su corazón. Pero éstos querían jugarle una  mala pasada.

Allí estaba la pequeña tirando de los cabos como si lo hubiese hecho durante su corta vida. ¡Maren! Se dijo a si mismo el pirata dejando que su mente lo llevara a aquel recuerdo a pesar de que sabía que le dolería.

-¿Lo hago bien?- dijo la pequeña.

-Átalos al mástil.-

La niña sonrió y obedeció. Mair recordaba aquella sonrisa, recordaba la pureza que desprendía, la inocencia que reflejaba. En aquel momento a penas llevaba unos meses en el barco, todos los tripulantes la respetaban, se hacía pasar por chico como su capitán y tutor le había aconsejado y la verdad es que lo hacía muy bien. Mair conocía su secreto y la veía como una dulce niña luchadora que solo buscaba un lugar donde encajar. Se parecía mucho a él y tal vez eso fue lo que hizo que el joven confiara en la niña más que en nadie en el mundo. Ella le escuchaba y animaba a cumplir su cometido. ¡Maren! Volvió a pensar el joven abriendo los ojos para evitar recordarla durante más tiempo.

-Juro que ese demonio pagará por todo lo que nos ha hecho.-dijo enfurecido cerrando los puños y apretando los dientes.-Acabaré con él, acabaré con todos los que nos hicieron esto y juro que cumpliré tu sueño...-

El joven se giró nuevamente hacia la mesa y se dejó caer en la silla.-Donde quiera que estés te proclamaré la reina de los piratas y...-el nudo volvió a instalarse en su garganta. Golpeó la mesa con fuerza haciendo que los mapas se arrugaran un poco. Sintió las punzadas de dolor que hacia años había sentido con la pérdida de la niña y de un manotazo tiró todo lo que había en la mesa al suelo.

-¡Te odio Drake! ¡Te odio a ti y a toda tu estirpe!-gritó enfurecido clavando una de sus dagas en el mueble de madera de roble. Su mirada se perdió unos instantes en la habitación cegada por la ira, pero segundos después se posó sobre la raída muñeca. ¡Maren! Recordó como odiaba la niña los enfados, como odiaba enfadarse y ver a alguien enfadado. Rápidamente se acercó a la muñeca y la cogió con dulzura.

-Maren...mira en lo que me he convertido.-El joven calló de rodillas al suelo.-Soy igual que ellos...-dijo desolado.-Soy lo que ambos odiábamos,soy....-suspiró con fuerza y dijo las palabras como si le costara pronunciarlas.-Soy un pirata.-Apoyó la cabeza en el suelo como si estuviese haciendo una reverencia y se echó a llorar. Él no se quería llegar hasta ese extremo, no quería convertirse en lo que tanto había odiado. ¿Qué le diferenciaba de Drake? ¿Qué le diferenciaba de su padre, Dagal, El Despiadado? ¿Qué le diferenciaba de los demás príncipes? No se había ganado el mote de Mair, El Sanguinario por ser buena persona, había asesinado, había violado, había mutilado, saqueado, torturado...El joven golpeó el suelo con rabia pensando en la enorme lista de atrocidades que había cometido. ¡Esto es ser un pirata! ¡Esta es la vida que elegí! Se tumbo en el suelo de madera del camarote azul. ¿Eran ciertas las leyendas que camarote de El Alma Azul entristecía los corazones? Mair se enjugó las lágrimas con las magas de su camisa y comenzó a cantar en susurros una canción pirata.

Así es la vida de un pirata,saquear tras la victoria y nada dejar....En cada puerto un amor, después del ron...

El joven suspiró nuevamente. No recordaba la letra de aquella canción que a Maren tanto le gustaba. Pensó unos instantes y repitió las pocas frases que recordaba intentando que la continuación de ellas le viniera a la cabeza.

-Hey,hey, así mi vida es, Hey, hey, de pirata ya lo veis.-dijo el joven dando por finalizada la dichosa canción.

La oscuridad ya se había apoderado de la estancia, si no encendía pronto las lámparas de aceite pronto no llegaría a ver más que lo que las lunas le dejaran. No le importó. En la oscuridad sentía la presencia del demonio, sentía a Drake cerca y eso le hacía poder pensar con más claridad su venganza.

-¡No me arrepiento Maren!-dijo como si la niña pudiese escucharle.-Si, me he convertido en lo que odiábamos, en lo que te prometí que no sería.-

El joven tiró con fuerza la muñeca estámpandola contra la pared de la estancia. El juguete cayó al suelo tras el golpe perdiendo la cabeza que rodó acercándose al joven y quedándose justo del derecho, observándole, como si se tratase de la mismísima Maren que le recriminaba su actitud con aquella mirada sin vida.

-¡No me mires así!-dijo dándole una patada a la cabeza de tela.-¡Es lo que soy! ¡Es en lo que me he convertido!- dijo enfurecido. -Hubieses pensado antes las consecuencias que la venganza conlleva.-

El joven respiró hondo, se incorporó y cogió la cabeza y el cuerpo de la muñeca. Encendió una de las lámparas y después se dirigió hacia su mesa. De uno de los cajones sacó un hilo y una aguja para acto seguido comenzar a coser a la malparada mujercita de trapo. Había hecho eso tantas veces, que a pesar de no ser un buen costurero, conseguía hacerlo de forma muy rápida. En cuestión de pocos minutos terminó de unir las partes y volvió a dejarla dentro del cajón donde la había sacado.

-Lo siento Maren, es lo que soy, me gusta ser así.-apoyó los pies sobre la mesa y miró el cuadro que había en frente. El Sanguinario lucía sus mejores ropajes en la proa de su barco. Odiaba ese ostentoso retrato. ¿Por qué todos los Príncipes tenían que tenerlo? Cogió la daga que había clavado en la mesa antes y se acercó a la pintura.

-¿Este es quien quieres ser Mair?- se preguntó a si mismo. Desde su interior él mismo se respondió. "Si, si es necesario para llevar a cabo mi venganza" pero justo al terminar de pensar la última de las palabras recordó a la pequeña.

-¿Por qué los Piratas son tan malos? ¿Por qué tienen que matar a la gente inocente?-

-No lo sé, pequeña.-

Recordó su llanto y la angustia inundo su pecho nuevamente. ¡Oh Maren! Replicó en sus pensamientos. ¿Por qué me haces esto? se dijo desolado. Acto seguido cogió la daga y la clavó en el cuadro, justo en el pecho del que se suponía que era él.

-La venganza duele, necesita de paciencia y fuerza de voluntad-arrastro el cuchillo rajando la pintura. -He cambiado, he cambiado mucho desde que empecé mi periplo vengativo.- sacó el cuchillo del cuadro y volvió a clavarlo para deslizarlo y hacer otra raja.-Pero tú aún estás en mis recuerdos Maren, tú, aún haces que siga teniendo conciencia.-Repitió la misma operación desgarrando la pintura otra vez. -Soy un pirata Maren, soy hijo de un Príncipe Pirata y he de asumirlo.- Por último clavó el cuchillo en la pared y cogió el cuadro y ayudándose de su rodilla lo partió en dos. Tiró el destrozado retrato al suelo y después se dirigió hacia la mesa, al cajón, a por la muñeca.

-Pero... que sea un pirata...- Mair volvió a coger el cuchillo y con él clavó la muñeca en el lugar donde hacia unos segundos se encontraba el retrato. - Que sea un pirata no hace que me olvide de que tú fuiste la que me dio fuerzas para empezar esto. Tú eres la princesa, la reina de los piratas.-

Dicho esto volvió a su silla y se sentó observando a la muñeca.

-Directriz 12, cada Príncipe deberá llevar su retrato oficial en el camarote, que le protegerá de los ataques de los demás y denominará soberano de los mares en los que reina y del barco en el que se encuentre. -dijo con voz ronca imitando al gordo borracho que solía hablar en las Asambleas.

Mair se echó a reír y comenzó a cantar.- Las reglas y normas jamás cumpliré, hey hey, esta mi vida es, mi barco es mi casa, yo mando en él , hey hey  de pirata lo veis.-

Como un designio del destino, la letra vino a él cuando menos lo esperaba. Recordando la canción al completo y sacando de una de sus vitrinas una buena botella de ron, el joven se pasó toda la noche cantando y bebiendo, haciendo vida de pirata.

-Ron y canciones por doquier, y la compañía de una mujer...-


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La Reina de los Piratas III: Venganza by Lidia Rodríguez Garrocho is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.